«Cualquier aula puede ser inclusiva»

Coral Elizondo, experta en inclusión, defiende querer como sinónimo de poder y aboga por los pequeños cambios como antesala de los grandes

Elizondo incide en que un maestro debe potenciar las fortalezas de cada uno de sus alumnos.
Elizondo incide en que un maestro debe potenciar las fortalezas de cada uno de sus alumnos.

Coral Elizondo (Zaragoza, 1965) es una referencia nacional en educación inclusiva, de la que tiene gran experiencia: maestra de música, PT y últimamente también orientadora, es psicóloga y en su carrera ha trabajado cinco años como directora de un CEIP, y otros cinco años ha estado al frente del Carei (el centro de recursos del profesorado, al estilo CAFI, de Aragón), además de ser profesora de universidad. Esto días estuvo en Galicia invitada por los CFR-CAFI y la Fundación María José Jove para formar en inclusión a los maestros gallegos -«las salas estaban llenas y los profesores, atentísimos», destacaba-.

-¿Pero se puede hacer inclusión con la falta de recursos actual?

-Sí, cualquier aula puede ser inclusiva. Hay acciones que un maestro puede hacer, otras necesitan el liderazgo del equipo educativo y más tiempo, por ejemplo para formarse, pero siempre se puede mejorar.

-Yo estoy sola con 25 alumnos de 4.º de primaria. Deme un receta para incluirlos a todos.

-A veces me lanzan SOS los docentes: ¿Qué puedo hacer? Yo tengo muchos trucos, cosas sencillas que se puede hacer y todo pasa por cambiar la mirada. En ese caso de 25 alumnos, puedes hacer una lectura y que primero lea este y luego aquella. Pero también puedes hacer tres niveles de dificultad de la misma historia y sentar a los alumnos por parejas: uno le tiene que leer al otro estudiante, y este, mientras escucha, tiene que estar pendiente de un par de cosas, que haga la pausa en las comas, que entone en la interrogación... cosas claras y sencillas. Y después, al revés. Así consigues que todos se sientan integrados y que todos avancen, ellos se autoevalúan y evalúan mutuamente. Nadie puede decir que eso no lo puede hacer en clase.

-Propone diferentes niveles de lectura. ¿Eso es bueno?

-Hay lo que se llaman libros de lectura fácil, que permiten que todos los alumnos lean el mismo libro y eso es muy importante. Porque después puedes hacer una puesta en común en la que los estudiantes opinen y argumenten, pero para eso tienen que entenderlo. Si uno no lo entiende o como va más lento le das un libro de tercero, no puede opinar y se siente aislado e inferior.

«Hay que destacar las fortalezas de los alumnos. Eso democratiza el éxito»

-Así empieza un profesor, pero ¿y un colegio?

-Es fundamental el liderazgo del equipo educativo, y que tenga claros los objetivos: este año hacemos esto, el que viene lo otro... Tenemos que aprovechar los recursos a nuestra disposición. Y pongo el ejemplo de lo que hacíamos en el colegio donde yo estaba. Primero, un año movilizamos a toda la comunidad educativa para diseñar un plan educativo de centro (PEC) que fuese realmente útil y claro, que responda a qué colegio queremos tener, pensado para todos los alumnos. Ese curso hicimos formación, porque eso es fundamental, y al año siguiente entró en vigor. El PEC, que suele ser un documento sin valor real, era mi escudo, el ideario del centro, que además está consensuado por toda la comunidad educativa, y si viene un profesor y me dice «yo no hago esto», pues le contesto «haberte pedido susto» [risas]. El maestro ya sabe a qué colegio viene y lo único que le queda es pedir, y obtener, formación, o directamente se avisa a Inspección. A los cuatro años presenté mi trabajo al Consejo Escolar para que lo evaluase.

«Solo tengo un PT 5 horas a la semana. Pues ese PT está a mi lado ayudando a toda la clase»

-¿Cómo era su día a día?

-Cambiamos la mirada. Por ejemplo, todas las lecturas tienen tres niveles de dificultad. A veces los alumnos trabajan en grupos colaborativos (cada uno tiene un rol) o en equipo, otras veces por parejas, otras de forma individual. Usamos el portfolio de talentos de Renzulli [base del sistema gallego Piteas] para destacar las fortalezas de los alumnos, que democratiza el éxito. Y aprovechamos los recursos al máximo: si tengo un PT [profesor de pedagogía terapéutica] cinco horas a la semana, esa persona, que sabe cómo integrar a los alumnos con necesidades especiales, no saca al niño de clase, sino que atiende conmigo a toda la clase. Otras veces la colaboración llega por los profesores que están haciendo prácticas o incluso a veces sentamos a los niños en grupos de cuatro y en cada grupo hay un adulto, que puede ser por ejemplo, que puede ser el padre o a la madre de un alumno. Los maestros con horas libres refuerzan las clases y así vamos ampliando el horario. Es la docencia compartida, que tiene como objetivo atender a todos los niños, porque todos necesita ayuda o apoyo en algún momento.

-Es un enfoque posibilista. Hacen lo que pueden con lo que tienen.

-Un país debe garantizar no solo el derecho a la educación sino en la educación, es decir, que esta sea de calidad. Es un proceso que, como vemos, está lejos de terminar. Por eso hoy por hoy la plena inclusión no es viable, aunque sin duda ese sería el objetivo.

«Hay colegios con aulas de educación espacial que solo sirven para ''esconder'' a los niños»

-¿Es partidaria de que todavía haya colegios de educación especial o prefiere aulas de educación especial en centros ordinarios?

-Creo que la inclusión tiene que ser total, pero para eso debe haber recursos suficientes. Sino es así, mejor que haya centros especiales o aulas en los ordinarios. Pero vigilando su funcionamiento, porque conozco casos de colegios con aulas de educación espacial que solo sirven para «esconder» a los niños. No se trata de eso, sino de que el niño siempre esté con sus iguales, con sus compañeros, y a veces, cuando tiene que hacer, no sé, ejercicios con el logopeda, pueda salir. Pero es en la clase ordinaria donde tienen que estar todos los niños.

 «El plan educativo de centro es mi escudo, el ideario del que nadie puede salirse»

-Curiosamente, aunque su filosofía sirve para aplicar hoy mismo en una clase, en el fondo exige una revisión de todo el sistema.

-La educación inclusiva es transformadora, y no solo transforma al niño sino también al sistema; si yo hago siempre lo mismo no transformo nada. Tenemos que cambiar las bases de la enseñanza, repensar todo para que todos los alumnos tengan cabida. Y eso implica redefinir la figura del PT, porque ya de entrada el nombre, pedagogía terapéutica, está asociado a algo clínico, no educativo. El planteamiento es más amplio, que este profesional no esté centrado en las dificultades sino que abramos el abanico porque necesidades las tenemos todos. También hay que mejorar la formación permanente y que en clase se trabaje en tres niveles: funciones ejecutivas, atención y memoria. Y por supuesto abogo por una concepción humanística de la profesión, donde no solo haya un enfoque cognitivo, sino también emocional y ético.

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