«En Portugal un profesor de Física no puede dar Matemáticas en secundaria»

Cuatro profesores analizan las fortalezas del sistema educativo portugués

Xabier Rodó (primero por la izquierda) con otros profesores españoles del programa Piale en Oporto
Xabier Rodó (primero por la izquierda) con otros profesores españoles del programa Piale en Oporto

Ana Isabel Pereira y Óscar Iglesias son un matrimonio de profesores de secundaria; ella, de Física y Química y él, de Música; ella, portuguesa de Guarda y él, gallego de A Coruña. Entre ambos conocen muy bien los sistemas educativos de sus países y en la comparación, España sale perdiendo en algunas cosas. Las más llamativas son: la relación con las familias, la dotación de recursos complementarios, la evaluación de los procesos y la exigencia hacia los docentes.

De esto último da cuenta Ana Pereira: «Soy profesora de Física y Química en secundaria [de 15 a 18 años] y no puedo dar Matemáticas, solo si es a niños menores de 12 años». Pero no es lo habitual, y de hecho ahora está en un programa del ministerio y da ciencias experimentales de forma lúdica a niños de 6 a 10 años en una población lusa cercana a Salamanca. Óscar Iglesias, en cambio, ha dado Valores Éticos en secundaria. «No lo puedo entender», dice Pereira.

«La nota de un alumno no es del profesor, sino del claustro»

No es la única diferencia. Ella, como la práctica totalidad de los docentes portugueses, se somete a evaluaciones periódicas para ascender, y en estas, además de entregar certificados y trabajos, tiene a un profesor en clase analizando su didáctica durante un tiempo y sus alumnos deben contestar a una encuesta sobre su papel como maestra; además, si su clase saca una nota muy baja en las evaluaciones nacionales (en 3.º de ESO y 2.º de bachillerato) se analiza qué ha pasado. «La nota de un alumno no es del profesor, sino del claustro», detalla, y recuerda un caso excepcional pero real: «Un alumno con 15 en todas las materias [en secundaria las notas son de 0 a 20] tenía un 5 en una, y nosotros veíamos que el profesor estaba mal. Todos votamos y le subimos la nota».

«Os rapaces de 3.º  teñen 26 obxectivos curriculares, mentres eu teño 130 en Lingua Galega para a mesma clase»

Las clases son magistrales, muchas de 90 minutos y con ratios parecidas a las gallegas, de 28 o 30 alumnos en los cursos altos. Según explica Serxio Iglesias -profesor de Portugués en el IES Fernando Blanco de Cee que disfrutó de una estancia Piale (mejora de idiomas) en Lisboa-, empiezan siempre con un «sumario», un resumen de la clase anterior de diez minutos, para continuar con la lección después. Serxio Iglesias fue a clase de Lengua y reconoce que era una materia dura, aunque «os rapaces de 3.º de ESO, por exemplo, teñen 26 obxectivos curriculares mentres eu teño 130 en Lingua Galega para a mesma clase».

 

Serxio Iglesias, docente de Lingua en Cee que tuvo  una beca Piale en Lisboa
Serxio Iglesias, docente de Lingua en Cee que tuvo una beca Piale en Lisboa

La exigencia y el nivel lingüístico también lo constató Xabier Rodó, profesor de Lingua en el IES María Casares de Oleiros y con una estancia en Oporto por una beca Piale: «Os rapaces de 1.º de ESO dominaban a gramática mellor ca algúns dos nosos en 4.º. Saiu a falar unha rapaza de doce anos das oración subordinadas, que quedei pasmado».

Refuerzo flexible

Desde los 9 años, los niños tienen clases de refuerzo si algo va mal. «Al final de curso -explica Ana Pereira- los profesores analizamos cuántos niños habrá en refuerzo en Lengua y Matemáticas y se piden los profesores que sean necesarios para atenderlos». Hay que tener en cuenta que los docentes de secundaria dan unas 24 horas de clase y están entre 27 y 30 en el centro, hasta las cinco o seis de la tarde. Son ellos los que dan las clases extras «e se os teus nenos non melloran, estás fóra -dice Rodó- non podes dar máis esas clases».

Óscar Iglesias y su mujer, la portuguesa Ana Isabel Pereira, ambos profesores de secundaria.
Óscar Iglesias y su mujer, la portuguesa Ana Isabel Pereira, ambos profesores de secundaria.

Los gallegos también se sorprenden de lo protocolizado que está todo: «Eu estaba nun agrupamento grande -explica Rodó- que ten unha directora, unha vicedirectora, 3 adxuntos, 2 asesores destes e varios coordinadores. Son para a biblioteca [contratado por el ministerio, no docente del centro], proxectos, disciplina, equipo pedagóxico, avaliación interna e titorías». Estas, reconocen los preguntados, son muy importantes en Portugal. Como cualquier cosa que pasa en el centro tiene una persona que se encarga, se facilita la labor del resto.

«En todas las clases de infantil hay un cuidador»

Ese apoyo al margen de la docencia es también un punto a favor de la educación portuguesa. «En todas las clases de infantil hay un cuidador -dice Óscar Iglesias- y si a tu hijo de tres años se le escapa el pis, lo cambia sin problemas. No tienes que ir al colegio tú». Él lo sabe bien como padre de tres niños de 1, 3 y 5 años. Ese apoyo extra [conserjes, auxiliares...] también le parece significativo a Serxio Iglesias, quien valora de Portugal la estabilidad legislativa -«teñen un modelo e non o cambian»- y que los malos resultados de un centro siempre conllevan medidas para mejorar. Hay, explica Xabier Rodó, una gran flexibilidad en la gestión, y «a avaliación del proceso educativo é maior que a nosa, hai un maior dinamismo adoptando medidas reparadoras».

«Saquen as cadernetas», mano de santo

«Nosotros queremos que la familia venga a la escuela, también en secundaria». Lo dice Ana Pereira, quien señala que «los padres tienen que firmar los exámenes» y hay un cuaderno (la «caderneta», obligatoria hasta los 18 años) que se pasan profesores y familia con las incidencias del niño. «Funciona muy bien -afirma la profesora- y si hay mucho ruido en clase y les digo ‘‘saquen la caderneta’’ todos se callan». En la «caderneta» se le explica al niño que para sus profesores y familia es muy importante registrar cualquier suceso «para que tengan éxito en la escuela».

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