¿Tú haces exámenes? No, yo charlo

En Estados Unidos crece la conversación casual entre profesores y alumnos como método de evaluación. La clave, dicen sus defensores, es preparar muy bien la charla


Adiós al quedarse en blanco en un examen. Profesores en Estados Unidos defienden otro tipo de evaluación, una charla distendida con el estudiante que permita saber hasta dónde llega su conocimiento sin someterlo a la presión de una prueba estandarizada. Se trata de elegir un momento para la charla, preguntar y esperar a que conteste, plantearle dudas y permitirle rectificar o explicar sus decisiones.

La clave para que este tipo de evaluación sea realmente útil es, dicen quienes la defienden, que la charla esté minuciosamente planificada. Se puede empezar con alguna cosa general tipo «Dime qué estás aprendiendo?» o «Cuéntame algo de X cosa», pero después hay que ir ajustando las preguntas a las respuestas esperadas. La propuesta de los profesores supone revisar los objetivos de aprendizaje de la unidad y secuenciar las preguntas por niveles de dificultad. Es importante, explican, saber qué quieres evaluar. Para reforzar las conclusiones del estudiante, el maestro debe repetir alguna de las cosas que dice, preguntarle aquello que no acaba de entender o permitirle ampliar una respuesta si esta es demasiado simple. 

Versión exprés y más obvia

También se puede hacer una evaluación intermedia: sacar a un alumno de su grupo, sentarse con él y plantearle un examen a la medida. La evaluación sigue siendo a través de una conversación, pero está claro que el estudiante realiza una prueba. Es lo que se llama entrevistas en 60 segundos y que funciona del mismo modo que la propuesta anterior, aunque de una forma más intrusiva.

Otro de los consejos que se ofrecen para este tipo de exámenes es sobre cómo apuntar las respuestas. Andrew K. Miller, que desarrolla este sistema en la Escuela Americana de Shanghái (y que el curso que viene se traslada a la exigente Singapur), propone «documentar el progreso de los estudiantes con papel y lápiz», ya que «no distrae ni resta valor a la conversación significativa». Y apunta: se puede hacer mientras dura la charla o justo después. Los sistemas de evaluación tipo rúbricas se pueden adaptar bien a esta forma de control del aprendizaje.

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