«Hoy no voy al cole, mamá, ya fui la semana pasada y me parece muy aburrido», suelta Clara, que este año estrena cole y etapa educativa: 1.º de primaria. «¿Por qué hay que ir todos los días a clase? Si al menos fueran dos días de cole y cinco de vacaciones… aún», continúa reflexionando mientras engulle su tostada con mermelada. «Tú no te quejes, enana, que al menos a los pequeños no os ponen deberes, ¡ja!», se pica su hermano Roque, que anda un poco tenso porque su tutora de 4.º de primaria les recomendó que se repasaran bien las tablas de multiplicar durante el fin de semana porque «el lunes o el martes» les podría caer un examen sorpresa. «¡Haya paz!», intenta zanjar su madre. «Clara, cariño, al cole hay que ir todos los días, al igual que papá y yo vamos a trabajar; unos días da más pereza que otros, pero hay que hacerlo, no es una opción. Verás como cuando conozcas un poco mejor a tus compañeros vas a estar muy contenta», dice con tono tranquilizador. «Venga, Roque, que te pregunto las tablas ahora y así las llevas repasadas y frescas. Seguro que el examen te va a salir bien, porque te las sabes«», insiste en animar el cotarro y rebajar así el nerviosismo que se respira en el ambiente.

Y es que ir a clase todos los días, con las obligaciones propias de la educación primaria, exige un nivel de madurez que no siempre se corresponde con el de desarrollo real de cada niño: unos porque aún son algo inmaduros, otros porque les cuesta centrar la atención, algunos que presentan necesidades educativas especiales o los que andan tan sobrados que se aburren… lo cierto es que es injusto ofrecer y exigir lo mismo a toda la diversidad de alumnado que hay. Pero de momento es el sistema educativo que tenemos (y no se otean cambios a corto plazo).

Por lo que, para empezar, es nuestra obligación intentar facilitar la transición de infantil a primaria para que asimilen mejor los cambios, que son muchos. Por ejemplo:

  • La metodología de trabajo de primaria ya no se basa tanto en el juego y en las actividades de grupo: las tareas son más formales e individuales.
  • De repente hay muchos libros de texto y con mucha letra. Los que aún no han adquirido la lectoescritura, que no es objetivo de educación infantil, deben romper a leer en el primer trimestre o pueden verse un poco agobiados para seguir el ritmo que marcan los libros.
  • Las mesas ya no están puestas en grupos, sino en forma de U, por parejas o incluso separadas. El aula no tiene una apariencia tan divertida como la de infantil.
  • El alumno de primaria, además, empieza a llevar deberes para casa; su extensión y complejidad va aumentando según se va subiendo de curso.
  • Desaparecen las áreas de aprendizaje globalizadas y aparecen las asignaturas diferenciadas. También tienen que acostumbrarse a tener más profesores.
  • Los tiempos están más estructurados: cada 50-60 minutos toca el timbre, lo que suele coincidir con cambio de materia.
  • Las salidas al baño ya no se hacen con tanta facilidad como en infantil: como norma general solo se puede ir en los recreos. Las normas son más estrictas.
  • El trabajo sobre fichas (de colorear, de escribir, de completar…) sustituye en gran medida a las actividades más manipulativas (plastilina, ceras, recortar y pegar…) y de psicomotricidad (bailar, correr, juegos de relevos…) típicas de la anterior etapa.

En todo caso, tampoco caigamos en la sobreprotección: solo conseguiremos críos inmaduros y temerosos ante los cambios. Los niños de 6 años son perfectamente capaces de adaptarse a los retos de la nueva etapa educativa y (quizá con nuestra ayuda) de aprender, crecer y disfrutar con sus iguales. ¿Quién dijo miedo?

anatjack@edu.xunta.es

Cómo ayudar desde casa

Desde casa se puede ayudar a hacer más llevadera la transición teniendo presentes las siguientes ideas:

1 Enviar mensajes positivos sobre la nueva etapa, nunca amenazadores. En vez de decir: «Ahora que estás en primaria, ándate con ojo, que los profes son más exigentes» es preferible transmitir mensajes positivos e ilusionantes: «Qué suerte que tienes un montón de buenos profesores».

2 Ser realista con lo que supone incorporarse a las aulas de educación primaria. En vez de comentarle «Seguro que os pasáis la mañana jugando y haciendo cosas divertidas» es mejor decir algo así: «Es verdad que ahora tenéis que estar más tiempo sentados, pero también tenéis un buen recreo».

3 Admitir todo tipo de emociones negativas, de miedos o inseguridades sobre el cambio que se está viviendo, sin minimizar o rechazar sus sentimientos. Se trata de escuchar y ofrecer apoyo y seguridad.

4 Acudir a la reunión grupal de principio de curso. Esto permite recabar información y, sobre todo, transmitir al niño la idea de que hay mucho interés en su educación y coordinación entre la casa y el colegio.

5 Mantener una entrevista inicial con el tutor (mejor en el primer trimestre) para conocer de primera mano la adaptación a la nueva etapa, posibles dificultades que hayan podido surgir y pautas a seguir.

escuela de padres 

? TEMA DEL MES: La adaptación a las diferentes etapas educativas.

? ETAPA: Educación primaria.

? LA FRASE: «Un niño, un profesor, un lápiz y un libro pueden cambiar el mundo», Malala Yousafzai.

? COMPORTAMIENTOS A EVITAR: Sacarle importancia a la ansiedad que puede sentir el niño ante el cambio de aula, compañeros, profesores, normas de clase, nivel de exigencia...

? ALGUNAS CLAVES: Huir de la sobreprotección y animarlos a enfrentarse sin miedo a los retos de la nueva etapa educativa.

? PARA SABER MÁS: «El paso de infantil a primaria», publicación del pedagogo Jesús Jarque García. Se puede descargar en https://bit.ly/2PbPowc

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«¡Ya voy al cole de mayores!»