«¿Qué tienes en la cabeza para disfrutar viendo cómo alguien es tu esclavo?»

Pregunta a los que ahora son novatos: «¿Realmente vas a ser amigo de una persona que te está humillando?»


santiago / la voz

«Decían que hacían jueguecillos, que es como se llama ahora, juegos de integración. De hecho hay sitios que las llaman jornadas de integración, no se qué de integración... Eso es lo que usan, integración. Esa palabra la ponen ahí, como si fuese guay. Pero la integración y las novatadas no tienen nada que ver». Irea Vecino (Vigo, 1996) ha convertido una mala experiencia en una lección. Hace cinco años, cuando llegó a Santiago para estudiar la carrera, se topó con que en el colegio mayor en el que residía había novatadas. «No es que fuesen muy heavys. Todos los meses de septiembre, cuando empieza este tema lees cosas muy fuertes. Pero no porque haya estas cosas tan fuertes el resto de cosas no heavys dejan de estar mal».

Quizá sea solo que los residentes antiguos «te digan que les recojas la bandeja o que les ordenes el armario, o que tengas que acatar las normas de vestimenta que te pongan». Es cierto, no ha mediado violencia. Pero en el fondo «son vejaciones» Y serían aberrantes en cualquier otro contexto cotidiano. «Si me dicen hazme una reverencia cada vez que me ves, vale, no me voy a morir por hacer eso, obviamente, pero es que no tengo por qué hacerlo», explica Irea. Y en realidad, no lo hizo. Al menos no durante mucho tiempo.

«Si a lo mejor eran un mes, yo estuve una semana». Lo pasó mal, es cierto. «No les veía ningún sentido». Lo primeros meses en una ciudad nueva, en una universidad, con nuevos amigos, estaban siendo muy desagradables. «Cuando se supone que lo tienes que estar pasando bien yo lo estaba pasando mal, estaba preocupada, muy pendiente de todo... y dije: no merece la pena». Así que dejó de participar en ellas. De lo único que se arrepiente es de no haber dicho que no antes.

¿Hubo consecuencias? Sí, claro. «Tiene que haber una amenaza, porque si no la gente que lo está pasando mal se va». Así que cuando decidió que no más, la gente le hablaba menos: «Me dejaron un poco a un lado». Lo dijeron tal cual: «Pues comes sola en una mesa». Dije: «A ver cuántos vienen conmigo». Irea no estaba sola, porque un pequeño grupo de amigas decidieron también plantar cara y dejar de ser novatas. «Al final éramos dos comunidades». Y llega la paradoja: «La integración consistía en dividirnos en dos grupos, los que hacían novatadas y los que no. Eso es integración. Yo es que no veo por dónde se sostiene eso».

Ni eso ni la autoafirmación como una figura de poder de los que se denominan a sí mismos veteranos. «Una persona lleva un año más que yo residiendo en un sitio en el que ahora convivimos y solo esa diferencia se ha autoimpuesto un poder, ha empezado una jerarquía y me ha convertido a mí en su esclava, en su vasallo, su marioneta». Es algo que no entiende. «Yo nunca entendí cómo la gente disfruta. Me preguntaba: ¿qué tienes en la cabeza para disfrutar viendo cómo una persona es tu esclava? Sinceramente, no le encuentro explicación, ni siquiera a que la gente diga a mí esto ya me lo han hecho y ahora se lo voy a hacer yo a otros».

«Al principio, cada vez que yo las veía las saludaba y ellas a mí no, me ignoraban», pero al final Irea ha acabado hablando con algunas de las compañeras que hacían novatadas en su residencia. Mientras se acaba el café, lanza una pregunta a los que ahora están pasando por lo mismo por lo que ella pasó: «¿Realmente vas a ser amigo o amiga de una persona que te está humillando o te está esclavizando? ¿Realmente te mereces ese tipo de amistad?». Y también un mensaje de esperanza. Ella es la prueba de que no hay por qué participar en las novatadas. «Que la gente sepa que no pasa nada. No se acaba el mundo».

Irea dijo que no cuando era novata y siguió en la residencia. «Al año siguiente les salió peor, porque si un año dejaron las novatadas diez personas, al siguiente las dejaron veinte. No sé cómo seguirá en los próximos años, si habrá cambiado. Desconecté totalmente. Tengo la esperanza de que sí». Sin embargo, queda trabajo por hacer. «Me sorprende muchísimo que no lo vean mal. Digo, pues soy yo la rara». Y eso, el silencio cómplice, es lo que las perpetúa.

Proponen una certificación de los centros concienciados contra estas prácticas

Cada año, la misma pregunta: ¿saben en qué colegios mayores y residencias no se realizan novatadas? Así que la asociación No Más Novatadas decidió diseñar un sistema de certificación que permita no garantizar que no se realizan estas prácticas -porque es imposible asegurarlo al cien por cien-, pero sí establecer qué centros están comprometidos con erradicar este tipo de ritos de iniciación. El sello, por el momento, es un borrador. La asociación no ha encontrado mucho predicamento entre las entidades a las que va dirigido este sistema.

Este borrador establece dos niveles de compromiso: el básico y el total, para los que hay que cumplir una serie de requisitos que requieren tanto de una verificación documental como de otra en el propio colegio mayor. Además, el sello tendría que ser solicitado cada curso -en el caso de que sea una renovación y no haya habido cambios, bastaría con una verificación documental-.

¿Cuáles son los requisitos? El sello básico contempla la adhesión al manifiesto contra novatadas, la existencia de un reglamento interno y un compromiso de la dirección de la entidad contra las novatadas, así como la existencia de un protocolo de actuación y de un sistema interno de denuncia de novatadas y la planificación de acciones de integración entre los colegiales antiguos y los de primer año.

El nivel avanzado establece además la puesta en marcha de un sistema de denuncia anónimo, la realización de encuestas anónimas sobre novatadas, la creación de un defensor de colegiales de primer año y la formación del personal del centro sobre las novatadas y las pautas de actuación para erradicarlas.

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