Manuel Baelo: «El tribunal académico es el primer enfrentamiento con el mundo real»

Una guía da las claves para defender una tesis doctoral o afrontar una oposición y triunfar

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santiago / la voz

Un tribunal académico es solo un grupo de personas que evalúan. Ni más ni menos. Son humanos y van a entender los nervios de quien defiende su trabajo de fin de grado, su máster y hasta su programación didáctica en las oposiciones. Manuel Baelo, profesor en la Universidad de Nebrija, ha publicado El arte de presentar trabajos académicos ante un tribunal, una guía sencilla y amena que ofrece trucos y consejos para triunfar en ese trance, presente en 125 bibliotecas universitarias y que ya va por su segunda edición. 

-En menos de cien páginas se resume cómo defender un trabajo y no morir en el intento.

-Sí. Es un manual que está hecho por un docente desde la perspectiva de un alumno, es decir, lo que un profesor cree que un alumno necesita. Lo explica de un manera sencilla, amena, huyendo de la pedantería intelectual y académica y centrándonos en lo que el alumno va a necesitar desde el momento en el que entrega el trabajo de fin de grado, o de máster, o la tesis o una programación hasta que la defiende ante un tribunal.

-¿Cuál es el error más habitual que se comete a la hora de enfrentarse a un tribunal?

-No haber ensayado. Pueden tener un dominio muy importante del trabajo, que se ve en los conocimientos y en que es un buen trabajo, pero que luego se desmerece por una deficiente preparación. Se trata de ensayar, ensayar, ensayar, de que haya un dominio contrastado del tema. Que el alumno sepa defenderlo y expresarse en público, porque es una de las nuevas competencias que exige el Espacio Europeo de Educación Superior.

-Pero esa competencia no solo sirve para defender un trabajo.

-Se la va a encontrar a la hora de ir a una entrevista de trabajo o de hacer una venta o al presentarse a unas oposiciones. El tribunal puede presuponer que lo sabe por los conocimientos teóricos, pero tiene que saber expresarlo y mostrar entusiasmo.

-Es una competencia que exige el Espacio Europeo de Educación Superior y, sin embargo, a los estudiantes no los forman.

-Creo que hay un déficit. Los formamos en competencias meramente académicas, de conocimientos, pero hay que ir más allá. Uno de los déficits que he visto en los alumnos que he tutorizado es que desconocen cómo actuar ante un tribunal, cómo es el acto de la defensa.

-¿Cómo es?

-No es solo hablar en público, es que hay un protocolo del alumno ante el tribunal académico: el tratamiento de usted, el uso del plural de autoría, cómo hay que ir vestido, porque no puedes ir con chanclas a la defensa ante un tribunal, y saber aceptar las críticas y encajar lo que puedan comentar sobre tu trabajo. Eso se nota. Por ejemplo, cuando le dices algo a un estudiante que no le gusta, gestualmente y visualmente notamos que está contrariado. Durante media hora nosotros vamos a valorar y a mirar más allá de lo que él expone académicamente, de los contenidos.

-Cubre la deficiencia de formación en algo que necesitan para el resto de su vida.

-En este momento, con los planes de estudio, el tribunal va a ser el primer enfrentamiento con el mundo real. La gente se pone nerviosa, pero habiendo trabajado y estudiado no hay nada que temer. Además, el tribunal va a entender que estemos nerviosos, porque todos los miembros han pasado por eso. Muchos son doctores y han pasado por una defensa.

-Si el truco es ensayar, ¿la gente va sin prepararlo?

-Muchas veces el problema deriva del propio cronograma del plan de estudios. Hay universidades que dejan más tiempo y otras en las que es más corto. Y hablando de los alumnos de grado, a veces exigimos pensando que son pequeños doctores. La defensa del trabajo de fin grado ahora es obligatoria, incluso con críticas por parte de la Academia, y no sé si tiene tanta eficacia la exigencia de este trabajo en las enseñanzas de grado.

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