El éxito está en confiar en el alumno

Valorar a cada niño, atraer a las familias y un aprendizaje realista aumentó la permanencia en el IES de Monte Porreiro

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pontevedra / la voz

¿Qué hace un grupo de profesores que es enviado a un colegio alejado del centro urbano, en un entorno obrero y multiétnico, donde estudiar no entra en los planes de los jóvenes? Primero, «pór en valor á educación» y, segundo, «confiar nos alumnos». Parece una receta sencilla, pero Luisa Márquez, coordinadora autonómica de las escuelas de la Unesco y profesora y directora jubilada del IES Luís Seoane (Monte Porreiro) de Pontevedra, sabe que no lo es. Esta historia de Márquez y otros docentes no es nueva, ocurrió en los años ochenta, pero han sido capaces de mantenerla a pesar de los años y las diferentes direcciones. Cuando el año pasado el centro recibió el premio Cidade de Pontevedra, el alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores, dijo de este instituto que «é o faro que ilumina Monte Porreiro». Y para Carlos García, el director del Luís Seoane, es el mejor piropo que le pueden echar.

Lo cierto es que el instituto se encuentra en el corazón del barrio y su propia estructura es acogedora. El recibidor, muy amplio, tiene bancos y mesas, sillas, espacios para charlar. Hay restos de una exposición anterior y la biblioteca está abierta de par en par, con grandes ventanales que dan al luminoso recibidor. A la biblioteca no van solo los alumnos, sino también las familias a buscar libros que les interesan. E incluso son padres y madres los que atienden el servicio de lunes a jueves de 16 a 18.30 horas.

Espacio de encuentro

El vestíbulo «é unha aula máis», dice Márquez, e incluso va más lejos: aquí no solo hay exposiciones, sino también actuaciones. Como la de la familia de unos alumnos gitanos que hizo una demostración de cómo cantan y bailan. «Foi espectacular», dice la profesora, y sirvió para que los compañeros de estos chicos viesen que sus tradiciones eran interesantes y llenas de calidad; a los protagonistas les valió como inyección de autoestima y los acercó más al centro; y permitió a los estudiantes gitanos estar orgullosos de sus raíces.

La implicación de las familias es algo que se busca en el IES desde el primer momento. María Xosé Dorado cuenta que cuando se organizó un intercambio con un colegio de Polonia «ata no supermercado había comida polaca, para que as familias puidesen prepararlles cousas que lles gustasen». O lo que trabajaron las familias en el programa Tecidos de Paz, que consistía en tejer mantas para los refugiados y que llenaba el instituto por las tardes. Ese grado de identificación entre el centro y el barrio permite que «o IES lata ao compás do barrio», resume Luisa Márquez.

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Si la relación con las familias es esa, uno se puede imaginar el trato que hay con los jóvenes. «Aquí veñen moitos alumnos rebotados -reconoce la exdirectora- e o primeiro que din é: “Neste colexio trátanme coma unha persoa”». Los profesores se esfuerzan por conocer los nombres de todos los estudiantes nuevos, y se inculca el trato desde el respeto, también de adulto a joven.

Una de las cosas que tiene más claro este claustro de 75 profesores es que «agora os rapaces quedan máis tempo no instituto -dice Carlos García- e o interese polo estudo reflíctese nas notas. Un dos nosos contratos programa coa Xunta é de excelencia e diríxeo unha exalumna. Isto aumentou a permanencia no centro». Al contrario de lo que ocurría en los años ochenta, ahora cualquier adolescente de Monte Porreiro sabe que puede estudiar una carrera.

En el aspecto de innovación, el IES tiene aprendizaje colaborativo, aprendizaje basado en proyectos y sobre todo aprendizaje servicio. Es el caso del comité Unesco.

Escuela Unesco

El IES de Monte Porreiro lleva dos décadas asociado a la Unesco (es una de las 14 escuelas gallegas de este grupo). Este año ha ganado el premio Fomento a la Convivencia Escolar del Ministerio de Educación, y para la escuela es un orgullo el programa, por el que ya han pasado uno 500 alumnos.

Son varios los proyectos que llevan a cabo auspiciados por la Unesco. Por ejemplo, Kaoutar y Sofía, dos alumnas de primero de bachillerato, acaban de estar en Madrid participando en Unesmun: colegios de toda España se unían en grupos para representar a países de todo el mundo y defender sus posturas ante esta ONU juvenil. A las pontevedresas les tocó ser Arabia Saudí y defender sus políticas en ONU Mujeres. «Aprendimos a debater e a chegar a acordos», dice Sofía. Para ellas fue «una experiencia inolvidable», según Kaoutar.

Otros alumnos del comité Unesco preparan el Encontro Atlántico, que este año supone el proyecto del colegio y que reunirá en Pontevedra a estudiantes de Portugal y Cabo Verde. El comité del Luís Seoane está formado por alumnos de todos los cursos de ESO, que se dividen en comisiones temáticas. Pablo, por ejemplo, hablará de arte plástica y literaria en el Atlántico y ha descubierto que «é moi habitual que os artistas pasen dun lado ao outro, como Luís Seoane». Serxio se pregunta si hay una ciudadanía atlántica (a ambos lados y el norte y el sur), mientras Juliani estudia cómo impacta el cambio climático en los bosques de las riberas, y ha descubierto que «impacta igual a ambos lados». Brian se encarga de investigar sobre las religiones atlánticas: «Sorprendeume que, quitando o norte de África, o cristianismo é a maioritaria» y que «en Norteamérica todos son cristiáns, hai moi poucos musulmáns». Iria, en el capítulo de sostenibilidad, aborda cómo son los incendios forestales y en ese sentido ha descubierto que «dá igual onde mires, porque a maioría son provocados».

Como el centro impulsa el conocimiento y reconocimiento del entorno, el Atlántico es un asunto recurrente año tras año: «Intentamos que os proxectos -dice Dorado- non morran co curso». Así, en primero de bachillerato hay una asignatura de libre configuración que se llama Atlántico, y que se mantendrá.

Otros programas

Mediadores. Formación de profesores, pero también de alumnos. Aunque el centro no es en absoluto problemático, el instituto no es ajeno a los conflictos. Como su teoría es empoderar a los jóvenes, ahora están emprendiendo un programa de mediación entre iguales. Los profesores acuden a un curso a la universidad y los alumnos también reciben formación. Por el momento solo hay once mediadores jóvenes que se encargan de intervenir en los asuntos más sencillos.

Camiños de ida e volta. Conocer el lugar de origen de los alumnos. En el centro hay estudiantes de familias inmigrantes. Con el doble objetivo de integrarlos y ampliar el conocimiento del resto del alumnado, se creó en el 2004 Camiños de Ida e Volta, que se mantiene incluso ahora: el instituto se relaciona con escuelas de los países de origen de los jóvenes, y hay intercambios y trabajos en común.

Club de lectura. Los libros como fuente de diversión y conocimiento.Hay en el centro un club de lectura que en función de los diferentes proyectos que se desarrollen propone unos u otros textos. Y cuando llegan los alumnos, a todos se les enseña el funcionamiento de la biblioteca (con una yincana) y se les da el carné.

Camiño seguro á escola. «Agora sabes que non che vai saír un rapaz». En la simbiosis escuela-barrio se ha establecido el llamado Camiño Seguro á Escola: en las rutas hacia el centro a las horas clave hay padres y vecinos ayudando a organizar el tráfico. Eso permite que los niños vayan solos al colegio desde pequeños sin que las familias se tengan que preocupar por un suceso, y que los conductores también estén más tranquilos: «Agora sabes que non che vai saír un rapaz de súpeto», dice María Xosé Dorado, una profesora que viene cada día en coche. 

Erasmus Plus. Las notas no deciden quién participa. Tienen proyectos con escuelas de Alemania, Grecia, Rumanía, Azores... y los alumnos participan tras presentar un proyecto, no por las notas. Ni siquiera tener problemas en inglés es excusa: «Ti podes non saber inglés, pero ao mellor es moi bo buscando información», dice Dorado. Y siempre se mezclan edades.

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