Un equipo de la Universidad de Vigo prueba la regeneración ósea con dientes de tiburón

La técnica se aplica ya en animales y esperan poder comercializarla para humanos en un plazo de un año


vigo / la voz

Los colmillos de tiburón no solo sirven para matar, también curan. Lo han demostrado un grupo de investigadores de la Universidad de Vigo que se encuentran en la recta final de su proyecto, que busca la regeneración de huesos a partir de los dientes de los escualos. «Sabíamos que el hueso humano tiene fósforo y calcio. Buscábamos algo que tuviera esa composición y cuando analizamos el diente de tiburón vimos que tenía una composición muy parecida, e incluso más rica, a la del hueso humano», explica Pío González, miembro del equipo de la Facultad de Ingeniería Física que integran profesores, alumnos y colaboradores.

La técnica ya se emplea con éxito en clínicas veterinarias. Ahora apuran los trámites para obtener los permisos y aplicarla en pacientes humanos. «La idea es que en un año tengamos todo a punto para solicitar el marcador CE, el sello que autoriza la venta del producto para tratamientos en humanos», asegura González.

Cinco años después de iniciar la investigación, la parte puramente científica del proyecto está concluida y con resultados más que satisfactorios. «Del diente obtuvimos el biomaterial que sirve para relleno óseo, lo analizamos, hicimos cultivos celulares en el laboratorio para ver que iba bien en el cuerpo humano e hicimos también pruebas preliminares en ratas. Todo fue muy bien, donde lo ponías, el hueso se regeneraba con mucha facilidad», relata satisfecho el profesor especializado en ingeniería física.

Por ello se lanzaron a comercializar su producto. El método para extraer el biomaterial ya está patentado y también han presentado su trabajo en varios concursos a nivel autonómico y nacional. «Ahora estamos en lo que se conoce como el valle de la muerte», afirma Pío González para referirse a la difícil etapa de constitución de una empresa biomédica. Bajo el paraguas del programa Ignicia, los investigadores reciben ayuda autonómica para «encontrar financiación, fabricar los productos acorde a una normativa estricta, solicitar licencias de comercialización, autorización para ensayos en humanos... Todo eso es muy costoso en dinero y tiempo».

El modo de aplicación de este producto es tan sencillo como eficaz y tiene un filón en la odontología. «A la gente que pierde piezas dentales le queda una cavidad en el hueso de la mandíbula y no se puede poner un implante. En una operación previa, se introduce este relleno óseo, que es un granulado con la misma composición que el hueso, y tres o seis meses después el hueso se regenera y ya pueden trabajar para poner un implante», relata González una de las aplicaciones del hallazgo de su grupo.

No es la única. Los traumatólogos veterinarios ya están empleando la técnica para recuperar huesos de perros atropellados o en casos de cáncer óseo en los canes. «Cuando retiran el tejido canceroso quedan huecos importantes que se rellenan con este tipo de biomateriales», dice González.

Un millón de euros

El biomaterial que han hecho a partir del diente de tiburón es único en el mundo y nació a raíz de un concurso europeo destinado a la puesta en valor de los descartes pesqueros. La cabeza del escualo, que se destinaba a la producción de harinas de pescado, captó la atención de estos investigadores. La transformación del diente de tiburón en relleno óseo tiene un alto coste: «No tenemos un presupuesto, pero habrá un coste de constitución de la empresa, otro de montar unas instalaciones acorde a las normas y financiar los ensayos clínicos, puede llegar al millón de euros», dice uno de los profesores.

Para recuperar la inversión, los investigadores confían en la aceptación del producto, que no será un artículo de lujo -una dosis para una operación en boca ronda los 100 euros-, por parte del mercado.

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