«Los adolescentes son coches muy potentes pero con poca frenada»

Este psicólogo y terapeuta familiar especializado en menores sostiene que la relación entre padres e hijos es fundamental y definitiva para que la adolescencia sea más o menos tormentosa


a coruña / la voz

Javier Aznar (Barcelona, 1967), es un psicólogo clínico y terapeuta familiar que ha desarrollado la mayor parte de su carrera en Cataluña. Una ferrolana lo ha traído hasta A Coruña donde colabora con Meniños para ayudar a adolescentes con problemas y a sus familias. Sostiene que la relación entre padres e hijos es fundamental y definitiva para que la adolescencia sea más o menos tormentosa.

-¿A qué se dedica exactamente?

-A ayudar a activar la capacidad de cuidar de uno mismo y de los demás que las experiencias difíciles han cortocircuitado. Lo hacemos en terapia individual, de pareja y familiar. He trabajado en muchos ámbitos, desde familias con problemas psicosociales, a adolescentes en hospitalización parcial.

-Ahí parece que hay un problema de falta de recursos públicos. O al menos de eso se quejan las algunas familias con menores diagnosticados.

-Este es un tema complicado porque a veces los familiares buscan respuestas sencillas para problemas complejos. A veces, al profundizar, ves que bajo el trato agresivo de los menores hacia sus padres hay otra violencia que los padres ejercieron hacia el menor. Podemos correr el riesgo de hipersiquiatrizar dificultades de la vida cotidiana.

-Pero la enfermedad mental existe.

-Claro. Pero es una evidencia científica que aquellos menores que tienen una relación segura y bien conectada con sus padres gozan de un elevado grado de prevención contra esas enfermedades. Son menos vulnerables.

-La relación con los padres es determinante.

-Mire, cuando un bebé llora, según se le atienda así interpretará si sus cuidadores lo cuidan o no. Se puede atender al llanto con cariño y paciencia o con fastidio. El bebé lo va a percibir.

-Dicen que todo lo que necesita un hijo es tiempo y cariño.

-Sí, pero también buenas historias. Cuando un niño está cansado, él no es capaz de decírselo a sí mismo. Hace falta que sus padres le cuenten una buena historia que se lo haga entender; con afecto pero con firmeza.

-También hay padres muy implicados que tienen problemas.

-Pero es que esos padres sobreimplicados no cuentan buenas historias. Muchas veces atienden a su hijo para calmar su propia angustia. Los protagonistas son ellos, no sus hijos. El niño necesita saber que sus padres van a estar ahí para auxiliarlo, pero que les van a dejar interactuar con su entorno.

-¿Qué tipo de problemas ve con más frecuencia?

-Diría que adolescentes con dificultad para construirse un proyecto de vida. Vemos elevados grados de desmotivación y una mezcla de síntomas depresivos y de ansiedad; chavales con poca confianza en sus capacidades. Y, claro, padres desgastados y enfadados por la frustración.

-¿Qué opina de la reacción del menor que agredió a Rajoy?

-Solo puedo hipotetizar porque no conozco el caso, pero se me ocurre que tal vez este chico quiso hacerse visible para los demás de una forma llamativa e impactante, porque siente que en su vida no es muy importante y, al fin y al cabo, todos necesitamos poder contar algo de nosotros mismos. Luego está la incapacidad para poder diferenciar una fantasía de la realidad, de ver a Rajoy como una caricatura y no como a una persona que tiene sentimientos y dignidad.

-La verdad es que la adolescencia es una edad muy difícil.

-Es un proceso de poda neuronal; las autopistas del cerebro mejoran su calidad. Podríamos decir que los adolescentes son como coches muy potentes pero con poca capacidad de frenada. Una buena relación con los padres conseguirá que la adolescencia sea un período más suave.

-Aunque ellos dan más importancia a la relación con sus amigos.

-Hay una tendencia a pensar que es más importante la relación con sus iguales, pero hay estudios muy recientes que demuestran que, por ejemplo, los adolescentes que más hablan sobre el suicidio son los que tienen peor relación con sus iguales, pero quienes más lo intentan son los que tienen peores relaciones con sus padres. La adolescencia tiene mala fama, pero es esencial en la vida. Hay que darles una red segura de apoyo, pero dejarles que ensayen sus capacidades y se hagan responsables de las consecuencias.

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