Charlando sobre sistemas educativos

Discutimos mucho, pero no llegamos a concluir si los métodos de educación son los que promueven las cualidades y defectos de los pueblos o es al contrario


Científico

En las reuniones de proyectos europeos en las que estamos representados casi todos los países, aparte de trabajar mucho, siempre hay un rato a la cena para intercambiar monedas de euros para los niños -que siempre faltan las del Vaticano- y para charlar, y estos días hablamos de educación.

El caso es que discutimos mucho, pero no llegamos a concluir si es que los sistemas educativos son los que promueven las cualidades y defectos de los pueblos o es lo contrario, esto es, que se adaptan a las necesidades de los ciudadanos para que estos puedan sobrevivir en una sociedad determinada.

La reunión de hoy es en Múnich en relación con un proyecto europeo que coordino con un amigo alemán y en el que hemos contratado una empresa alemana para que lo gestione. Se encargan de la organización de la reunión con una eficacia impresionante. Me pasaron unas notas de cómo tienen organizado cada minuto del día y, como las tengo delante, las transcribo solo de 10 a 10.20:

10.00 Comprobar que el conferenciante A.?C. tiene agua

10.01 Presentación de P.?S.

10.05 Conferencia de A.?C.

10.10 Comprobar los cafés para el descanso de las 10.20.

10.13 Comprobar la temperatura de la sala.

10.15 Fin de la charla. Cuestiones.

10.16 Airear la sala.

10.18 Cerrar la ventana.

10.20 Descanso para el café.

¡Y así todo el día! La pobre Katharina, una empleada de la empresa que contratamos, tan eficiente como encantadora, se angustia por cada segundo que el programa se incumple y no puede entender que yo me angustie al ver el programa y por lo que ella sufre, porque, además de alemanes, hay científicos de toda Europa y, especialmente, un inglés que sé que le va a poner los nervios a prueba porque es un genio, pero tremendamente informal.

Ya todos con una cerveza delante hablamos de la educación en los distintos países. Me contaba un amigo alemán que en muchos colegios alemanes lo primero que hacen los lunes es planificar así todo lo que tienen que hacer en la semana. ¡Cómo no van a salir organizados! Lo divertido es cuando se mezclan experiencias. Mi amigo el inglés había estado un par de años en España, donde llevó a su hijo de 12 años al colegio. Un día fue a verlo al recreo y, mientras observaba con orgullo cómo leía un libro, a diferencia de los demás, que jugaban, se le acercó una profesora y le dijo: «¡No se preocupe, que en un mes será normal!». Él no estaba nada preocupado, pero el comentario lo desconcertó totalmente hasta que lo entendió. Efectivamente, al cabo de un mes ya no leía en el recreo y jugaba con los otros niños, y más sorprendente aún: tenía los fines de semana hasta cinco amigos durmiendo en casa, lo que es algo impensable para un inglés. No sabía que, si fuese niña, de tener sitio en su casa, podía tener hasta otras diez, que es lo que me pasó a mí.

Y es que aquí trabajamos de forma extraordinaria la sociabilidad. Esto no es para nada malo, porque aquí es vital y, además, resulta muy útil en el mundo actual, donde el networking y el trabajo en grupo son tan importantes. Para los ingleses el cultivo de las capacidades individuales es lo esencial.

Lo malo es que nosotros no cultivamos mucho otras habilidades, salvo la memoria, y esta hasta unos extremos difíciles de creer. Mi amigo el inglés decía: «¡Pero por qué tienen que saberse de memoria tantos datos! ¡Si no tuviese tantos amigos no querría ir al colegio! ¿Y para qué 'diseccionan' todas las frases, pero, en cambio, no les enseñan a disfrutar de la lectura?». Se refería al análisis morfológico y sintáctico que año tras año exigimos a nuestros niños, y que él decía con gracia que en su país lo hacían, acaso, los que trabajaban en sintaxis estructural. En su lugar, desde pequeños les enseñan a hablar en público y les estimulan la curiosidad y el hacer preguntas, capacidad que aquí logramos que se pierda sobre los doce años y que no se recupera hasta los veinticinco. Los alemanes son organizados y eficaces; los ingleses, individualistas geniales y buenos oradores, los españoles sociables y con una capacidad para memorizar el listín telefónico que no tiene nadie en el mundo.

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