Universidad, futuro y financiación


Se abre un nuevo ciclo de negociación para la financiación de las universidades gallegas. Sucede en este tiempo que hay tres elementos centrales que no se resuelven con ella: la gobernanza, los cambios previstos a grados de tres años y máster de dos, y los desajustes entre las ofertas y las demandas. Existen además en su capacidad presupuestaria dos cuestiones desiguales entre universidades: el endeudamiento, y la capacidad de captar fondos competitivos.

Si atendemos a la financiación, los recortes derivados de la crisis, comunes para las Administraciones públicas, han supuesto una reducción en España en los cinco años últimos del 15 % de los fondos universitarios aportados por las comunidades autónomas. Reducción que en Galicia alcanza solo el 10 %. Los gastos de personal de las universidades españolas disminuyeron un 8 %, debido a los recortes en salarios y reducciones de las tasas de reposición de las plazas. Por lo que se podría concluir que una gran parte de la reducción en Galicia de la financiación recibida de los presupuestos autonómicos deriva de los recortes en personal.

En contraposición, en el sistema universitario público español los ingresos por tasas y precios pagados por los alumnos se han incrementado un 21 %, lo que no ha sucedido en las universidades gallegas para los grados que se mantienen estables.

Ello contrasta con los datos de los presupuestos de las universidades gallegas de acuerdo al análisis de Elisa Álvarez en este periódico, puesto que mientras los fondos de la Xunta disminuyeron en un 10 %, la caída del conjunto de los presupuestos de las universidades gallegas alcanza el 15 %, si bien de forma desigual entre ellas.

Este diferencial de disminución entre fondos de la Xunta y presupuestos universitarios vendría tanto de la pérdida del número de alumnos en un 5 % (3.200 menos) como de la menor captación de fondos externos competitivos para investigación, equipamiento o infraestructuras.

Las previsiones presupuestarias para el año 2015 han mejorado, incrementándose en las universidades de A Coruña y Vigo, mientras que en Santiago su situación, después de cuatro años de prórrogas presupuestarias, se ha ido equilibrando, si bien con una abultada deuda financiera.

Es obvio que en estos años de crisis las universidades gallegas han sufrido recortes, pero a no dudar de un orden menor que otras universidades españolas, y que otros sectores de las Administraciones públicas. Un debate político es necesario sobre la universidad pública, dentro y fuera de las universidades, debate que debe dirigirse a tres temas centrales y por resolver: la gobernanza, la revisión del plan Bolonia con la ida a los grados de tres años y máster de dos -mayoritarios en las universidades europeas-, y los desajustes entre la oferta y la demanda, con una demografía menguante, con especial atención a la configuración de titulaciones, la multiplicación territorial y la enseñanza no presencial. Porque ahí encontraremos una gran parte del futuro de nuestra universidad.

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