Generación 3.0, los dueños del futuro

Su idioma es el Whatsapp, su vida un diario que escriben en las redes sociales. Los adolescentes gallegos se divierten, estudian y se enamoran como lo hicieron sus padres. Lo suyo no son las quedadas para meterse en peleas. ¿Algo más sobreprotegidos?


Tienen entre trece y quince años y viven en la era 3.0. Una era en la que todo es más instantáneo y la vida parece ir más rápido. La mayoría vive a diario una jornada maratoniana, que empieza antes de las ocho de la mañana y termina sobre las once de la noche, repleta de clases, actividades y un poco de tiempo libre que ocupan entre el deporte, los amigos y las consolas. A pesar de todo, la generación 3.0 no es tan diferente a la de sus padres. Dicen que los superan en conciencia social, preocupación por el medio ambiente y en una apuesta por la vida sana que la mayoría comparte. Por lo demás, todo igual: con catorce años todo el mundo se divierte, se rebela... y se enamora. Estudiar. Esa es la palabra con la que más machacan los padres de hoy a sus hijos, y si les preguntas que es lo más importante para ellos repiten, casi de forma automática: «los estudios». Aunque no todos le dedican el mismo tiempo. Sara, que estudia 4º de ESO en A Coruña, asegura que dedica después de clase varias horas a preparar las asignaturas, pero Pedro, de 2º, confiesa que solo estudia «cuando hay exámenes». Eso sí, el fin de semana la rutina para él está muy clara: lo sábados por la mañana partido, después algo de consola y por la tarde salir con los amigos. ¿Y qué hacen? «Pues pasear, por los jardines, Palexco tomar algo... Hasta las diez y media o once». Saben dónde está el botellón pero ellos, con 13 años, dicen que todavía no lo han probado. Para el resto el horario no es tan amplio. «Yo a las nueve y media tengo que estar abriendo la puerta de casa», explica Sara. En lo que todos coinciden es en que el peor castigo es que les dejen sin el móvil. «Es lo primero que miro cuando me levanto ?confiesa Claudia?». Viven enganchados al whatsapp están en línea en varios grupos a la vez, se pasan los apuntes, se consultan dudas, se enfadan, se reconcilian, quedan... y el que puede incluso liga. La mayoría utiliza el móvil de forma libre, y luego «cuando te lo quitan parece que te falta algo, te aburres ?explica Chelís, que estudia 4º? aunque yo tengo que reconocer que antes me lo llevaba a estudiar y ahora ya lo dejo, porque está claro que si no no hago nada». Su red social preferida es Instagram, donde comparten su vida en directo. «Lo contamos todo ahí ?asegura? mi padre me dice que nos exponemos demasiado». ¿Creen que su adolescencia es distinta a la de sus padres? «Sí, porque por lo que me cuenta mi padre en su época tenían que buscarse la vida, no estaban tan pendientes de ellos ni les resolvían los problemas». Natalia, de 14 años, está de acuerdo y dice que «ellos me cuentan que estaban más en la calle, tenían más libertad». Sobreprotegidos o no, es justo destacar que, además de divertirse y dedicarse a la vida social en la Red, los adolescentes también tienen tiempo para preocuparse por los demás. Sara, por ejemplo, va todos los sábados a la Cocina Económica, y Chelís los domingos visita a los mayores en un asilo de ancianos. «Un domingo da pereza madrugar ?cuenta? pero la verdad es que te reciben con una sonrisa. Merece la pena y aprendes cosas» Cuando a Sara sus amigas le preguntan por qué pierde así la mañana simplemente piensa que «es una forma de ayudar y, ya que puedo, lo voy a hacer». En una sociedad dominada por la tecnología, a muchos chavales les resulta complicado entretenerse sin una pantalla. Da igual que sean estudiantes buenos, malos o regulares. Un grupo de ocho alumnos de 3º de ESO y PDC (programa de diversificación curricular) del IES Leiras Pulpeiro de Lugo cuentan también lo que hacen habitualmente: «Los días que hace frío vamos a As Termas [centro comercial] aunque desde que cerraron la sala de juegos que había es un rollo, y si hace calor al centro, pero no hay sitios para reunirse», reflexionan. «Si me controlasen el móvil no sé que haría. En una hora no da tiempo ni de encenderlo», comenta Sara, que tiene 16 años y quiere ser fotógrafa o masajista. Otros compañeros practican deporte, como Jenni (14 años), que compite con el club de piragüismo Cidade de Lugo y aspira a ser criminóloga; o Artai y Uxío (15 y 14 años) que juegan al fútbol en los cadetes del Residencia. El primero quiere entrar en el ejército, el segundo hacer una carrera de ciencias. Mateo, de 15, y Diego, de 14, se decantan por el gimnasio y la natación, aunque esperan estudiar medicina. Algunos empiezan a frecuentar el botellón en el parque Rosalía, pese a que solo tres reconocen beber «un poquito» de alcohol. «Está de moda el vodka con coca-cola», revelan. El horario límite para volver a casa oscila entre las nueve de la noche de Uxío -«cuando es de noche», dice-, y la una de Sara. Son los años de vivir los primeros amores: platónicos o reales. «Ahora hay menos parejas que antes. Se lleva ir de flor en flor», comentan, aunque no todos piensan igual. «A mí eso no me gusta, prefiero las relaciones estables», apunta Silvia, de 16 años. Y es que el auge del Whatsapp, Facebook e Instagram también han dado un giro de 180 grados a la forma de ligar. «Es una comodidad, tengo números de gente de Murcia a la que no conozco», sonríe uno de los chavales. Un riesgo contra el que se declaran «a salvo», puesto que, como afirma Lara, de 15 años, «en casa y en el colegio» les dan «muchas charlas» para que protejan su privacidad en las redes sociales. Con todo, lo más preocupante es que los ocho, y aquí no hay excepción, ven su futuro lejos de Lugo. Y en la mayoría de los casos, de Galicia.

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