Santiago Roura: «Bolonia no ha llegado en el mejor momento presupuestario»

Comienza la vorágine. Profesores y alumnos se embarcan en la apretada agenda de exámenes que exige el plan de estudios europeo, y lo hacen convencidos de que el proceso de adaptación no ha concluido y de que este necesita más medios y más tiempo para consolidarse


La adaptación a las exigencias del plan Bolonia ha cogido con el pie cambiado a propios y extraños. Incluso sus más firmes defensores alertan sobre ciertos aspectos que dificultan su cumplimiento. Es el caso de Santiago Roura, profesor titular de Derecho Constitucional y director del departamento de Derecho Público en la Universidade da Coruña, que se define como «más partidario que detractor de Bolonia, lo que no significa que no encuentre varios problemas en este nuevo modelo».

Entre estos apunta a los nuevos calendarios y el tiempo limitado del que disponen para abarcar el temario: «Es cierto que antes, si por cualquier motivo se perdía una clase, no pasaba nada; pero ahora hay que recuperarla de alguna manera», apunta, y como solución propone un cambio de sistema docente: «Tenemos que olvidarnos de las clases tal y como se concebían antes. Los profesores somos precipitadores del conocimiento, no sus únicos propietarios. Tenemos que facilitar las herramientas a los alumnos para que sepan solucionar problemas, pero no tiene sentido que les leamos en clase algo que ya tienen en los libros o en las bases de datos de la propia universidad».

Este cambio en la metodología requiere un esfuerzo extra por parte del profesorado -«algo que supongo que va en la vocación docente», señala- y un intento por brindar una atención más personalizada al alumno. «Esta mayor interacción entre profesor y alumno sin duda tendría su coste en personal, porque en algunas facultades seguimos cubriendo totalmente el cupo de estudiantes. Pero, claro, lo que no hay son recursos. Ni se plantea un refuerzo, creo que necesario, de personal. Bolonia no ha llegado en el mejor momento presupuestario», recalca Roura.

Ese mayor seguimiento del estudiante obedece al criterio de evaluación continua propuesto por Bolonia, «una de mis luchas, algo necesario y más justo para los alumnos, aunque implique una mayor esfuerzo y coordinación por parte del equipo docente. Aunque cuando hablamos de grandes grupos tiene difícil aplicación», sostiene este profesor que, a pesar de todo, confía en el nuevo sistema.

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