«En la regeneración democrática, el fracaso del bipartito es estrepitoso»

Juancho Martínez

EDUCACIÓN

El profesor de la Universidad compostelana acaba de publicar un libro en el que vuelca veinte años de estudios sobre el estado político de la comunidad autónoma

07 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La Escola Galega de Administración Pública acaba de editar la más reciente obra del catedrático Roberto Blanco Valdés, una reflexión intensa y documentada sobre el asunto que define su título: La construcción de la Autonomía gallega, 1981-2007. Desde 1989, el profesor viene contribuyendo anualmente al Informe Comunidades Autónomas, que coordina el Instituto de Derecho Público de Barcelona, con su examen sobre el estado legislativo y político de Galicia. Son, pues, veinte años de trabajo volcados en una obra que ha de ser muy provechosa en esta circunstancia preelectoral.

-¿Han cambiado mucho las cosas en estos años?

-Han cambiado enormemente. Aquella sensación de que estábamos construyendo algo nuevo se ha ido diluyendo; ahora hay menos impulso de cambio y más preocupación por cómo resolver los problemas que surgen.

-¿Ha cambiado también la calidad de nuestros dirigentes políticos con respecto a la de los constituyentes?

-La Constitución y las autonomías cambian el país en dos grandes sentidos; por una parte se introduce la democracia y por otro lado, y no es menos importante, se construye un Estado descentralizado. Eso se hace con una dosis inmensa de generosidad política, de convicción de que para que salga adelante un gran proyecto hay que renunciar a una parte de lo que reivindica cada uno. Para conseguir esto hacen falta líderes políticos de una gran calidad; y así fue, no solo en las primeras figuras, sino en muchos secundarios.

-Pero la Constitución, ¿sigue siendo válida?

-La Constitución permite que resolvamos todos los grandes problemas del Estado: el religioso, el militar, el de la Jefatura del Estado, el de las libertades, el de la igualdad, salvo un problema, que es el problema autonómico, y no se ha resuelto por una circunstancia que yo creo que hay que reseñar: porque los partidos nacionalistas no quieren que se resuelva, porque viven de que no se resuelva. El sistema es elevar siempre el umbral de reivindicación, a pesar de que tenemos un nivel de descentralización mayor que el de muchos Estados federales.

-¿Es esa reivindicación sin techo lo que atasca la reforma de la financiación autonómica?

-Hay asuntos en los que la bilateralidad supone la muerte del sistema; en la financiación autonómica, por ejemplo. No se puede negociar un sistema para diecisiete comunidades autónomas a partir de lo que dice el Estatuto de Cataluña.

-¿Hay que reformar el Estatuto de Galicia?

-No creo que haya en Galicia problemas cuya solución dependa de la reforma del Estatuto. El problema es el ejercicio de las competencias en forma, ser claro en la imputación del gasto, acabar con prácticas clientelares como las que está denunciando La Voz estos días; mejorar, en fin, la calidad democrática.

-¿No se logró, pues, la regeneración prometida en las pasadas autonómicas?

-Las críticas que se hacían al fraguismo eran reales, y la reclamación de regeneración fue un elemento esencial en aquellas elecciones; la imparcialidad de los medios públicos, la no intervención en los privados, la reducción del personal de confianza, garantizar la libre concurrencia de las empresas... Por lo que vemos, este es el ámbito donde el fracaso del bipartito ha sido más estrepitoso.

-¿A qué se deberá esto?

-No ha habido voluntad de cambio. Porque cuando hay transparencia, imparcialidad, libre concurrencia, se pierde poder.