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Perfil | Antonio Erias Poco amigo de los elogios, el ex líder del PP vuelve a la docencia -«mi única aspiración en la Universidad»- tras patearse en cuatro años toda la ciudad y toda la provincia


a coruña

Se puede estar en política y no usar navaja ni para afeitarse. Se puede ser coruñés hasta los Cantones y haber nacido en Vigo. Ambas características confluyen en Antonio Erias Rey (1952), un animal político en peligro de extinción: amante del diálogo, socrático, a Erias no le duelen prendas a la hora de reconocer los aciertos de sus rivales políticos, algo que demostró sobradamente en su etapa en la oposición municipal (1999-2003), donde no en pocas ocasiones jaleó proyectos del gobierno socialista, cuyo líder, Vázquez, aún hoy habla maravillas de él.Erias se fue de la cosa pública (es un paréntesis) como llegó, sin estridencias. El ex líder del PP municipal es a la política lo que Valerón al fútbol: jamás montará un pollo si le rompen una pierna, porque sabe que la vida es un rompepiernas. Su respeto por el cambio llegó al punto de pedir a la federación de vecinos que se retrasara este homenaje, para no interferir en la campaña electoral. Queda ya lejos el tiempo en que este Orson Welles de la política (siempre buscando otros enfoques) visitaba con Rajoy el paseo marítimo. Fueron cuatro años que dieron para mucho. Erias empezó a andar y no paró: todos los barrios y calles, y al menos tres veces cada municipio de la provincia, en calidad de vicepresidente de la Diputación. Pero Erias no es el político que, descabalgado de la política, pierde el norte. Lector compulsivo (su piso de Adormideras es más una biblioteca), este catedrático de Economía Aplicada regresa a las aulas, su única aspiración en la Universidad, a pesar de sonar en las quinielas a rector. Y sigue, desde la base del partido, trabajando por «el compromiso con las personas» que inició en los últimos setenta en Madrid, donde compartía habitación con su compañero Pérez Barxa. Ya en aquel tiempo era el ratón de biblioteca (ahora mismo debe estar leyendo) preocupado por buscar mejoras para una ciudad que hoy sí le reconoce por la calle. Hay otro Antonio Erias: el de los fines de semana en Oza dos Ríos, rodeado de las plantas que cultiva; el Erias capaz de reconocer un buen vino a 200 metros de distancia; el sibarita gastronómico, que no glotón; y el apasionado de los viajes culturales. Pero para pasión, una, que son cuatro: su mujer y sus tres hijos.

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