El triste final de uno de los últimos pesqueros de madera hechos en Foz

Ramón González Rey FOZ / LA VOZ

ECONOMÍA

Lúa Nova
Lúa Nova CIAM

La CIAM revisó el hundimiento del Lúa Nova, registrado en Viveiro y que Astilleros Nécega botó en el 1997

19 may 2026 . Actualizado a las 14:40 h.

La Comisión Permanente de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos (CIAM) emitió este mes de mayo un informe en el que aborda las causas del hundimiento, el 12 de junio del 2024, del barco Lúa Nova, uno de los últimos pesqueros construidos en los focenses Astilleros Nécega. La embarcación, con casco de madera, se fue a pique a trece millas al norte de Santander sin que hubiese víctimas.

El Lúa Nova, de 13,5 metros de eslora y 3,67 de manga, fue dado de alta en el Régimen General de la Flota Pesquera en el 1997 con puerto base en Celeiro pero a la altura del incidente estaba censado en Santander. Zarpó de la dársena de Maliaño el 11 de junio con dos tripulantes a bordo, un patrón-mecánico y un marinero. Partió con destino a los caladeros situados al norte para dedicarse a la pesca del bonito al curricán. En la medianoche se declaró una vía de agua en la cámara de máquinas que anegó el pesquero. Al no poder contener la inundación, el patrón ordenó la evacuación y otro pesquero que navegaba por la zona, el Maycris, rescató a los náufragos. Adicionalmente se movilizaron una embarcación y un helicóptero de rescate de Sasemar. El buque se hundió pocos minutos después.

La CIAM calificó el suceso provisionalmente como accidente muy grave y se acordó la apertura de una investigación, cuyos resultados se conocen ahora. Los tripulantes achacaban la vía de agua a una explosión en la cámara de máquinas que se produjo al conectar la bomba de achique de la nevera, tras pescar 17 bonitos.

La investigación expone que los certificados estaban en vigor y la embarcación despachada hasta el 19 de junio. El buque recibió su último reconocimiento en seco en septiembre del 2022, de forma satisfactoria. «No consta ninguna deficiencia en las tracas del casco ni en la zona de la cámara de máquinas ni en ninguna otra ubicación», resalta la CIAM. Como pesquero local, el Lúa Nova no podía no obstante alejarse más de diez millas de la costa.

Del análisis del accidente se concluye que su causa fue una inundación en la cámara de máquinas, cuyo origen no pudo ser determinado. Se barajan dos hipótesis. Una de ellas, que las baterías de la cámara de máquinas generasen hidrógeno que fuera descargado al ambiente. La CIAM considera esta posibilidad más dudosa, porque el hidrógeno es más ligero que el airea y tiende a descender, por lo que no se acumularía junto a las baterías sino en el techo; porque la cámara de máquinas es un lugar ventilado; porque es improbable que una deflagración de la atmósfera explosiva genere un daño localizado en la parte inferior del espacio; y porque la conexión de una bomba de achique en la nevera no daría lugar a una chispa cerca de las baterías.

La otra opción es el cortocircuito accidental de las baterías, aunque la CIAM también ve dudoso este escenario, dado que «estaban almacenadas en cajas, lo que evita que una pieza metálica pueda caer sobre ella, tocando simultáneamente ambos bornes».

Pesquero Lúa Nova
Pesquero Lúa Nova CIAM

Astilleros Nécega fue de las más prestigiosas constructoras navales de un municipio, Foz, en el que la carpintería de ribera era un oficio bien conocido. Aunque su último taller, el ubicado en la Punta de Malates, data de los años 50 del siglo XX, su actividad se remonta al menos al 1915. En el 1920 cesó la construcción de barcos pero retomó la producción en el 1938, después de que la carestía de alimentos provocada por el golpe de Estado franquista y la posterior Guerra Civil hiciese repuntar la demanda de pescado. El astillero que creó Juan María Nécega y consolidó su hijo Juan Jesús construiría en el 1989 el Berriz Gure Naia, en aquel momento el pesquero de madera más grande: 38 metros de eslora y 7,5 de manga. Tras construir alrededor de unas 300 embarcaciones, la familia propietaria alquiló el taller y la actividad concluyó en la primera década del presente siglo.

Solo una carpintería de ribera queda hoy en A Mariña, la de Asteleiros Fra (San Cibrao), aunque sin apenas actividad tras sufrir su nave un incendio.