Aciago estreno del tope del gas. ¿Preludio de un fracaso más del Gobierno contra eléctricas?

Jorge Morales de Labra DIRECTOR DE PRÓXIMA ENERGÍA

ECONOMÍA

Cabalar | EFE

15 jun 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Tras meses de arduas negociaciones con las autoridades comunitarias, finalmente el 15 de junio del 2022 será recordado como el gran día. Aquel en el que los Gobiernos español y portugués, doblegando la voluntad de las todopoderosas empresas eléctricas, consiguieron aplicar el tope del gas, un mecanismo dirigido a recortar los beneficios extraordinarios de estas en un contexto de elevadísimos precios de la energía en todo el mundo.

El estreno, sin embargo, no ha podido ser más aciago. Del anuncio inicial de recorte del 40 % de la factura de la luz pasamos a un precio final para el consumidor doméstico un 5 % superior al del día anterior. La justificación, como siempre en el sector eléctrico, es compleja: mucha mayor exportación a Francia (cuyos consumidores, estos sí, se benefician claramente del nuevo mecanismo ibérico), mayor consumo de electricidad por la ola de calor, menor aportación eólica y solar, menor producción de energía por parte del sector industrial y, en consecuencia de todo ello, mucha mayor aportación del gas para la generación eléctrica que pasa de cubrir el 32 % de la demanda nacional el martes, 14 de junio, a nada menos que un 42 % un día después.

La pregunta es inmediata: ¿ha merecido la pena tanto esfuerzo? O, desde otro ángulo, ¿han vuelto a ganar la partida las eléctricas?

En mi opinión, el mecanismo aprobado, muy diferente al propuesto inicialmente, adolece de graves debilidades que no permiten garantizar en todos los casos un menor precio del consumidor español del que hubiera resultado de no aplicarse; pero no por ello debemos valorar su eficacia por los resultados del primer día de su aplicación.

Las principales virtudes de esta excepcionalidad ibérica son dos y, aunque resulte sorprendente, entre ellas no está la rebaja inmediata de los precios de la luz.

En una situación de enorme incertidumbre internacional en los mercados energéticos, el nuevo mecanismo actúa a modo de colchón frente a próximas subidas (muy probables) del precio del gas. Y lo hace durante un período de un año, cubriendo el próximo invierno, que se prevé enormemente tenso en el ámbito energético. De hecho, curiosamente, en el mismo día de su estreno el precio del gas de referencia en Europa para entrega en julio se ha disparado un 16 % mientras que el precio del mercado eléctrico español para el mismo mes ha contenido su subida en el 4 %. El mercado eléctrico francés no ha tenido la misma suerte, apuntándose una subida del 13 % en un solo día, prácticamente igual que el mercado alemán, que ha subido un 12 %. Igual el estreno del tope del gas no ha sido al fin y al cabo tan aciago.

Pero hay más, la principal victoria del nuevo mecanismo es —a mi juicio— que ha conseguido que la Comisión Europea reconozca formalmente por primera vez que las reglas de juego de nuestro mercado común eléctrico europeo han dejado de ser válidas y que requieren de cambios profundos que llevará tiempo consolidar. Esperemos que se aborden a la mayor brevedad y que el nuevo sistema por conformar tome buena nota de las notables deficiencias del tope ibérico del gas, esas que le han llevado a presentarse en sociedad como una enorme decepción en el primer día de su estreno.