Garamendi: «Había que sacar la política del mundo de la empresa. Cada uno, a lo suyo»

manu álvarez BILBAO / COLPISA

ECONOMÍA

Gustavo Valiente | europa press

El presidente de la CEOE dice que el mayor logro de la reforma laboral es que «empresarios y sindicatos se pongan de acuerdo»

26 dic 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El día en que fue elegido presidente de los empresarios españoles, hace apenas tres años, pidió expresamente un deseo para el momento en que tenía que subir al estrado a pronunciar su discurso: que le pusieran en el salón de actos de Ifema, a todo volumen, la canción de Bob Dylan «The Times They Are A-Changin» (Los tiempos van cambiando). Vaya que si han cambiado. Antonio Garamendi ha conducido a una de las organizaciones más conservadoras de España a un pacto, entre otros, con quienes hace apenas unos años acampaban en la Puerta del Sol exigiendo una revolución a la antigua usanza. Este empresario vasco que ha roto moldes está convencido de que en poco tiempo se podrán apreciar las virtudes de un acuerdo que —advierte— se ha cuajado sobre todo «entre empresarios y sindicatos, a dos bandas».

  

—Es relativamente fácil evaluar lo que han perdido los empresarios con el acuerdo. ¿Qué han ganado?

—No me gusta el término perder para un pacto y una negociación…

—Usted ya me entiende.

—Estabilidad, seguridad jurídica, buen clima, distensión, una imagen impecable frente a las instituciones europeas, también ante los inversores extranjeros… La esencia de la reforma laboral del 2012 se ha preservado intacta y las empresas van a mantener un margen importante de flexibilidad.

—Pero muchos empresarios lo que reclamaban era más. Más flexibilidad, mayor margen de maniobra.

—Ya, es verdad, pero hay que ver de dónde venimos. Y venimos de nueve años en donde el término que más se escuchaba era derogación. La situación en la que vivíamos tan solo aportaba inestabilidad. Además, hay empresarios que toman como referencia la legislación vigente. Yo no. Yo tomo como referencia la que se nos venía encima. Había que ver lo que proponía el Gobierno en sus primeros documentos.

—Hay quien considera que la reforma es una pura cosmética que permite a cada una de las partes salvar un trozo de sus promesas.

—Pues alguien me debería explicar lo de la cosmética porque para eso no te tiras meses negociando 14 horas al día. No es cosmética. En una ley, a veces, modificar una coma o un par de palabras de un artículo supone cambios importantes.

—Ustedes han cedido la ultractividad de los convenios. No parece una gran cesión porque tampoco se aplicaba.

—Exacto. Primero hay que decir que las empresas siempre han estado por el diálogo y no por imponer unas condiciones concretas a sus plantillas. Pero es que en este caso se había demostrado que era así. El 70 % de los convenios ya habían tumbado, de mutuo acuerdo entre empresas y trabajadores, la ultractividad. Incluso alguna sentencia del Supremo ya lo había puesto en cuestión. Creo que el acuerdo, en este punto, debe interpretarse como una apuesta renovada por el diálogo.

—Cuánto ha condicionado la Unión Europea esta negociación?

—La UE nos había indicado la necesidad de reducir la temporalidad y estamos todos de acuerdo en que había que hacerlo. Pero no es cierto que la Unión Europea nos haya impuesto una u otra cosa. Incluso le diré que a mí no me parecía tan importante que la UE condicionase la reforma laboral a liberar los fondos europeos. Me resultaba más preocupante que no hubiese un buen acuerdo porque en ese escenario nos sobraban los fondos. Las empresas habrían cancelado muchas inversiones y los fondos están condicionados a la participación del capital privado.

—¿Ha ganado Yolanda Díaz o Nadia Calviño?

—No ha ganado nadie. Bueno, ha ganado el país. Uno de los objetivos que yo me había propuesto es sacar la política del mundo de la empresa. Cada uno a lo suyo. Yo me siento con el Gobierno que han elegido los españoles. Mi obligación es mantener a CEOE alejada de la política partidaria. Está el del Ibex, pero también el del campo y el del bar de Toledo. Es una organización en la que hay, por ejemplo, 290.000 empresas de hostelería, la mayor parte de ellas muy pequeñas. ¿Puede alguien creer que entre esa gente votan todos a un mismo partido político? Seguro que no.

—¿Cuántas presiones ha recibido para hacer una cosa u otra?

—Un signo del liderazgo es la soledad… Si las he tenido, no han hecho mella en mí. Soy vasco y nuestra capacidad de resistencia es infinita. Mi hoja de ruta es actuar con independencia, con sentido de Estado, porque me debo a mi país, y también con lealtad institucional. Y no siento que defienda al empresario sino a la empresa. Y empresa es mucho más que propietarios. También están los trabajadores, los proveedores, la sociedad que la rodea…

—¿Cree que un Gobierno de signo político distinto al actual tendrá la tentación de modificar de nuevo la legislación laboral?

—Sinceramente, no lo veo tan fácil. Una legislación que nace de un acuerdo tiene unos valores muy importantes, no se puede sustituir de cualquier forma. Y en este caso, además, la esencia, la clave, lo fundamental, es que haya acuerdo entre empresas y sindicatos. Ese es un lazo muy fuerte y no sería aconsejable que un Gobierno pretenda romper eso.

«No le digo a Casado lo que tiene que hacer y él tampoco a mí»

—Ha hablado con Pablo Casado?

—Sí, por supuesto. Tras alcanzar el acuerdo he hablado con mucha gente. También con el presidente del Gobierno.

—¿Qué le ha dicho el líder de la oposición? ¿Se puede saber?

—Él ya ha declarado que el PP se va a oponer a esta reforma. Me parece legítimo y está en su derecho de hacerlo. Cada uno tiene su sitio.

—¿Qué quiere decir?

—Que no le digo a Casado lo que tiene que hacer y él tampoco me llama para decirme lo que tengo que hacer yo. Pero créame que nuestra relación personal es buena.

—No se le escapa que una de las interpretaciones de este acuerdo es que la patronal le ha dado un balón de oxígeno a Pedro Sánchez y su Gobierno.

—Le hemos dado entre todos un balón de oxígeno a España, que eso es lo realmente importante. Seguir una estrategia de cuanto peor mejor, por intereses políticos, no es bueno para las empresas y tampoco para el país.

—Ustedes no negociaron ni respaldaron de forma expresa la reforma laboral de Mariano Rajoy. No me negará que hacerlo con el Ejecutivo de PSOE-Unidas Podemos es, cuando menos, curioso.

—Ya decía Bob Dylan que los tiempos cambian. Aquel era un momento de crisis extrema y Rajoy tuvo la valentía de hacer una reforma que de otra forma nos hubiesen impuesto los hombres de negro. Recuerde que en ese momento estaba en el aire si había o no rescate. Eran otros tiempos.

—¿Cree que el paso del tiempo lo cura todo?

—Permite ver las cosas con otra perspectiva. Fíjese que en aquellos momentos mucha gente criticaba la figura del ERTE y hoy todo el mundo la abraza porque ha funcionado y ha sido útil en momentos tan difíciles como los que hemos vivido en los últimos tiempos.