Los impuestos y peajes catapultan la factura de la luz de los españoles

Cristina Porteiro
c. porteiro REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

XAIME RAMALLAL

Solo alemanes, daneses, belgas e irlandeses pagan más a final de mes

04 jun 2021 . Actualizado a las 09:41 h.

España es uno de los países europeos con la factura de la luz más cara. El quinto, para ser más exactos, según Eurostat. En el último semestre del 2020, los españoles pagaron de media 0,2298 euros por el kWh, frente a los 0,0982 euros de los búlgaros, cuyo recibo es dos veces más barato. Solo los alemanes, daneses, belgas e irlandeses pagan más a final de mes.

¿Qué hay detrás de esta brecha? ¿Por qué nuestros vecinos franceses abonan casi la mitad que nosotros? Incluso los portugueses, con precios idénticos en el mercado eléctrico, desembolsan menos a final de mes. La culpa no es solo del precio de la energía o el suministro, que también puede variar en función del peso de las renovables en el mix energético, la cotización -disparada- del CO2 y la concentración de la demanda en ciertas franjas horarias. El gran sablazo en España corre a cargo de la parte regulada (peajes, cargos e impuestos), que se come más del 50 % del recibo mensual: «Tenemos el déficit de tarifa. Estamos pagando una hipoteca de la luz que alguien firmó por nosotros. Eso es novedoso, solo lo tiene España y supone el 8 % del recibo», explica el experto en el mercado eléctrico, Jorge Morales de Labra. Y es que el resto de cargos (primas a renovables o costes extrapeninsulares, también se pagan de un modo u otro en el resto de los países). Dinamarca, Alemania e Irlanda recaudan más dinero que España a través de la factura de la luz de los hogares. Pero ninguno de los tres tiene el mercado regulado. No permiten ningún tipo de intervención pública de los precios. 

alemania

La factura más cara. El país quiso saltar demasiado rápido hacia una economía 100 % renovable. Apretó el interruptor de apagado nuclear y del carbón a la vez, en una apuesta muy arriesgada: «Promocionaron la energía solar en una etapa muy incipiente. Hace 10 o 15 años, era diez veces más cara. Hubo un consenso político que llevó a la introducción de un cargo especial de la ley de energías renovables que tiene un impacto enorme en la factura doméstica», explica Morales de Labra. Los consumidores aún están pagando esa estrategia de desconexión. Es el país con los costes de red y primas a renovables más altos de Europa. El IVA a la electricidad está fijado, sin embargo, en el 19 % (general), frente al 21 % español o el 25 % danés. La factura media de un hogar que consuma al año 2.500 kWh puede ascender a más de 751,5 euros -impuestos y cargos incluidos-, frente a los 574,5 de un hogar español. 

portugal

Mismo precio, diferente recibo. El mercado eléctrico es común. En la península ibérica, el precio de la energía suele ser el mismo para España y Portugal. Sin embargo, una familia lusa paga al año 41,25 euros menos de media. ¿Por qué? «No tiene que ver con el precio del mercado en sí, sino con cómo se construye el precio en la parte regulatoria. El tema de las tarifas y la nueva factura es un galimatías y cada país tiene una regulación particular», asegura el experto de la asesoría energética ASE, Leo Gago. 

francia

Impuestos bajos. Alemanes y españoles miran con envidia al país galo, que no solo consume energía, también la exporta, algo impensable en España. Y eso tiene que ver con su apuesta por la energía nuclear, que proporciona el 80 % del total de la demanda. Eso le permite tener un mix energético bajo en carbono. De hecho, desde el año 1990 aumentó un 21,09 % su producción de energía mientras reducía un 12,9 % las emisiones de CO2, según la Agencia Internacional de la Energía. Desde el 2007 su mercado está liberalizado y los franceses pueden recurrir a las tarifas reguladas o libres. Solo el 40 % del precio que pagan los franceses son cargos por el uso de la red. El IVA es del 20 %, aunque lo rebajan al 5,5 % para la gente mayor. Algo similar a lo que hace el Reino Unido, que aplica el general del 20 % para negocios y el 5 % para el uso doméstico. Al final, el precio del kWh (0,1958 euros), permite a los vecinos galos mantener a raya su factura: 489,5 euros. Y eso que los picos de consumo franceses son los más altos de Europa. Eso sí, las jornadas de calma chicha en Francia podrían tener los días contados porque su parque nuclear está envejecido y cada vez es más caro: «El precio en las subastas de energía eléctrica de renovables en España son menos de la mitad del coste de las nucleares francesas, así que a largo plazo utilizaríamos interconexiones, no para comprar energía a Francia, sino para venderla».

Pero, ¿cómo relajar mientras tanto la factura de la luz en España? Morales de Labra propone tres recetas que no pasan por fichar de noche: eliminar beneficios inapropiados (los beneficios caídos del cielo que ha sugerido recortar el Gobierno a las eléctricas en un 90 %), redirigir los ingresos del Estado por emisiones de CO2 hacia el recibo de la luz «en lugar de quedárselo para otras cosas» y rebajar impuestos en la factura. 

Primeros indicios de cambio de hábitos: más consumo en los tramos baratos

Pocos consumidores están aguantando hasta las dos de la madrugada para poner una lavadora o se despiertan a las cinco de la mañana para planchar y así aprovechas los precios de la luz más económicos de esa franja horaria. Pero la curva de la demanda del sistema eléctrico comienza a revelar ciertas tendencias que no se daban hasta que el pasado 1 de junio entrara en vigor la nueva estructura de costes para los usuarios.

Cuando comienzan los tramos baratos, el consumo repunta, al menos durante los primeros minutos de cada franja. Y viceversa: cuando llega un tramo caro, la demanda eléctrica desciende también durante un corto período.