España, Alemania, Francia e Italia apoyan un impuesto de sociedades mínimo global

La Voz REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

JONATHAN ERNST

Los ministros de Finanzas del G7 se reúnen para negociar las fiscalidad a los gigantes multinacionales

04 jun 2021 . Actualizado a las 17:59 h.

 «Ahora es el momento de llegar a un acuerdo», sostienen los ministros de Economía y Finanzas de España, Alemania, Francia e Italia en una carta que han hecho pública horas antes del comienzo de la cumbre del G7 (países ricos) en Londres, una cita a la que España no está invitada. En la misiva, los cuatro países abogan por instalar un nuevo sistema fiscal internacional más adecuado para el siglo XXI, incluyendo un impuesto mínimo de sociedades universal.

Esa es la propuesta que extenderán a sus contrapartes de Estados Unidos (Janet Yellen), el Reino Unido (Rishi Sunak), Japón (Taro Aso) y Canadá (Chrystia Freeland), añadiendo más presión para alcanzar una posición común antes de volver a abordar el debate en el seno de la  Organización para la Cooperación y Desarrollo (OCDE) y el G20, que esperan un acuerdo para este verano.

Los ganadores de la pandemia

Las potencias del euro justifican la necesidad de fijar un suelo al impuesto de sociedades para evitar que los gigantes multinacionales sigan eludiendo a las Haciendas nacionales. Una práctica que se ha intensificado en los últimos 12 años con la irrupción de las tecnológicas. La pandemia ha sido  «una bendición», la guinda del pastel para estas compañías, que obtuvieron ganancias nunca vistas en otros sectores de la economía. Los cuatro grandes aumentaron sus beneficios. Amazon alcanzó los 17.700 millones de euros, Facebook los 24.200, Google cerró con ganancias de 12.670 millones y Apple alcanzó los 48.300. Entre los cuatro se embolsaron casi 103.000 millones de euros, una riqueza que supera el PIB de hasta 10 países de la UE. Si sumaran sus cuentas, serían el Estado miembro décimo octavo de la Unión.

¿Dónde pagaron sus facturas? Hasta el 2020 lo hacían en Luxemburgo e Irlanda, por sus tipos ultrareducidos y porque se les permitía declarar la mayor parte de los beneficios en paraísos fiscales, como Bermudas o Islas Caimán, sus verdaderas guaridas.

Y es justamente a ellas a las que acusan de no pagar la parte que les corresponde de los impuestos en los países donde operan y generan ganancias al desarrollar su negocio de forma on-line. «La presencia física ha sido la base histórica de nuestro sistema tributario. Esta base tiene que evolucionar con nuestras economías transformándose a economías digitales. Como cualquier otra empresa, deberían pagar su parte justa para financiar el bien público, a un nivel acorde con su éxito», señalan.

Consideran «urgente» poner en marcha un sistema fiscal internacional «eficiente y justo» después de que la crisis haya exacerbado las desigualdades, por lo que advierten de que la gente no seguirá aceptando que las multinacionales puedan evitar los impuestos corporativos trasladando sus ganancias a otras jurisdicciones. «El dumping fiscal no puede ser una opción para Europa, ni tampoco para el resto del mundo», advierten al señalar que esto conduciría a una mayor disminución de los ingresos por el impuesto de sociedades, desigualdades más amplias y una incapacidad para financiar servicios públicos vitales. Una postura que choca frontalmente con la de otros socios como Luxemburgo, Irlanda o los Países Bajos, que se resisten a avanzar hacia el fin de la fiscalidad a la carta. 

También han reivindicado el papel de la OCDE: «Podemos aprovechar este trabajo. Por primera vez en décadas, tenemos la oportunidad de alcanzar un acuerdo histórico sobre un nuevo sistema tributario internacional que involucraría a todos los países del mundo», declaran.

Los ministros europeos destacan que la nueva Administración estadounidense, bajo el mandato del presidente Joe Biden, ha eliminado la amenaza de un veto sobre este nuevo sistema tributario y consideran que la propuesta de Estados Unidos de fijar una impuesto de sociedades mínimo a nivel global de al menos el 15% es un comienzo «prometedor» y supone un paso importante en la dirección de la propuesta inicialmente planteada por los cuatro países y asumida por la OCDE. Aunque se queda lejos del mínimo que hoy aplican la mayor parte de los países europeos o del 21 % inicial que había propuesto Washington.