Javier Sánchez Rey, director general de A&G Packaging: «Creceremos con una planta en Madrid y otra en San Sebastián o Navarra»

La inversión, que le dará masa crítica, se realizará en los dos próximos años


Redacción / La Voz

No mide sus palabras, pero no hay ninguna que no haya pensado. Javier Sánchez Rey (Vigo, 7 de diciembre de 1956), director general de A&G Packaging, con alma de estratega y pies en el suelo, reivindica los matices de grises, porque no todo es blanco o negro, y se acuerda de aquellas tertulias entre Santiago Carrillo y Martín Villa -dos pensadores totalmente opuestos- llenas de profundidad. «Hoy eso no existe». Piensa que el medio ambiente hay que defenderlo, y también la economía. Advierte de tener cuidado con las decisiones que se tomen porque pueden provocar mucho daño. «Debemos de cuidar el mundo -dice-, nos debemos de cuidar entre nosotros y tener una actitud colaboradora y empatía. Estar aquí [en el planeta] es un privilegio, y hay que rendirle tributo a ese privilegio».

-Usted es consultor y ahora lleva una fábrica...

- Sí, soy consultor empresarial. En un momento determinado se me contrató para encontrar solución a una empresa en crisis que estaba en Vigo. Resuelta esa situación, la empresa se quería vender. Me gustó el sector y decidí montar una sociedad para absorber esa y otras fábricas. Hoy disponemos de cuatro unidades productivas en Vigo, Alicante, Ferrol y Granada. La primera que se compró fue esta última; Vigo, en donde se origina todo, era un contrato de gestión con opción a compra que se ejecuta posteriormente.

-¿Ha dejado la consultoría?

-No, estoy en Auges (Auditoría y Gestión Empresarial), en la que participo con María José García y Carlos González. Tiene oficina en A Coruña y Madrid y es la propietaria de A&G en un 60 %; el resto del capital lo detento yo a título personal. Las unidades productivas mantienen su identidad societaria, realmente A&G es propietaria de cuatro sociedades.

-¿Cómo recuerda el 2020? ¿Fue buen año?

-Sí. Crecimos demasiado. Tuvimos problemas para acceder a materias primas, y las ventas fueron muy irregulares durante el año, en el que también vivimos un aumento de los costes de producción. Pero no podemos quejarnos.

-¿Qué pasó con los costes de producción?

-En nuestro mercado los plazos de entrega son muy cortos (siete a diez días), y con alto nivel de servicio y calidad. Cuando se produjo el confinamiento, con un desabastecimiento general de los supermercados, hubo una sobrecarga de pedidos que había que atender. Durante marzo, abril y parte de mayo trabajamos todos los fines de semana, incluida la Semana Santa. En todas las plantas. Eso aumentó drásticamente los costes. También soportamos el incremento de precios de las materias primas. Pero sí, fue un buen año.

-El peor momento fue...

-Cuando se produjo el confinamiento, hubo que reaccionar. A nivel organizativo fue complicado. Había que hacer llegar la materia prima a las cuatro plantas. Por ejemplo, la de Alicante, que normalmente fabrica para el sector textil y calzado, tuvo que hacer alimentación. Toda esta reorganización fue dura y laboriosa. Imposible de hacer si no fuera porque realmente tenemos un equipo humano que se implicó totalmente. La empresa también. Cuando había mucho miedo a la pérdida de trabajo, hubo un compromiso de no hacer ERTE ni disminución de plantilla.

-La sede social está en Culleredo, pero en Mos está la central...

-Con toda probabilidad pasaremos la sede social a Mos. Una vez que cerremos las cuentas del 2020 y pasemos auditoría, seguramente en el mes de julio hagamos una ampliación de capital y luego afrontaremos el cambio de la razón social.

-Ampliación de capital para...

-Nuestro proyecto implica hacernos con al menos dos plantas más dentro del territorio nacional.

-¿Ya las tienen miradas?

-[Aunque desliza un «estamos en negociaciones», prosigue] El plan estratégico preveía una adquisición este año. Pero el pasado compramos la planta de Ferrol, que no estaba prevista, y teniendo en cuenta de que el 2021 es un año lleno de incertidumbres, hemos decidido aplazar las compras previstas para el 2022 y 2023. Queremos incorporar una planta en el sur de Madrid y otra en el norte de España, para la salida a Europa.

-¿Hablamos de Zaragoza?

-No, principalmente de San Sebastián o Navarra. Tenemos clientes en toda España y vocación exportadora. Queremos que en cinco años al menos el 25 % de nuestra facturación (hablaríamos de 12 millones de euros) sea exportación. Vendemos en Sudamérica, Portugal, Irlanda, Bretaña francesa, Holanda, Italia y Túnez. Apostamos por la diversificación de mercados y la no concentración de clientes. El año pasado manejamos una cartera de 479 clientes. Pretendemos que al menos el 25 % por ciento de nuestra facturación estos cinco años sea exportación y una parte importante de la exportación queremos que sea Europa. Una planta más cercana a la frontera incrementará nuestra competitividad.

-¿Las comprarán?

-En principio teníamos previsto montar, pero acometimos la compra de Ferrol, una planta de nueva tecnología, digital, porque surgió la oportunidad. Esta empresa existía y estaba en una situación delicada. Pese a la pandemia, decidimos dar el paso. Creemos que hay empresas en el mercado poco viables si no se integran en una compañía de más facturación. En este sector se está produciendo mucha integración. Hay que manejar unas facturaciones entre doce y catorce millones de euros para poder mirar el futuro con cierta tranquilidad.

-Está saliendo de un momento complicado de salud. No ha parado su actividad.

-Son cosas que pasan en la vida y hay que enfrentarlas. Tenemos una asistencia sanitaria increíble y ya no lo digo desde el punto de vista técnico. Todo ha sido empático, humano y de cercanía. A veces he visto cosas en salas de espera donde algún paciente con una dolencia tonta adopta posiciones de exigencia que me parecen de lo más injusto. Esta sanidad que nosotros vivimos con normalidad realmente en el mundo no es normal. Posiblemente, en Estados Unidos me hubiera visto obligado a hipotecar mi casa o arruinado. Yo soy adicto a lo público. La enseñanza, la sanidad, la seguridad tienen que ser controlados por lo público.

-Entonces, cuando paga impuestos está encantado.

-A todos nos duele, pero sí. Si pagas impuestos es porque ganas dinero. Otro tema es que esos impuestos se gasten bien o mal.

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