José Ignacio Goirigolzarri: «Caixabank no va a subir las comisiones porque tenga más cuota de mercado»

J. M. Camarero / I. Domingo MADRID / COLPISA

ECONOMÍA

Manuel Bruque

El presidente de la entidad resultante de la fusión admite haber asimilado un cargo descafeinado con respecto al que tenía en Bankia

28 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Casi una década después de asumir las riendas de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri (Bilbao, 1954) se pone al frente de la entidad resultante de la fusión de CaixaBank y Bankia, aunque con una presidencia sin tantas funciones como las que tenía hasta ahora. Y esta vez junto a Gonzalo Gortázar como consejero delegado. El primer banco de España echa a andar con la vista puesta en el que será el mayor ajuste laboral del sector y una presencia tan relevante que en algunos territorios se verá limitada para evitar monopolios o una posición demasiado fuerte, como le ha advertido Competencia.

-¿Imaginaba este final para Bankia tras aquel rescate?

-En el 2012 hubiera sido algo exótico, pero hace dos años no me hubiera extrañado nada. Si en mayo del 2012, cuando este edificio (se refiere a las Torres KIO, en Madrid) estaba rodeado de manifestantes, me llegan a decir que tenía la oportunidad de celebrar un día como hoy y de estar en el equipo del banco más importante del país, no me lo creería. Otra situación es la de los dos o tres últimos años, cuando el consejo de Bankia reflexionaba sobre la consolidación bancaria. Ahí CaixaBank nos salía como un perfecto compañero de viaje. Era algo teórico, pero ayudó a formarnos un criterio. Cuando las cosas se precipitaron, el consejo ya estaba maduro para tomar decisiones de la fusión.

-¿Esperaba estar al frente del primer banco de España?

-Yo he tenido diversas ocupaciones. Pero por supuesto que no pensaba en esto. Cuando entré en Bankia lo hice por una voluntad de servicio y mi único objetivo era darle la vuelta a la entidad. Jamás había tenido como objetivo ser presidente del mayor banco de España. Eso está muy lejos de mi carácter.

-Su presidencia tiene menos funciones ejecutivas, ¿estará atado de pies y manos con respecto al liderazgo de Bankia?

-Lo afronto con naturalidad. Y es lo bueno para la organización. Si algo sé de fusiones es que tiene que haber una línea de mando muy clara, con un primer ejecutivo que es Gonzalo Gortázar como consejero delegado. Yo tengo funciones ejecutivas que me servirán en la labor de apoyo a los gestores y de supervisión. Y una labor del presidente del consejo de administración, que siempre tiene sus emociones. Y en situaciones como estas y en una integración, creo que la presidencia es una figura tremendamente relevante. El cambio de chip con respecto a Bankia lo tengo totalmente asumido.

-La primera gran medida del banco va a ser el ajuste laboral para una plantilla de 50.000 trabajadores. ¿En qué consisten las soluciones «creativas» de las que hablan?

-Cuando hablábamos de temas creativos, nos referimos a otro tipo de cuestiones. Hablamos de que haya gente que salga del banco, pero que a la vez quiera continuar su vida profesional en otro tipo de actividad. Para ello necesitan una capacitación de habilidades distintas a las de ahora. Y en ese mundo estamos trabajando, para saber cómo se podría estructurar eso más allá de las típicas recetas teóricas.

-Tras el cierre de sucursales, ¿cuál va a ser el modelo de oficina de Caixabank?

-Todos estamos cómodos con el modelo de distribución de CaixaBank y su estupenda segmentación. Hay algunos aspectos que se incorporarán a partir de ideas de Bankia. Pero el grueso del canal de distribución será una red muy cercana a la que tenía CaixaBank hasta ahora, aunque enriquecida con algunas experiencias de Bankia que han tenido mucho valor.

-¿Dónde estará el centro de mando, en Madrid o en Barcelona?

-Las dos sedes operativas van a funcionar. Ya veremos el peso que tengan y dependerá de cómo se configure la organización del banco. Pero vamos a tener las dos sedes. Debemos implementar el proceso de fusión y después veremos los pesos de Madrid y Barcelona. Siempre teniendo en cuenta el buen entendimiento porque CaixaBank, por ejemplo, ya tenía una parte de su administración central en Madrid.