España trata de arrancar su coche eléctrico con pugna entre comunidades

La gran fábrica de baterías va camino de diseminarse entre varios territorios como decisión salomónica


madrid / colpisa

La pandemia del coronavirus ha acelerado la necesidad de la economía española de transformar sus fábricas de coches, centradas en los diésel, en centros de producción de vehículos eléctricos. La presión de China es más latente que nunca y, si el país no aprovecha los millonarios fondos europeos que llegarán, la automoción dejará de ser uno de los sectores con mayor peso en el PIB y en el empleo.

La carrera del coche eléctrico se disputa en las diez factorías de las que el año pasado salieron 2,27 millones de automóviles, según la patronal Anfac. En torno a esos puntos giran proyectos para completar todos los eslabones del coche enchufable. Las baterías, que representan el 40 % del valor de un vehículo enchufable, son claves. Y suponen un negocio que ha hecho activarse a buena parte de las comunidades. Casi todas quieren albergar alguna empresa implicada en la cadena.

En torno a las baterías se ha abierto la caja de Pandora. El anuncio de la ministra de Industria, Reyes Maroto, sobre el consorcio (Estado, SEAT e Iberdrola, entre otros) para instalar una gran planta «en España» ha abierto la pugna territorial.

El mero anuncio de la instalación, realizado en Barcelona por Maroto, encendió todas las alarmas en el resto de autonomías con fábricas de coches en sus territorios. ¿Dónde? Habló de cerca de Martorell y se dio por descontado que sería Cataluña, pero luego ella misma matizó que ese «cerca» significaba España.

Los Gobiernos de Aragón, la Comunidad Valenciana e incluso Galicia y Castilla y León no ven claro que un megaproyecto de esa envergadura se ubique en Cataluña. Y para evitar suspicacias entre territorios, fuentes gubernamentales están estudiando la que sería una solución salomónica: en vez de instalar una gran fábrica de baterías, se analiza la posibilidad de diseminar varias plantas más pequeñas por diversas partes del territorio.

Límite de 150 kilómetros

Independientemente de la opción que se elija finalmente, existen algunas referencias clave: una fábrica de baterías debería estar en un radio no superior a 150 kilómetros de la planta donde se va a ensamblar el vehículo, según los expertos consultados. Recorrer una distancia mayor, con unos paneles que pesan toneladas, sería inviable.

Las grandes fábricas de coches se encuentran en Barcelona, Valencia, Zaragoza, Navarra, Valladolid y Palencia, Álava, Vigo, así como Madrid o Sevilla. Ubicar las baterías en otros lugares lejanos no resultaría viable.

Pero es que, además, existe otro factor que determinará ese o esos emplazamientos por los que pugnan hasta una decena de comunidades autónomas: la conexión por ferrocarril con la que cuenten. Porque transportar las baterías no es técnicamente sencillo ni mucho menos hacerlo por carretera. En este sentido, las ubicaciones con más opciones para asentar una fábrica de baterías se encuentran en lugares como Barcelona, Zaragoza, Navarra o Álava.

Las líneas ferroviarias de altas prestaciones para mercancías con las que cuentan explican esta ventaja frente a otros territorios. El hándicap de lugares estratégicos como Valencia, apuntan los expertos consultados, es que aún no está desarrollado al 100 % el Corredor del Mediterráneo, una vía férrea también de altas prestaciones que podría unir esa ciudad con Barcelona y después con la frontera francesa. El desarrollo e impulso a los diferentes proyectos de Alta Velocidad de Adif será crucial en este sentido.

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