Cocinas fantasmas y lavanderías clandestinas: los negocios ocultos en pisos florecen en Galicia por la crisis

Los administradores de fincas advierten de la proliferación de actividades que antes eran residuales


Redacción / La Voz

La crisis económica derivada de la pandemia está haciendo florecer la economía sumergida. Es lo que denuncian desde el El Colegio Oficial de Administradores de Fincas de Galicia (COAFGA), que este martes ha denunciado la proliferación en pisos particulares de actividades que antes eran residuales en nuestra comunidad. En concreto, los profesionales ponen el foco en dos negocios: las denominadas «cocinas fantasmas» (en inglés, dark kitchens) y lavanderías clandestinas.

En el primer caso, se trata de viviendas «donde se elabora y reparte comida de forma habitual y cuyos inquilinos o propietarios no cuentan con los permisos y licencias necesarios para realizar esta actividad», tal y como explica la secretaria del COAFGA, Teresa Suárez Agrasar. Desde la organización puntualizan que detrás de estas cocinas clandestinas suelen estar profesionales que han tenido que cerrar sus establecimientos a causa de la pandemia u otros particulares, generalmente inmigrantes, que cocinan recetas de sus países de origen o bocadillos en grandes cantidades y luego las distribuyen o entregan a los clientes directamente.

«Además de ser una actividad clandestina que no cuenta con los permisos oportunos, la falta de instalaciones adecuadas y seguras ponen en riesgo a las comunidades de propietarios que viven en esos edificios, sin olvidar los numerosos trastornos que ocasionan, como exceso de ruidos; trasiego excesivo de gente, olores y humos; generación de grandes cantidades de basura y atascos constantes en tuberías y desagües, provocados al tirar restos de comida por los fregaderos», advierten los administradores de fincas.

Otra actividad ilícita en auge por la crisis son las lavanderías clandestinas en viviendas. «Hemos visto casos de pisos con varias lavadoras o incluso trasteros con cinco o seis máquinas. Se conectan a la corriente de agua comunitaria y están realizando coladas todo el día», denuncia la secretaria del colegio profesional, que recuerda que estas actividades tampoco se pueden realizar sin acondicionamiento previo y sin los permisos reglamentarios.

Además de lavanderías y cocinas fantasmas, los administradores de fincas también se están encontrando con otras actividades ilegales, como el uso de garajes privados para arreglar coches que posteriormente se ponen a la venta, cultivo de marihuana y prostitución, esta última con un crecimiento exponencial.

Lentitud administrativa y miedo a represalias

«La razón de que estás actividades se sigan realizando con impunidad se debe a la lentitud administrativa y a que para denunciar se precisa del acuerdo previo de la junta de propietarios del edificio, algo que no siempre se produce», explican desde el colegio, donde destacan que es complicado probar que se está cometiendo un delito si no se pueden recabar pruebas. Además, reconocen que «el miedo a represalias del que comete la actividad delictiva también es otro factor que desanima a los vecinos a poner una denuncia».

Para no llegar a tener que recurrir a la policía o a la Justicia, un buen mecanismo disuasorio para evitar este tipo de negocios en una comunidad sería, explican, la instalación de cámaras de videovigilancia en los portales, pero en muchos casos no es posible por el elevado coste que supone. Además,en el caso de las denuncias, otro freno es que se precisa del acuerdo de la asamblea de propietarios para que sean efectivas.

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