El BCE estudia bonificar a quienes utilicen el futuro euro digital

El organismo decidirá esta primavera si sigue adelante con el proyecto

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redacción / la voz

China, Australia o Suecia son algunos de los países que ultiman los trabajos para sacar al mercado sus monedas digitales. Unos activos que se podrán adquirir para poder realizar todo tipo de transacciones sin tener que pasar por casas de cambio, cajeros automáticos o depender de empresas privadas que nos expidan tarjetas bancarias. En esta carrera hay protagonistas que ya van por delante. Y no son países. Se trata de multinacionales como Facebook que, con su Diem (antes Libra), está dispuesta a desafiar la soberanía y monopolio de los Estados sobre el control monetario. Igual que el Bitcoin. La eurozona va a la zaga.

¿Por qué se quiere introducir el euro digital?

El Banco Central Europeo (BCE) cree que es necesario acompasar la evolución de los medios de pago con el proceso de digitalización de la economía. Y, sobre todo, quiere evitar que monedas como Diem o Bitcoin arrinconen al euro. Está apurando el calendario para poner en circulación su moneda digital. En primavera decidirá si sigue adelante con el proyecto que podría culminar dentro de unos cuatro o cinco años, según admitió su presidenta, Christine Lagarde.

¿Qué ventajas ofrece?

El organismo baraja la posibilidad de pagar a los usuarios y empresas que utilicen esta moneda: «La remuneración podría ser considerada un atractivo para los usuarios, lo cual preservaría el rol del euro en los pagos minoristas en un entorno digital con monedas digitales alternativas», señala el BCE en un informe de trabajo. Claro que, esa remuneración podría ser fija o variable. Solo se pagaría en el segundo caso. En ese escenario, se fijaría un interés tomando como referencia los del conjunto de bancos centrales. Obviamente ofrecería otras ventajas en el día a día, en función de su diseño. Los pagos serían más rápidos, más seguros (respaldados), se reduciría el riesgo de robo de efectivo y de fraude con billetes falsos en las compras. También está la posibilidad de ahorrar en comisiones. Cualquier persona sin cuenta en una entidad financiera podrá acceder.

¿Reducirá la influencia de los bancos comerciales?

Dependerá del modelo por el que opte el BCE. Uno de ellos abriría la puerta a depositar el dinero digital en monederos gestionados por el propio banco central, sin intermediarios. Eso dejaría fuera de juego a los bancos comerciales. Potenciar en exceso el uso del euro digital podría precipitar «salidas repentinas de depósitos bancarios», un problema para la estabilidad financiera porque las entidades necesitan ese capital para respaldar sus operaciones de inversión y préstamo a la economía. En época de crisis, como la que sufrió Grecia en el 2015, sería muy difícil poder repetir un «corralito» para evitar la fuga de dinero líquido. Por eso el BCE cree que lo más viable es un modelo intervenido. Las entidades bancarias pondrían los medios y dispositivos para hacer de intermediarios y el BCE controlaría el volumen de euros digitales que cada persona podría poseer e intercambiar. Así evitaría burbujas, quiebras bancarias y conservaría su control sobre la moneda.

¿Desaparecerá el efectivo?

No, por ahora. Los billetes, el cobre y la moneda digital coexistirán «para evitar generar exclusiones financieras». Tampoco es que fuera legal hacerlo. El Tribunal de Justicia de la UE dictaminó el pasado 26 de enero que ningún Estado puede restringir el uso de billetes porque dejaría desamparados a los consumidores más vulnerables que no tienen acceso a medios de pago privados. A pesar de que el efectivo se utiliza en el 79 % de las operaciones de compra en la eurozona y en España es el medio preferido de pago para el 53 % de la población, va perdiendo adeptos.

¿Qué hay de la privacidad de los pagos?

Esta es una se las cuestiones más espinosas en las que los expertos deberán hilar muy fino. El 41 % de quienes respondieron a una reciente consulta pública sobre el euro digital señalaron la privacidad como la principal preocupación. Con los Tratados europeos en la mano, hay serias dudas de que se pueda garantizar: «Aunque sí es el caso de los billetes y las monedas, las regulaciones no permiten el anonimato en los pagos electrónicos», admite el BCE que, no obstante, considera más seguro hacer pagos bajo su supervisión que el de un tercero con intereses comerciales.

¿Qué efectos inesperados pueden surgir?

Es posible que algo tan común como dejar propina en un bar o restaurante pase a estar en peligro de extinción o que poco a poco desaparezcan las monedas con las que empujamos los carritos del supermercado. Acciones tan corrientes como acudir a un banco a retirar efectivo tienen los días contados. Pero también a nivel macroeconómico puede haber efectos inesperados. El BCE cree que el acceso de terceros de fuera de la eurozona a las monedas digitales aumentará los riesgos para la estabilidad financiera. Algunos inversores podrían verse tentados a sustituir la deuda soberana por el euro digital como activo seguro. Por eso los expertos sugieren poner «límites» a su circulación y variar los tipos de cambio para dificultar su adquisición -si se necesita reducir la dependencia exterior-, o para evitar que la revalorización de la moneda haga a las empresas europeas menos competitivas cuando compiten con sus rivales chinas o estadounidenses.

Diem y Bitcoin: la fiebre por el dinero de cuño privado

La confianza lo es todo. Sin ella, no hay moneda que aguante. Los principales bancos centrales del mundo (Banco Central Europeo, Reserva Federal estadounidense, Banco de Canadá, Banco de Inglaterra, Banco de Japón, el Sveriges Riksbank sueco o el Banco Nacional Suizo estudian conjuntamente las fórmulas para poder frenar los pies a la expansión del furor por el dinero de cuño privado. En China ya van por delante. El Banco Popular del país asiático permite a los ciudadanos utilizar el yuan digital en la ciudad de Shenzen, bautizada como la Silicon Valley china.

Fabio Panetta, miembro del comité ejecutivo del BCE, admitió recientemente que será necesario poner en marcha proyectos piloto en varias ciudades de la eurozona para poner a prueba el euro digital. Quieren saber qué medios de pago son más eficaces y seguros (tarjetas personales, aplicaciones en dispositivos móviles y operatividad on y off-line).

Detrás de todos estos movimientos está la amenaza de los sistemas de pago privados. Algunos usuarios ya no quieren depender de los bancos centrales, en cuya política monetaria no intervienen, para hacer intercambios en la red. Por eso están apostando por alternativas. De ahí el éxito de Bitcoin y la euforia de los especuladores y entidades bancarias por hacerse también con esta criptomoneda. El Diem también se pensó para llegar a aquellos países donde la bancarización es escasa. Hay quien no dispone de cuenta bancaria, pero sí de un móvil así que la idea de Facebook, respaldada por otras empresas, es lanzar una moneda propia que puedan utilizar desde sus terminales de forma mucho más sencilla y sin la carga burocrática y la supervisión que exigen los bancos centrales. Esto ha generado enormes críticas y en algunos países tendrá muy difícil poder operar en su forma original.

El Banco de España enfría la euforia por el bitcoin y alerta de sus riesgos

C. P.

Considera que las criptomonedas son muy volátiles, complejas y opacas

El bitcoin sigue disparado. La criptomoneda cotiza hoy en los 46.018 dólares, después de alcanza los 48.000 ayer, tras conocerse que la empresa Tesla, comandada por el hombre más rico del mundo, Elon Musk, habría invertido 1.500 millones de dólares en una remesa virtual. Según el empresario, aceptará el bitcoin como moneda para adquirir sus productos. 

Este respaldo explícito ha renovado la fiebre por este activo sobre el que han aterrizado ya los grandes fondos de inversión y principales bancos del mundo. El furor del bitcoin parece no tener fin y no son pocos los analistas que creen que alcanzará un valor de 100.000 dólares a finales de año. 

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