Margrethe Vestager: «Existe riesgo de desperdiciar las ayudas a los negocios si estos cierran por insolvencia»

La comisaria de Competencia y vicepresidenta de la Comisión cree se acelerará un proceso de globalización más regional


redacción / la voz

Hablar de Google en Bruselas es hablar de Margrethe Vestager (Dinamarca, 1968). Desde los cuarteles de la Comisión lleva las riendas de Competencia. Lo hace con la admiración de muchos y la suspicacia de otros. Se atreve a desafiar el poder de los gigantes tecnológicos, pero teme las consecuencias de la crisis.

-¿Cree que la respuesta desigual a la pandemia agravará las disparidades entre países y regiones de la UE?

-De hecho, es un riesgo. Por eso establecimos un marco de control para las ayudas de Estado. Para que no se dijera: ¡Venga, vamos! ¡Helicóptero de dinero! Fue precisamente para limitar la fragmentación del mercado único. Necesitamos que siga ahí cuando nos recuperemos de esta. Será uno de nuestros principales activos.

-Alemania ha aprobado muchas más ayudas públicas que países como España. Será complicado.

-Los presupuestos para estos esquemas de ayudas son enormes. Pero lo que se acaba pagando realmente no es tanto. Las diferencias entre Estados miembro no son tan grandes como podríamos pensar. Alemania concentra la mitad del presupuesto de ayudas de Estado -más de 3 billones-, pero lo que ha gastado está más o menos al mismo nivel de Francia. No obstante, ese riesgo de fragmentación existe y es uno de los motivos que nos ha llevado a plantear el plan de recuperación. Para que los países más golpeados puedan conseguir fondos suficientes para prestar apoyo económico. De lo contrario, de podría perder una década de trabajo en cohesión.

-Pero esos fondos no son para el corto plazo. Las empresas tienen problemas urgentes de solvencia y no hay dinero disponible.

-Hasta cierto punto. Con el trabajo del BCE, los Estados han tenido acceso a los mercados de capitales y se ha hecho muy buen trabajo bajo el liderazgo de Lagarde. Ha permitido a estos esquemas proveer de liquidez. Lo importante es que los Estados ratifiquen el plan para que los fondos estén disponibles. Necesitamos una recuperación fuerte. El riesgo de una recuperación lenta es que se dispare el desempleo. Mucha gente que ya ha perdido su empleo sufrirá el paro de larga duración si eso ocurre. También existe el riesgo de que el dinero que se puso en los negocios para capear el confinamiento se desperdicie si tienen que cerrar por insolvencia. Por eso estamos presionando tanto.

-Google, Amazon, Facebook, Apple...Todos tienen en común que son americanos. No tenemos «campeones europeos». ¿Por qué?

-No pusimos a disposición de los negocios europeos un verdadero mercado único. En Estados Unidos hay 350 millones de personas con solo una o dos lenguas, es un mercado accesible. Aquí, hasta hace al menos 10 años, estaba muy fragmentado. Si tienes un mercado único como el estadounidense o el chino, te expandes con más facilidad. También es cierto que en Estados Unidos hay una tradición más fuerte por el capital riesgo. Y con él, también viene la competencia y la gran escala. [...] Pero si algo tenemos en Europa son emprendedores. Es el lugar donde se registran más patentes.

-Dice que es un problema del mercado, pero ¿existe un problema de competitividad?

-Las dos cosas van de la mano. Si quieres expandir el negocio a otro país, tienes que lidiar con normas distintas. Solo las empresas más grandes tienen capacidad para hacerlo. Por eso sacamos la Ley de Servicios, para alinear las normas [...]. Ser competitivo depende de una amalgama de cosas: del mercado único, las normas, el acceso al talento, a una fiscalidad justa... Si seguimos manteniendo el foco en el mercado único y en captar capital, tenemos opciones de conseguirlo.

-¿Cuánto tiempo puede pasar hasta que tengamos gigantes digitales europeos?

-Depende de lo que consideres que son campeones. Si consideras que es (una empresa) con el capital de Google... ¿Diez o quince años para ser así de grande? Si piensas en un campeón europeo como un pionero en lo que se refiere a la tecnología, puede que no lleve tanto, porque tenemos excelentes compañías tecnológicas en Europa. También en maquinaria, en energías renovables, nuevos tipos de coches, y modelos de movilidad.

-¿Le preocupa el poder que están concentrando estas empresas (GAFA)? Están irrumpiendo en todos los sectores, desde el transporte al audiovisual, las comunicaciones e incluso las finanzas.

-Es muy importante estar vigilantes con la concentración. Una de las razones por las que tenemos estrictas normas de competencia en Europa fue que aquellos que hicieron los Tratados vieron las consecuencias negativas de los monopolios de los años 30 en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Puede afectar de forma negativa por su influencia en la democracia. En los últimos 10 o 15 años hemos asistido a una mayor concentración en Europa en la industria de las aerolíneas o la química. El equilibrio está en poder fusionarse para ser más grandes, pero preservando los incentivos para seguir siendo competitivos e innovadores. La concentración en Europa no es tan grande como hemos visto en Estados Unidos.

-Pero las empresas actúan de forma global, así que sus efectos se notan igual.

- No todos los mercados son globales. Si una compañía europea quiere comprar trenes nuevos es mucho más probable que los compre en Europa que en Brasil o China. A veces utilizamos el «los mercados son globales» como un eslogan, pero viendo cómo actúan los consumidores, no está tan claro. Puedo pedir algo a EE. UU., pero tenemos que pagar por el transporte hasta aquí, las tasas y tarifas. Lleva mucho tiempo, así que es más probable que lo compre en Europa para minimizar la pérdida de tiempo, aunque sea más caro.

-¿Cree que la pandemia traerá más fusiones y concentración?

-Lo que puede pasar es que la globalización cambie, que se amplíe. Como compañía, intentas diversificar tus líneas de suministros para tener más certidumbre. Eso llevará a más globalización. Aunque esta podría ser más regional. Mueves las cosas un poco más cerca en caso de necesidad. Es una tendencia que ya empezó antes de la pandemia y se podría afianzar.

«Sí, necesitamos un impuesto de sociedades europeo mínimo»

 

 

-Pone mucho énfasis en el control a las tecnológicas, para que compitan en pie de igualdad, pero ¿cree que la UE necesita un marco fiscal más justo?

-Estoy muy de acuerdo en esto. Sí, necesitamos un impuesto de sociedades europeo. Ahora mismo lo que vemos es una carrera a la baja. Tienes impuestos de sociedades en el 9 %, eso es muy bajo. Al mismo tiempo necesitamos más equidad entre empresas, porque ahora mismo la mayor parte de la gente trabajan muy duro en sus negocios para conseguir beneficios. Y de esos beneficios pagan impuestos. Hay competidores que no los pagan o pagan montantes muy bajos. Por eso trabajamos en la OCDE para buscar un consenso sobre la fiscalidad digital. Por otro lado, creo que es muy importante que en Europa sigamos adelante. Empresas digitales y no digitales compiten por conseguir capital, trabajadores cualificados y clientes, así que necesitamos equidad.

-Este debate viene de atrás y las cosas van en otra dirección. ¿Cuál es el principal obstáculo?

-El problema es que los Estados miembro no se ponen de acuerdo. Hemos hecho algunos progresos. En la última legislatura trabajamos sobre los tax rulings y vimos que los países solo conocían una parte del historial fiscal de las compañías en ciertos países así que se cambió la legislación. Ahora todos esos tax rulings se tienen que intercambiar entre autoridades de forma que disponen de información para asegurarse de que pagan los impuestos que deben. Las compañías deberán decir a las autoridades fiscales el número de empleados, actividades que hacen aquí o impuestos que pagan. Creo, por mi parte, que debería ser información pública. Al menos algunos pasos se han dado y esta información está ahí. La tercera cosa es que se han tapado un número de lagunas entre empresas matrices y filiales. Una de las cosas casi invisibles es el número de países que han cambiado sus legislaciones nacionales: Luxemburgo, Irlanda, Malta, Chipre, en alguna medida los Países Bajos. Ya no es tan fácil para las empresas organizarse con planes fiscales tan agresivos como los que solían preparar. Aún siendo demasiado para mi forma de pensar, al menos hay algunos progresos.

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