El etiquetado Nutriscore complica la vida a los alimentos de un solo ingrediente

El Ejecutivo salva al aceite de oliva de tener que acreditar su calidad, pero es posible que más productos demanden ese mismo trato


Madrid / Colpisa

El algoritmo detrás de Nutriscore, la etiqueta frontal que podrán llevar los alimentos en España para acreditar su calidad nutricional una vez el Gobierno dé luz verde al proyecto, ya ha dado algún quebradero de cabeza. En concreto, con el aceite de oliva. Pero podría no ser el único. Alberto Garzón, el titular del Ministerio de Consumo, aclaró esta semana que el aceite de oliva no deberá llevar ese etiquetado que lo calificaría como un alimento C en una escala que va desde la A hasta la E, dado que el algoritmo lo considera como una grasa, en los mismos términos que el aceite de colza, y no tiene en cuenta su calidad real o las recomendaciones de los nutricionistas. Garzón defendió que «en ningún caso el sector del aceite se va a ver obligado a poner una etiqueta contraria» a una evidencia «científica» como es que «el aceite es bueno para la salud, y no puede haber ninguna etiqueta que diga que es malo». Preocupa, fundamentalmente, el daño que a efectos de exportaciones puede sufrir el aceite por causa del etiquetado.

Por ahora, esa especie de semáforo es voluntario, pero hay cadenas, como Carrefour en Francia, que premian a los productos con Nutriscore a la hora de ubicarlos en sus lineales y castigan a los que no lo están. De lo que se trata es que el alimento no se vea penalizado por llevar una calificación que no esté acorde con su calidad.

Revisión del algoritmo

El objetivo de Consumo es que incorporar la etiqueta no sea obligatorio mientras el algoritmo no logre capturar la realidad del producto en cuestión, como es el caso del aceite de oliva. Además, como admiten en el departamento que dirige Garzón, el problema del aceite de oliva puede reproducirse en otros monoingredientes. Por ejemplo, en el jamón. La Interprofesional del Cerdo Ibérico (Asici) ya ha salido al paso con diversas iniciativas para que se revise la catalogación de los productos ibéricos curados en Nutriscore.

Desde la OCU manifiestan que «Nutriscore tiene sentido solo en alimentos con receta, procesados, donde hay varios ingredientes, como galletas, cereales, platos preparados, postres. No es una herramienta tan útil en alimentos sin receta, apenas procesados y de un único ingrediente, como el aceite de oliva, el azúcar, la miel, los huevos... donde todos son prácticamente iguales independientemente de la marca».

La OCU cree que excluir el aceite de Nutriscore no supondría un perjuicio: «Al tratarse de un alimento con un único ingrediente no aporta información adicional al consumidor, ya que el Nutriscore de todos los aceites de oliva sería el mismo». Aunque añade: «No hay que olvidar que al ser una grasa aporta muchas calorías por gramo y tampoco tendría sentido que tuviera una buenísima valoración».

El plan de Consumo era aprobar Nutriscore en el primer cuatrimestre de este 2021, aunque los trámites pueden alargarse. En todo caso, el ministro de Agricultura, Luis Planas, ha advertido de que solo dará su acuerdo «si la situación de los productos que forman parte de la dieta mediterránea aparecen justamente valorados o excluidos». En el caso del aceite de oliva, Consumo dice que ya ha hecho su trabajo.

Si Nutriscore complica la vida a los monoingredientes, tampoco la patronal del sector de la alimentación y las bebidas está muy satisfecho con la implantación del sistema. Si bien dentro de la organización, FIAB, hay empresas a favor y en contra, por lo que no hay una posición oficial y única al respecto, sí hay coincidencia en que «reducir la calidad nutricional a un color y una letra es un poco simplista», en palabras de Enrico Frabetti, que ve riesgo de estigmatización de nutrientes o de productos, cuando, dice, también hay que tener en cuenta la frecuencia o la cantidad de su consumo. Además, el sector pide un sistema armonizado en toda Europa y que sea siempre voluntario. Así se lo ha transmitido la patronal alimentaria a Bruselas. 

¿Cómo está construida la pegatina y qué efectos económicos tendrá?

Nutriscore es un sistema de etiquetado frontal que consiste en un gráfico con coloración gradual del verde al rojo en cinco niveles. Cada producto destacará el color que le corresponda en función de su contenido en azúcares, grasas saturadas, sal, calorías, fibra y proteínas. Con los colores verdes se marcarán los alimentos más saludables y con los rojos, los de menor calidad nutricional.

Desde la OCU hacen notar que la fórmula para determinar cada color por alimento ha sido desarrollada por un grupo de científicos y que su cálculo es totalmente transparente. Por ello, confían en que es una herramienta que podrá actualizarse en función de los avances avalados en ciencia.

Si bien en primera instancia -hasta que Europa decida lo contrario- se trata de un etiquetado voluntario, si una marca decide usarlo, lo tiene que poner en todos sus productos, no puede elegir dónde ponerlo y dónde no, para así evitar que solo se use cuando sale bien.

Con respecto a las potenciales consecuencias económicas del empleo de este etiquetado, Enrico Frabetti, de la patronal de la alimentación (FIAB), apunta que es difícil de prever, porque será voluntario, aunque sí considera que dada la importancia de las exportaciones del sector, tener una mala calificación no ayudará a vender fuera.

La OCU, por su parte, considera que no perjudicará a ningún sector, aunque sí anticipa que los productos con peor Nutriscore, si bien seguirán estando presentes («ningún producto va a desaparecer», afirman), lo estarán de forma más esporádica.

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