«As Pontes medrou moito con Endesa, pero foi pouco o tempo»

La villa encaja cómo será el futuro tras 50 años bajo el paraguas de la eléctrica


As pontes / La Voz

La Empresa Nacional de Electricidad (Endesa) desembarcó en As Pontes con toda la caballería industrial en 1972. Pero hacía ya tres décadas que la villa sacaba músculo minero. Aquella primera explotación de los años 40 que generaba 32 megavatios dio paso a una locomotora alimentada con lignito capaz de inyectar 1.400. La enorme chimenea de 356 metros de alto puesta en marcha en 1977 fue testigo de un florecimiento demográfico alentado por unas condiciones laborales, económicas y sociales sin parangón en la comarca. Durante varias generaciones.

La mina a cielo abierto la ocupa ahora uno de los lagos artificiales más grandes de Europa. El tránsito de la central a la descarbonización, un camino lleno de curvas para el que el último giro repentino de su propietaria -la italiana Enel- apunta a un final antes del mes de julio. Para algunos no fue una sorpresa. «Esto se veía venir, pero nos engañaron. O sí, o no. Lo que no se puede es perder el tiempo haciendo pruebas [biocombustibles] si no interesaba». Quien así habla es Lita, titular de la zapatería Zokos, en el centro de la villa. «Lo que noto es que el pueblo envejece. En 24 años, pasé de tener una tienda orientada en un 70 % a juvenil a tener que reorientar el negocio». ¿Cómo ve el futuro? «Todos nos tenemos que reinventar, porque estábamos pensando que esto iba a ser la panacea y no es así».

A pocos metros se ubica la joyería Carballeira, de Teresa y Pedro. Él se acaba de prejubilar como empleado de Endesa después toda una vida en la empresa, 41 años y medio. De los compañeros que siguen en activo y que serán reubicados en destinos de la península y Canarias, traslada una «sensación de frustración», porque «obriga a dividir ás familias ou que un dos cónxuxes pida a conta para acompañar á parella. É un drama familiar bastante serio», recalca. El anuncio de cierre no se lo esperaba: «Pensabamos que isto seguía, polo proxecto de desulfuración e todo o que supón. Falábase do 2030 ou 2035». Lejos queda la compañía pública que «repartiu moita riqueza e emprego de calidade, para o propio persoal e para as auxiliares. Agora é privada, e aquí practicamente non está quedando nada. Falan de parques eólicos ou fotovoltaicas, pero as renovables destacan pola eliminación de postos de traballo», asegura.

En el bar Trastoy 3, a la hora de los vinos, un grupo de jubilados comparte su «preocupación» ante un horizonte sin la que fue su casa: «Non me colle na cabeza, non o imaxino», dice Pablo Montero. Junto a él, Diego Ramos, también jubilado de Endesa, y Carlos Trastoy, fundador del establecimiento y expolicía local, coinciden en que «As Pontes medrou moito con Endesa, pero foi pouco o tempo e a empresa non está deixando inversións no pobo».

«Nuestro futuro no está aquí»

Juan Manuel Otero y Faustino Orosa, en otra mesa, también formaron parte de la plantilla: «En cada familia que hai nas Pontes, un traballou en Endesa». No será así para los más jóvenes. Álex, de 26 años, estudiante de Derecho, comparte café con Diego -28 años y en un ciclo superior- y con Fran, de 35 años, trabajador de la refinería de A Coruña. Sus padres o abuelos vivieron de la mina, pero «sabemos que nuestro futuro no está aquí. Nunca lo descartas, pero es difícil», auguran.

Bajo el prisma del emprendimiento, Xalo Maira, impulsor de la firma pontesa de componentes de fibra Clip Carbono, observa un problema instalado en la «falta de previsión para buscar alternativas», a lo que se suma «o xiro tan brusco que non lle deu tempo a xente a adaptarse». «Din que se pecha morre As Pontes; non creo que sexa así».

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