La factura industrial hunde Ferrolterra

Los cierres anunciados por Endesa y Siemens Gamesa acentúan una crisis que tiene a la comarca en el vagón de cola laboral de Galicia


ferrol / la voz

No le falta de nada en materia industrial -tiene instalaciones, sectores punteros y personal altamente cualificado- pero de nuevo Ferrolterra se hunde en una crisis sociolaboral que ha elevado la tensión en las dos últimas semanas. Los anunciados cierres de la central térmica de Endesa en As Pontes y de la planta de Siemens Gamesa en As Somozas aviva la incertidumbre sobre el futuro para centenares de familias que ven peligrar su modo de sustento. La cadena de despidos ya comenzó hace meses en el astillero ferrolano, que está agotando la carga de trabajo actual y no prevé arrancar el próximo encargo hasta dentro de un año.

En la ecuación de las crisis industriales, las comarcas de Ferrolterra, Eume y Ortegal siempre han salido perdiendo. La primera reconversión naval, a mediados de la década de los ochenta, marcó un punto de inflexión para una zona que no ha dejado de padecer una fuerte sangría laboral. Solo Ferrol ha perdido desde entonces casi 24.500 vecinos.

Los sucesivos planes de reestructuración de los astilleros públicos vinieron acompañados de numerosos intentos de lograr una diversificación empresarial: se pusieron en marcha distintos planes de reindustrialización, se captaron nuevos sectores -cementeras con el bum de la construcción, el biodiésel, las nuevas tecnologías- pero hasta ahora los experimentos apenas han funcionado, e incluso desaparecieron prácticamente del mapa productivo algunos de gran peso, como el eólico. De las últimas apuestas, solo el mercado de la eólica marina y ahora tímidamente la logística -impulsada por una aún tímida actividad de movimiento de contenedores en el puerto ferrolano- reportan alegrías al maltrecho entramado empresarial de la comarca.

La pandemia del coronavirus ha venido además a dar la puntilla a una situación industrial ya de por sí complicada en la zona, que está padeciendo de forma acusada los efectos de la acelerada transición energética. Entre ellos, la decisión de Endesa de cerrar la que fue una de las joya de la corona del sistema eléctrico nacional, la térmica de As Pontes. Su plantilla tiene los puestos garantizados, aunque la preocupación es máxima entre los trabajadores de subcontratas, que suman alrededor de 170 personas.

Otros 215 puestos serán destruidos con el cierre de la planta de palas de Siemens Gamesa en As Somozas, cuya actividad será deslocalizada a Portugal.

El deterioro de la situación impactará en una ciudad que tiene los peores índices laborales de las grandes urbes gallegas: la tasa de actividad, siete puntos menos que en A Coruña y 17 menos que en Lugo, y la de paro casi duplicando la de Ourense.

Políticos y agentes sociales reclaman que la zona sea prioritaria para el emplazamiento de proyectos empresariales amparados con los fondos europeos para la recuperación. Unas iniciativas que palíen la necesidad de un «rescate industrial», como demandó el alcalde ferrolano.

La paradoja de Navantia Ferrol: tiene en cartera el mayor pedido de su historia pero estará un año casi en blanco

La industria naval de la ría ferrolana experimenta una gran paradoja: tiene en cartera el mayor contrato de su historia, firmado el pasado año, pero habrá de salvar una acusada travesía del desierto y padecer más de un año de desocupación. En abril del 2019 el Ministerio de Defensa firmó con la empresa que dirige Belén Gualda un encargo para la construcción de cinco fragatas F-110 por importe de 4.325 millones de euros. Es un pedido que despeja diez años de carga de trabajo para el astillero ferrolano y que, según la compañía pública, generará ocupación durante este período de forma indirecta o auxiliar para alrededor de 7.000 trabajadores. En el marco de este programa ya se desarrollan tareas de ingeniería, pero el arranque real de la faena en los talleres no se producirá hasta el segundo trimestre del próximo año.

El problema que tiene que enfrentar actualmente es que, en torno a marzo de este mismo ejercicio se acabará por completo la obra del único pedido en curso para la construcción de barcos, el segundo buque de aprovisionamiento en combate para la Armada de Australia.

Como consecuencia del agotamiento de la carga de trabajo en la factoría, Navantia ha recortado cerca de dos mil puestos en la ría, y ya únicamente tienen empleo los que se afanan en los toques finales del barco. Los portavoces de la plantilla se han pasado los dos últimos años demandando al Gobierno central que diese luz verde a lo que se denominó buque-puente, con el que poder paliar el vacío de ocupación que se producirá entre el fin del navío para las antípodas y el arranque de la construcción de las F-110, pero no han logrado su objetivo. Emilio García Juanatey, presidente del comité ferrolano, admite ya que es prácticamente imposible evitar el parón.

«Ahora mismo no hay nada que pueda paliar este bajón. Ya han mandado a mucha gente de empresas auxiliares para casa. Esto se está muriendo», lamentaba hace unos días un operario de una subcontrata.

La ocupación este 2021

Fuentes de Navantia explicaron que el programa de las F-110 supondrá unas 325.000 horas de trabajo este año, o lo que es lo mismo, ocupación para 200 empleos, fundamentalmente en ingeniería, pero también en compras, planificación y Turbinas. En la finalización del segundo buque australiano participarán otras 375 personas, y 25 se irán destinadas a las antípodas para hacer las pruebas del navío.

Además, el programa de mantenimiento de las fragatas noruegas generará trabajo para 50 operarios durante medio año, y en la oficina técnica, 25 trabajadores se ocupan en el sistema de control de plataforma y tareas para el LHD turco.

La fábrica de Turbinas prevé obras por 158.000 horas, que se traducirán en faena para un centenar de empleados que atenderán a los programas de construcción de buques en curso.

La eólica marina y el gas, dos sectores en expansión y que generan empleo

b. couce

No todo son sombras en el complicado panorama industrial de Ferrolterra. Si bien el sector energético está generando los mayores dramas laborales, también es un mercado que concentra empresas y actividades con contratos, expansión internacional y aumento en el volumen de negocio. Es el caso de la eólica marina, que tiene en el astillero de Fene el epicentro de la fabricación de cimentaciones y estructuras de sujeción para el sector, gracias a la alianza formada por Navantia y la empresa Windar Renovables.

En la antigua Astano se están ultimando actualmente las plataformas para un parque escocés y arrancado el que ya es el mayor pedido de eólica marina que han logrado ambas compañías: el de construcción, por 350 millones de euros, de 62 jackets para el que será el primer parque francés de Iberdrola. Las previsiones que maneja la compañía, que junto a Windar ya negocia otros contratos que espera materializar en el segundo semestre de este año, es que la obra para el parque de Saint Brieuc genere ocupación hasta el tercer trimestre del 2022 para cerca de unos 800 trabajadores.

Reganosa, al alza

Otra de las compañías energéticas que no solo no deja de crecer sino que acaba de sellar un ejercicio en clara expansión fue Reganosa. Según la información que maneja el Puerto de Ferrol, en un contexto de contracción del comercio marítimo en España, el tráfico en la terminal de GNL de Reganosa aumentó un 61 % en el 2020, hasta rozar el millón y medio de toneladas movidas en todo el año.

De hecho, con la práctica desaparición del tráfico del carbón de la rada ferrolana, el del gas ya es el primero del organismo marítimo ferrolano.

Fuentes del sector energético apuntan a que en octubre la terminal de Mugardos batió su récord histórico de regasificación, inyectando a la red más de 2.454 gigavatios hora, y siendo la planta más utilizada de toda España porcentualmente.

Su constante crecimiento de la actividad también ha tenido un reflejo en la generación de empleo en la compañía que dirige Emilio Bruquetas. En estos momentos, cuenta con una plantilla directa formada por 160 trabajadores, a los que hay que sumar el empleo indirecto que propicia su actividad.

Y cuando no haya carbón... ¿qué?

f. fernández

El sistema de generación eléctrica lleva ya dos años sin contar apenas con esas centrales y, cuando desaparezca la de As Pontes, las de gas asumirán su papel como tecnología de respaldo

A no ser que Endesa recapacite, Galicia dejará de producir electricidad con carbón a partir del próximo verano, con el cierre de la central térmica de As Pontes, la mayor de España. Cuando eso ocurra, ¿qué? Consecuencias económicas y laborales aparte, poco más pasará. El sistema de generación de electricidad no se verá perturbado por el fin de esa tecnología y el suministro de electricidad seguirá estando garantizado. Ya lo ha demostrado. El año pasado, la producción con carbón ha sido ínfima, tanto en España como en Galicia, como se puede apreciar en el gráfico que acompaña esta información. Más residual aún lo fue si se compara con los datos de generación de ejercicios anteriores, no incorporados al gráfico. Así, de acuerdo con las estadísticas de Red Eléctrica de España (REE), las dos térmicas gallegas -además de la de Endesa en As Pontes funcionó hasta el verano pasado otra de Naturgy en Meirama- produjeron en sus años dorados -el último, el 2018- 10.307 gigavatios hora. Es decir, ocho veces más que en el 2020. Era la tecnología líder en la comunidad, ahora sustituida por eólica (el año pasado produjo un 15 % más) e hidráulica (aumentó un 12 %).

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