Los enchufados mandan en PSA Vigo

La planta se electrifica para montar coches más caros, hechos en menos tiempo, con menos manos

Línea de producción PSA Vigo
Línea de producción PSA Vigo

vigo / la vozredacción / la voz

La crisis económica provocada por la pandemia del covid-19 tiene en su haber el mérito de haber borrado del vocabulario industrial la repetida numerología 4.0. Ante un impacto tan brutal, ya nadie habla de fábricas del futuro, sino de producción de supervivencia. Y qué mejor muestra que el automóvil, inmerso en su crisis existencial más grave. Galicia tiene la suerte de contar con la mayor planta de producción de coches de Europa, perteneciente al grupo PSA, que pasará a llamarse Stellantis a partir del próximo mes de febrero cuando se consolide su fusión con Fiat, y surja el cuarto mayor constructor de vehículos del mundo (70.000 unidades). Para entonces, la fábrica de Vigo estará montando ya las preseries de toda la gama de vehículos comerciales que produce para las marcas Citroën, Peugeot, Opel y Toyota, con motor eléctrico, para su salida al mercado probablemente en el segundo semestre del 2021. En ese momento, habrá un antes y un después en PSA Vigo, porque habrá completado la electrificación de todos los modelos que salen de la factoría, y estará lista para el vuelco de la producción, hasta ahora mayoritariamente térmica -los coches con motores diésel y gasolina suponen más del 85 % de la actividad-; hacia una fabricación mayoritariamente eléctrica, si así lo requiere el mercado.

 Fábrica multienergía

El primer paso está dado y con gran éxito. Hace un año, PSA Vigo abría una nueva etapa en su larga experiencia en la fabricación de vehículos electrificados con el lanzamiento de la producción del Peugeot e-2008, un SUV con el que la planta se estrenaba con la plataforma multienergía CMP. A día de hoy, este hito representa ya un 14 % de la producción total del Peugeot 2008. El ritmo de fabricación en la factoría gallega está siendo de récord en este último trimestre del año, debido a la recuperación de la demanda en Europa (no así en España), y esto hace que de los 2.000 coches que salen cada día de la planta, alrededor de 300 sean cien por cien eléctricos, con la ventaja añadida de que la fábrica de Vigo cuenta en sus instalaciones con un taller de montaje de baterías, que actualmente ensambla 12 unidades por hora. Este volantazo hacia el vehículo eléctrico no es un capricho. La normativa europea para reducir las emisiones contaminantes, implacable con los fabricantes en sus amenazas de multa, ha obligado al constructor francés a dar un vuelco a su actividad, en la que a día de hoy los modelos a gasolina y los vehículos alternativos ya superan a los diésel. Esto ha ido ocurriendo a consecuencia del giro dado por un mercado políticamente condicionado en contra del coche a gasoil. La muerte progresiva del diésel, una tecnología en la que la factoría gallega de PSA fue pionera y líder en innovación en la década de los noventa, transcurre de forma paralela a la subida en cadencia del eléctrico. La factoría gallega asegura que está preparada para atender la demanda que vaya surgiendo de un mercado en crisis e indeciso a la hora de elegir motorización. «Esto es así por la versatilidad que da a la fábrica la plataforma de producción multienergía. El mix eléctrico y térmico irá evolucionando como varíe el mercado y nosotros nos adaptaremos», explican desde la planta gallega.

¿Cómo cambia PSA Vigo con el vuelco hacia la producción de eléctricos? El mayor cambio se produjo hace un año con la creación dentro de las instalaciones de un taller de baterías. Su misión es ensamblar las células de energía procedentes de un proveedor chino (a partir del próximo año, vendrán de la fábrica de baterías creada por PSA y Total en Francia), instalar el cableado y cerrar las cajas herméticamente para su montaje en la línea de producción. Solo este componente supone el 50 % del coste total de un vehículo eléctrico, más caros que los térmicos, con un coste mínimo de 30.000 euros. Los eléctricos tienen un mayor coste, pero requieren menos manos para su montaje que los vehículos con un motor convencional, ya que no llevan caja de cambios y los sistemas de transmisión son más sencillos. Aunque desde PSA Vigo aseguran que el excedente de personal se produce en las plantas donde se fabrican los motores eléctricos (en Francia), ya que en la factoría gallega solo se ensamblan. Lo que sí se reduce es el tiempo de montaje en línea, ya que ensamblar un vehículo eléctrico es más rápido. Si la fabricación de un coche convencional suele rondar los 59 segundos, en el caso de los cien por cien eléctricos ese tiempo se reduce de media en unos 5 segundos. Actualmente Vigo está fabricando unas 2.000 unidades al día

¿Peligra la producción en la planta gallega?

Si de algo presume el presidente de PSA, Carlos Tavares, es de emplear las tijeras mejor que nadie para recortar costes. ¿Qué sentido tiene fabricar coches eléctricos en un país que no los vende? Las advertencias que viene lanzando para que el Ejecutivo español gobierne a favor del vehículo eléctrico son para tomarlas muy en serio. «España no se puede quedar atrás en esta revolución eléctrica: además del Plan Moves II [de incentivos a la compra] hay que invertir en puntos de carga e infraestructura para este tipo de vehículos», avisaba esta pasada semana el director general de Peugeot en la Península, João Mendes. Previamente, Christophe Prévost, director general del grupo PSA había advertido que «la pérdida del mercado nacional podría poner en riesgo la producción en la plantas españolas. Más directo fue el mensaje del grupo el pasado viernes: «La falta de voluntad del Gobierno de apoyar al sector en un contexto muy complicado para la industria del automóvil es un mensaje negativo para nuestra casa matriz de consecuencias imprevisibles».

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