La ruptura entre el BBVA y el Sabadell augura nuevas tensiones bancarias

El sistema financiero se blinda ante una crisis de solvencia en cadena


Redacción / La Voz

España reaccionó rápido y reaccionó bien para proteger a sus empresas de la pandemia. A pesar de los obstáculos a los que se ha enfrentado, el Banco Central Europeo (BCE) dio por aprobados sus esfuerzos por mantener abierto el grifo de liquidez con préstamos y avales: «El impacto de las políticas ha sido más fuerte en Italia y España que en Francia y Alemania», reza su informe de Estabilidad Financiera. Claro que el golpe también ha sido y será mayor.

El Banco de España estima que, aún con toda la ayuda desplegada, el 68 % de las empresas llegarán al 2021 con problemas de liquidez (unas 2.287.000 firmas). El BCE calcula que alrededor del 18,75 % de ellas (630.599) estarían en riesgo de quiebra. En sus balances se acumulan préstamos bancarios -avalados por el Estado en muchos casos-, que nadie sabe si podrán devolver. La pandemia va camino de los nueve meses y la posición fiscal de las empresas empeora. Los mercados no viven ajenos a este hecho, que afecta tanto a las españolas como a sus vecinas europeas. En el 2008, cuando estalló la burbuja inmobiliaria, solo el 8,8 % de las empresas de la zona euro tenían una calificación de «no inversión» para sus acciones. Ese porcentaje ha crecido hasta el 28,3 %.

El BCE cree que lo peor está por venir. Y hay mucho en juego. La insolvencia de las empresas -habrá crecido un 30 % a finales del 2021 en España-, puede poner contra las cuerdas la sostenibilidad de la deuda y el estado de salud del sistema financiero español que, además, es el segundo que más títulos soberanos acumula en sus balances (11 % de sus activos en el 2023), tras los italianos. Si una pieza del engranaje cae, los bancos españoles podrían verse inmersos en lo que el BCE denomina un «bucle adverso entre la deuda soberana, las empresas y los bancos».

Al margen de estos riesgos asociados al impacto de la pandemia, las entidades españolas también arrastran problemas endémicos, tanto estructurales como de rentabilidad. El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, no esconde el «peligro» que conlleva mantener a entidades «sobredimensionadas» en España. El mapa bancario debería dirigirse hacia una mayor concentración. No solo para eliminar duplicidades y costes (cierre de oficinas y recorte de plantillas) también para blindar sus balances ante la crisis de solvencia que anticipa el BCE para el 2021. Ese camino, el de las fusiones, es hacia el que apunta Fráncfort. La ruptura de las negociaciones entre el BBVA y el Sabadell no va en la dirección marcada por los supervisores. Al contrario, anticipa nuevas tensiones bancarias y problemas para el banco de origen catalán, de los más vulnerables por su gran exposición a pymes y sectores especialmente golpeados por la pandemia. Para poder sobrellevar esta nueva fase de consolidación, las entidades deberían buscar alianzas con pulmón suficiente (alrededor de 600.000 millones de euros en activos).

Rentabilidad a la baja

«La rentabilidad de los bancos ya se ha deteriorado», admite el Banco de España. Las cifras así lo indican. En la eurozona entrará en terreno negativo (-2,42 %) para situarse de nuevo en positivo en el 2021 (1,24 %). Eso es el escenario base porque en el escenario más adverso -que el BCE cree que cada vez está más cerca-, la rentabilidad se hundiría al -4,7 % este año, al -10,54 % en el 2021 y el -9,71 % en el 2022. El Sabadell se encuentra entre los bancos menos rentables de España. Su índice ya bajó del umbral del 3 % y ha sufrido graves correctivos en Bolsa, donde ya es el valor más depreciado en lo que va de año (-64,79 %).

No es una cuestión baladí. Ni para los accionistas ni para los clientes porque el grado de deterioro financiero irá vinculado al endurecimiento de las condiciones de crédito. Si el grifo se cierra, la economía podría entrar en una nueva fase de crecimiento anémico e incluso estancamiento.

Ante una posible avalancha de créditos dudosos, un escenario de baja rentabilidad, bajos tipos de interés por largo tiempo y la incertidumbre sobre la deuda soberana que acumulan en sus balances, el BCE ha urgido esta semana a engordar las reservas, que en el sistema bancario español ascendían a 172.603 millones de euros en el mes de septiembre. Aunque los bancos españoles llegan mejor capitalizados a esta crisis que a la del 2008 -que después se transformó en crisis de deuda- el impacto previsiblemente podría ser mayor y Fráncfort cree que el colchón de reserva todavía está por debajo de lo que sería recomendable.

Bruselas prepara un plan para deshacerse de los préstamos dudosos en la eurozona

Los problemas que acechan al sistema financiero se extienden al conjunto de la zona euro. A pesar de los esfuerzos por purgar los excesos de la última crisis, los bancos del eurosistema todavía acumulan en sus balances activos inmobiliarios tóxicos y, lo que es más preocupante, todavía no se ha puesto el broche a la Unión Bancaria, a la que le falta una garantía europea de depósitos.

Con una arquitectura incompleta, una herencia envenenada y los problemas estructurales que arrastra el negocio financiero, la zona euro se enfrenta a un «severo pero plausible» escenario de impagos masivos, como asegura el presidente del Consejo de supervisión del Banco Central Europeo (BCE), Andrea Enria. El italiano le puso cifra: 1,4 billones de euros de créditos dudosos. Más de toda la riqueza que produce un país como España en un año.

Las señales son tímidas, pero recurrentes. La presidenta de la Junta Única de Resolución (JUR), Elke König, ha pedido a los bancos que hagan los «deberes» y se preparen para lo que les espera en el 2021.

Limpiar balances

La alemana cree que los créditos dudosos comenzarán a dispararse entre el primer y segundo trimestre del 2021. ¿En qué consisten esos «deberes»? En separar, con transparencia y sin subterfugios, los activos sanos y viables de los que no lo son. Aunque el BCE ha pedido en reiteradas ocasiones la creación de una especie de «banco malo europeo» para concentrar todos los activos de mala calidad que acumularán las entidades a causa de la crisis, la JUR prefiere desplegar antes una herramienta de preliquidación que le permita intervenir antes los bancos en problemas, como en su momento fue el Banco Popular, y separar de sus balances los activos de buena calidad para que no pierdan su valor con la intervención del banco. Bruselas está estudiando ambas estrategias y planea presentar el próximo mes de diciembre un plan para deshacerse de esos créditos dudosos.

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