BBVA y Sabadell rompen la fusión por las desavenencias en el precio

El desencuentro da al traste con la creación del segundo mayor banco español

A. Estrada
Madrid / Colpisa

Las conversaciones no prosperaron y la fusión entre BBVA y Sabadell ha saltado por los aires. La razón la dejó muy clara el banco catalán en el comunicado que envió a primera hora de ayer a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV): no hubo acuerdo sobre los términos en que se efectuaría la ecuación de canje, la cuestión más determinante en una operación de estas características, puesto que marca el valor de cada entidad y, sobre todo, su peso en el futuro grupo. BBVA fue más discreto y en la nota que remitió al supervisor de los mercados, únicamente informó de que las conversaciones para la fusión habían terminado sin acuerdo.

No es la primera vez que una fusión bancaria encalla. El ejemplo más reciente: la primera intentona para la fusión de Liberbank y Unicaja, la que tuvo lugar en el año 2019, acabó de la misma forma por el encontronazo que suscitó la misma cuestión.

BBVA hizo valer que es hasta diez veces más grande que el Sabadell en términos de capitalización bursátil, y también ayer terminó reconociendo que el desacuerdo fue por cuestiones económicas. Desde el principio lo advirtió el consejero delegado de la entidad, Onur Genç: la operación únicamente se llevaría adelante si generaba valor a sus accionistas. Genç no solo aseguró que no tenía prisa por comprar, sino que además afirmó que no estaba obligado a cerrar ni esa transacción ni ninguna otra. La operación, tras esas declaraciones, se enfrió tanto que de las ocho sesiones bursátiles que han transcurrido entre ese 18 de noviembre en que Genç se pronunció, los títulos del Sabadell cayeron siete. Subieron solo -y coincidencia no implica causalidad- en la jornada siguiente a aquella en la que se filtró cómo sería el reparto de poder en la cúpula de la futura entidad: la presidencia habría sido para el actual presidente de BBVA, Carlos Torres; el cargo de consejero delegado también lo decidiría BBVA; y el primer ejecutivo de Sabadell, Josep Oliu, tendría una vicepresidencia no ejecutiva.

Reparto de poder

Si bien se especula con que Oliu habría deseado una copresidencia con Torres, parece que la ruptura no ha tenido que ver con cuestiones relacionadas con el reparto del poder o con una derivada de este: potenciales problemas de gobierno corporativo, estando el BBVA inmerso en la investigación por el caso Villarejo. El desacuerdo en la ecuación de canje ha sido de tal magnitud que se han dejado sin culminar los análisis (due diligence) de los activos de las dos entidades. Y esto es problemático, puesto que las autoridades pueden entender que se ha dado carpetazo a la operación sin haber hecho los suficientes números.

Un calendario tentativo de los planes de BBVA y Sabadell incluía la convocatoria a lo largo del mes de diciembre de sendos consejos de administración para, en su caso, aprobar la operación de fusión. Habría sido un proceso muy rápido. Porque la existencia de las conversaciones se conoció el lunes 16 de noviembre al cierre de la sesión, cuando las dos entidades remitieron sendos comunicados a la CNMV. Ello sucedió horas después de que el BBVA informara de la venta de su negocio en Estados Unidos por 9.700 millones de euros, hecho que durante el día ya había provocado que saltaran los rumores sobre lo que podría hacer con esos recursos y que ponían al Sabadell en primera línea de fuego para una posible compra.

Menos de dos semanas

Once días después de que se anunciaran las conversaciones, la posible operación ha saltado por los aires. Podría haber dado lugar a un grupo financiero con más de 950.000 millones de euros en activos, de los que cerca de 600.000 se concentrarían en España, donde la entidad iba a situarse como segundo grupo del país, por detrás del resultado de la fusión de CaixaBank y Bankia (sumarán más de 625.000 millones de euros en activos en España).

Repliegue al mercado doméstico, a la espera de otra oportunidad

No habrá fusión entre BBVA y Banco Sabadell. Al menos por ahora. Pero la presión de la crisis económica y de los reguladores permanece, y el futuro en solitario no se presenta muy halagüeño para los bancos. Especialmente para el Sabadell, cuya rentabilidad y capitalización bursátil se ha desplomado este año. Rotas las conversaciones, la entidad presidida por Josep Oliu anuncia que se va a centrar en su negocio en España e intentará vender TSB, mientras que el futuro del BBVA también pasa por un cierto repliegue tras vender su filial en Estados Unidos y señalar que no pretende aumentar su participación en Garanti, el banco turco donde controla casi el 50% del capital. No obstante, este repliegue al mercado doméstico más parece una parada temporal a la espera de otra oportunidad. No sería la primera vez que dos entidades bancarias rompen y, tiempo después, vuelven a las negociaciones. Fue el caso de Liberbank y Unicaja, que un año después de fracasar en el intento de fusión han vuelto a negociar. Aunque las conversaciones entre BBVA y Sabadell no hayan llegado a buen puerto, eso no hace desaparecer la presión de los reguladores por las fusiones. Desde los test de estrés de finales del 2018, el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, lleva insistiendo en que BBVA y Sabadell, junto con otros bancos europeos, deberían aumentar su solidez y mejorar las posiciones de capital para enfrentar los desafíos futuros y que, por lo tanto, «serán monitorizados de cerca». La opinión del BCE y del Banco de España no ha cambiado: las fusiones son una vía para afrontar la baja rentabilidad.

Es en este contexto donde se enmarca el intento fallido de fusión entre el BBVA y el Sabadell. La operación ha terminado sin acuerdo porque al banco catalán no le ha parecido suficiente el canje ofrecido por el BBVA. Pero cuando las alianzas se hacen entre un pez grande y otro más chico, la fusión se convierte en una absorción.

Y la nueva hoja de ruta del Sabadell pasa por desprenderse de TSB, la filial británica por la que pagó 2.300 millones en el 2015 y que le ha costado mucho más por los problemas informáticos y de reputación en el Reino Unido. Sin embargo, el brexit y, sobre todo, la inexistencia de un acuerdo para la salida de ese país de la UE, eliminan de entrada el interés de otros bancos europeos por TSB. Todo ello hace pensar que, si logra vender, será con pérdidas.

En cuanto al BBVA, dice no querer incrementar su apuesta por Garanti, pero su consejero delegado, Onur Genç, viene de allí. Es cierto que, hoy en día, este país es problemático, pero el nivel de bancarización de sus 82 millones de habitantes es muy bajo en comparación con mercados maduros como España, lo cual deja mucho margen para desarrollar allí el negocio bancario puro en los años venideros. BBVA podría destinar parte del dinero de la venta de EE.UU. a recomprar acciones y dar una alegría al accionista, pero eso no es un plan de futuro, ni tampoco quedarse quieto.

«Hay noviazgos que se retoman»

El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, se mostró «sorprendido» por el abandono de las negociaciones para la fusión entre BBVA y Banco Sabadell, pero recordó que a veces hay «noviazgos» que se retoman tiempo después. «Nos ha sorprendido a todos [...] Estábamos entrando en la iglesia y nos hemos quedado compuestos y sin boda [...] A veces estas cosas pasan, pero hay noviazgos que luego se retoman», señaló el presidente de los empresarios, que no quiso entrar en los motivos de la ruptura entre ambas entidades.

La entidad catalana pacta la salida de 1.800 trabajadores con prejubilaciones a partir de los 56

Ya hay acuerdo para el ERE que había puesto sobre la mesa el Sabadell. Los principales sindicatos de la entidad han aceptado la oferta de la dirección de la entidad para reducir la plantilla en 1.800 personas. Ambas partes firmarán la próxima semana el acuerdo, que incluye prejubilaciones a partir de los 56 años y se basa en salidas voluntarias.

Para Galicia, el banco plantea un ajuste máximo de 45 puestos de trabajo, según la distribución geográfica que aportó en la segunda reunión de la mesa de negociación con los sindicatos. Así, el ajuste en la comunidad gallega afectaría sobre todo a A Coruña (11 administrativos, siete comerciales y cuatro trabajadores de servicios centrales como máximo), seguida de Pontevedra (ocho, cuatro y dos, respectivamente). En Lugo, la entidad propone como máximo cuatro salidas de administrativos y dos de comerciales, mientras que en Ourense el recorte se limitara a dos administrativos y un comercial.

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