Emiliano, el banco italiano que acepta queso parmesano como aval

La pandemia y los aranceles ha ocasionado pérdidas importantes a los productores de este manjar


redacción / la voz

No tienen caja de seguridad ni lingotes de oro, sino almacenes con enormes baldas de madera donde atesoran con mimo y cuidado alrededor de 300.000 ruedas gigantes de queso parmesano, valoradas en unos 160 millones de euros. Se trata de Credem (Credito Emiliano), el banco italiano de 67 años de antigüedad que concede préstamos a pequeñas explotaciones familiares tomando como aval este sabroso y rentable vívere.

Aunque solo representa el 1 % del negocio de la entidad, siempre se le ha considerado un activo de gran valor. El banco se reserva un apetitoso margen del 20 % de las ventas del queso en el mercado y si el productor incurre en impagos, puede quedarse con el 100 %. La entidad no pierde la inversión y la economía local tiene quien le extienda crédito para seguir produciendo un artículo muy demandado en el mundo.

El coste de mantenimiento de sus cuarteles es más gravoso que el de las cuentas de ahorro corrientes. En las cámaras donde el banco conserva el mejor parmesano del mundo se mantiene una temperatura y humedad constantes para que el producto envejezca bien. De media, solo el 1 % se pierde, frente al 6,9 % de los préstamos dudosos que acumulan las entidades italianas en sus balances.

Las cosas iban bien hasta la crisis financiera. Desde entonces, se ha torcido la trayectoria de Credem. El banco no ha podido remontar ni con la recuperación ni con el tirón de su producto estrella. Desde el 2015, la entidad ha ido perdiendo valor. No así sus quesos, que aguantaron el tirón con buenos precios en el mercado. Al menos hasta que llegó la pandemia.

Durante los meses de confinamiento, las ruedas de parmesano acabaron convertidas en bloques de queso gruyer. ¿La razón? Parmigiano Reggiano (la Denominación de Origen Protegida) exporta hasta un 40 % de la producción. Su principal mercado es Francia, seguido de Estados Unidos, Alemania el Reino Unido y Canadá.

Las interrupciones en la cadena de suministro y el cierre del sector de la hostelería y el turismo en países del entorno taponaron las vías de salida y la producción se acumuló en los almacenes, perdiendo valor. Otra de las plagas que se han cebado con este exquisito manjar han sigo los aranceles impuestos por el presidente estadounidense, Donald Trump, al rey de los quesos. Los productores calcularon pérdidas de 360 millones de euros. La nota positiva es que en el mes de noviembre, el valor del parmesano se ha disparado de nuevo. Superados los problemas que lleva aparejado ser un bien de consumo perecedero en época de confinamiento, el mercado vuelve a confiar en él como valor refugio.

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