El sector cárnico se desangra con el covid más que con la crisis de las vacas locas

Se cumplen veinte años de la aparición de una enfermedad que puso contra las cuerdas a la ganadería gallega


redacción / la voz

Hoy se cumplen 20 años de la aparición del primer caso de encefalopatía espongiforme bovina (EEB) en España. La crisis de las vacas locas arrancaba con el positivo de una res de Carballedo (Lugo) y desataba una tormenta en el sector cárnico de la que tardaría años en recuperarse totalmente.

La ausencia de estudios rigurosos y de protocolos de actuación, junto con la multitud de informaciones oficiales contradictorias que se iban sucediendo, provocaron una psicosis entre los consumidores que se tradujo en un desplome del consumo de carne vacuna superior al 65%. De hecho, por primera vez en su historia reciente, los productores gallegos ni siquiera encontraban compradores para la totalidad de sus reses y, las que lograban colocar en el mercado registraban precios muy reducidos. Un escenario que, en determinados aspectos, se asemeja al actual, en el que las medidas puestas en marcha para luchar contra el covid-19 también están provocando un profundo agujero en las cuentas de los productores gallegos.

«Este ano se libramos das perdas será polas axudas da PAC [política agraria común) porque as cousas están moi mal. En apenas un par de meses o prezo, que xa de por si estaba baixo, caeu na volta de 40 céntimos por quilo. A restauración non traballa e iso nótase moito nun negocio coma o noso», apunta el ganadero Jonathan Cives, que actualmente tiene 250 terneros en su cebadero de Mazaricos y que reconoce que la actividad de la mayoría de los cebaderos ha caído a más de la mitad durante este año.

Facturación en mínimos

Opinión que comparten los industriales, que reconocen muchas dificultades para comercializar un volumen de carne suficiente como para no perder dinero. «Estamos viviendo una situación muy complicada debido al cierre o al parón generalizado de la restauración tanto a nivel nacional como europeo. En nuestro caso, la facturación es mínima porque, aunque hemos apostado y potenciado las ventas online, el volumen es prácticamente insignificante en comparación con la registrada antes de esta crisis», explica José Gutiérrez, gerente de la firma Gutrei Galicia, que calcula cerrarán el año con una caída de sus ingresos de más del 40 % respecto a los registrados en el 2019. Esta firma ubicada en el polígono Bóveda, en Lugo está especializada en vacuno mayor selecto, una de las variedades más dependientes del sector hostelero y, por tanto, más expuestas al desplome de las ventas que ha traída aparejadas las restricciones relacionadas con la pandemia.

En este sentido, han sido varias las firmas que trabajaban en el segmento de carne prémium las que no han dudado en poner en marcha iniciativas de venta online con el fin de abrir su cartera de clientes al ámbito doméstico y poder aliviar las cámaras frigoríficas donde, a día de hoy, se amontona el género.

Los ganaderos cobran lo mismo que hace veinte años

Buena prueba del delicado momento por el que atraviesa el sector cárnico gallego es la escasa variación que han registrado los precios de la carne en origen durante los últimos veinte años. Tanto es así que la cotización media de un canal de ternera de 280 kilos se situaba en noviembre del 2000 en 650 pesetas (3,90 euros), apenas 20 céntimos por debajo de los 4,10 céntimos a los que se vende a día de hoy en los principales mercados del sector.

Por otro lado, también hay que destacar que en este período, sin embargo, el coste de los insumos empleados por las explotaciones ganaderas se ha incrementado por encima del 40%. Solo el pienso, el principal gasto al que se enfrentan los productores de carne —un ternero medio consume alrededor de 1.100 kilos en todo su período de engorde— ha encarecido su precio un 25% pasando de los 25 céntimos que promediaba hace veinte a los a los 31 céntimos actuales.

22.000 explotaciones

Actualmente se dedican a la producción de carne de vacuno algo más de 22.000 explotaciones gallegas —más de 2.000 tienen la consideración de cebaderos— que sacrifican anualmente alrededor de 400.000 cabezas de ganado. Esto se traduce en más de 95 millones de kilos de materia prima y en un volumen bruto de negocio que superó los 300 millones de euros durante el año pasado.

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