España está entre los países que más optimismo insuflan a sus previsiones

El país fue incapaz de cuadrar sus Presupuestos en 5 de los últimos 7 años


redacción / la voz

La historia reciente de España demuestra que el país peca de optimismo y es incumplidor cuando se trata de hacer y rendir cuentas. Desde el año 2013, sus Gobiernos han sobreestimado las previsiones de crecimiento económico o ingresos hasta en cinco ocasiones. Cinco de siete, según revela el último informe del Consejo Fiscal Europeo, que sitúa a España entre los países que tienden a inflar una y otra vez sus previsiones, junto a Bélgica, Francia, Letonia y Eslovaquia.

A más crecimiento, más ingresos y menos desajustes en los balances. Es fórmula sencilla a la que se ha aferrado el país para ir sacando adelante sus Presupuestos, a menudo más optimistas de lo que la realidad permitía. Por eso Bruselas tendrá que examinar con cautela las cuentas del 2021 que envió el Gobierno hace apenas dos semanas. Como marca la tradición, el Ejecutivo de Sánchez ha vuelto a tirar por lo alto en el capítulo de crecimiento del PIB e ingresos.

Según las cuentas del Gobierno, España crecerá un 7,2 % el año que viene. Hasta un 9,8 % con el efecto de unas ayudas europeas que todavía no tienen ni un marco legal que las regule. Eso debería hacer engordar la hucha del Estado. Sobre esta cifra, tan frágil e incierta como la recuperación de la economía, es sobre la que se apoyan los Presupuestos «más sociales de la historia». ¿Qué puede ocurrir si, como ha sucedido anteriormente, España vuelve a sobrevalorar su capacidad para reponerse de la segunda ola de la pandemia? Es la duda que podría albergar ahora Bruselas. Y tiene razones para ello.

Optimismo ciego

Precisamente en el último año (2019), con viento de cola, las «cuentas de la lechera» de España se rompieron. El país se desvió de su objetivo de déficit por primera vez desde el final de la crisis y lo hizo con un desfase de 2.300 millones respecto al que le había comunicado el Gobierno a las autoridades europeas. A pesar de ser apercibido por Bruselas, por unas cuentas y unos planes de estabilidad que corrían «riesgo serio de incumplimiento», el Ejecutivo siguió adelante con la subida de pensiones y salarios públicos, como ha propuesto hacer también en el 2021. La Comisión lo cuestionó abiertamente hasta en dos ocasiones al considerar que los retrasos a la hora de alcanzar los objetivos de equilibrio presupuestario se debieron en realidad «tanto a una revisión a la baja de las proyecciones macroeconómicas [iniciales] como al impacto de medidas discrecionales» que favorecieron el aumento del gasto corriente y no de las inversiones públicas, como recomiendan Bruselas y el Consejo Fiscal, que la asesora.

España recibió una carta pidiendo explicaciones y demandando información adicional sobre sus previsiones macroeconómicas. La propia Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) instó a diseñar unos planes presupuestarios a medio plazo que garantizasen la «consistencia» y «credibilidad» de sus cuentas.

Los expertos del Consejo Fiscal admiten que esta actitud es habitual entre los países más endeudados del euro. «Las previsiones excesivamente optimistas han tenido más prevalencia en la última fase de recuperación en comparación con la expansión previa a la crisis financiera», señalan en el informe. No es de extrañar. Cuanto más abultada es la deuda y más crecimiento se anota un país, más tentación tiene su Gobierno de recurrir a unas cifras infladas del PIB para justificar la reducción de deuda sin necesidad de recortar el gasto. «Las previsiones macroeconómicas se pusieron del lado optimista», asegura el Consejo. Y no había razones para ello. El crecimiento se estaba enfriando por los efectos de la guerra comercial y el lastre de la deuda y las altas cifras de desempleo que heredó España de la crisis. ¿Podrían las previsiones volver a fallar?

Todo indica que el Gobierno ha vuelto a sobreestimar la capacidad de España de sobreponerse a una crisis cuyos efectos se prolongarán por más tiempo del estimado hace solo cuatro meses. El Banco Central Europeo y el Banco de España advirtieron esta semana de que la recuperación se ralentiza y ya no se espera que el país recupere sus niveles de crecimiento previos a la crisis hasta el 2023. Los Presupuestos ni siquiera cuentan con los efectos de nuevos rebrotes.

¿Podría la Comisión rechazar las cuentas si considera que los cálculos son irreales?

En los últimos cuatro años, el gasto corriente en España ha crecido por encima del potencial medio de crecimiento. Eso solo puede significar una cosa: más déficit. Ahora bien, la pandemia ha cambiado muchas cosas. Para empezar, se ha congelado la disciplina presupuestaria de forma temporal y se ha dado un margen amplio para el gasto público. Eso no es un cheque en blanco. Bruselas tendrá que examinar las cuentas y comunicar a lo largo del mes de noviembre si son creíbles y sostenibles con los objetivos de estabilidad a largo plazo. De lo contrario, obligará a enmendarlas. ¿Qué pasa si el Gobierno entrega un Presupuesto actualizado que no cumple con los requisitos mínimos de credibilidad? La Comisións podría rechazarlas. Hay un precedente en la historia del Pacto de Estabilidad y es muy reciente. El protagonista fue Italia, en el año 2018. El Ejecutivo, azuzado por la formación de extrema derecha Liga Norte, disparó sus partidas de gasto apoyándose en unos escenarios macroeconómicos catalogados de «irreales» por Bruselas, que tras meses de tira y afloja, logró encauzar las cuentas.

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