Carmen Lence: «Les digo a los ganaderos que no tengan miedo. Seguiré luchando por Leche Río»

La consejera delegada de Leche Río sigue el consejo de su padre: «No te preocupes, ocúpate»


redacción / la voz

«Con 25 años trabajaba en la empresa familiar, tenía prestigio, seguridad económica y una buena proyección en la compañía. Sin embargo, yo me sentía un fraude». «Apuesto por liderar con el ejemplo. En esta empresa no celebramos las equivocaciones, pero sí celebramos el coraje y la mentalidad de crecimiento». Esta manera profunda de pensamiento es de Carmen Lence (Lugo, 14 de noviembre de 1970), sucesora de Jesús Lence y hoy consejera delegada del grupo Leche Río. El recuerdo de su padre marca la entrevista. Lágrimas por un hombre muy querido, del que se despegó y el que la forjó: «No te preocupes, ocúpate -me dijo-, y eso hago». Se muestra franca, risueña y preocupada por el negocio. Esta preocupación se le nota en el rostro.

-¿Su marido y sus hijos están en EE. UU.?

-Sí, sí, en Boston. Hasta el momento del confinamiento estaba tres semanas aquí y una allí. En marzo me quedé aquí, en el verano vinieron, y en septiembre fui para el inicio del cole. Como mi marido [se llama Alex y es de nacionalidad suiza] trabaja en una farmacéutica [Sanofi], consiguió un visado de excepción (un mes). Acabo de estar, pero ahora no sé cuándo volveré a verlos. Me imagino que vendrán en Navidad. De aquí a allí ya veremos lo que pasa con el señor Trump y con el covid. Somos una familia que en los últimos 15 años nos hemos cambiado de país muy a menudo. El empezar trayectoria en diferentes países, con culturas y circunstancias diferentes nos permite ahora adaptarnos de manera más fácil a estas situaciones nuevas. Es duro, sí, pero nos adaptamos rápido. Si mi marido y mis hijos no estuvieran bien, no podría estar aquí. Pero están bien, y me animan para que luche por la empresa. Mamá no está, pero se las arreglan igual [Se ríe].

-¿A quién echa más de menos, a su marido o a sus hijos?

-A mis hijos los echo muchísimo de menos, pero también a mi marido por una razón casi más profesional que personal [risas]. Es un ejecutivo de una gran empresa. Es un CEO profesional y es mi mejor consejero. Es la persona que cuando tengo un problema o una duda me orienta. Me gusta confrontar mis opiniones con otra persona que sea sincera y honesta. Y eso es lo que encuentro en él: honestidad y experiencia, y con un nivel muy alto de profesionalidad.

-Por su situación familiar, los ganaderos gallegos tienen miedo a que venda la empresa y se vaya con su familia. ¿Qué les diría?

-Les digo que no tengan miedo. Yo soy hija de mi padre, y por suerte o desgracia (a veces lo siento como un sacrificio y otras como un privilegio), yo he nacido en esto, he visto a mi padre luchar por la empresa y los sufrimientos que pasó para crearla. Llegar hasta aquí no se logró en dos días. Es el resultado del esfuerzo de una vida, y hay que apreciarlo, valorarlo. Tengo que estar agradecida de que él hubiese confiado en mí. No se va a vender. Hay que luchar por ella. Es mucho más que una empresa. Mi padre no se merecería eso; ni la gente que trabaja aquí, ni los ganaderos de Galicia. Estuve mucho tiempo fuera, pero sigo siendo muy gallega. Y como gallega que soy me duele lo siguiente: Galicia es la mayor productora de leche de España y una de las mayores de Europa. Pero, si se analiza el ránking de las diez empresas lácteas más grandes de España, comprobamos que Río es la única gallega que aparece. Y la empresa que más leche recoge en Galicia es Río. Si a Leche Río la compra la competencia, el sector lácteo gallego se quedará en manos de empresas de fuera. Y yo pregunto: ¿por qué pasa esto? Tenemos que ser capaces de defender el sector. Leche Río tiene que seguir siendo gallega. Tiene un gran potencial, sobre todo si la sociedad gallega la apoya. Tenemos que defender lo nuestro. Si queremos defender al ganadero, habrá que comprar leche de Galicia y no otra que venga de fuera, ¿no?

-Declaró que estaba pagando un céntimo de euro por litro más que la media y que iban a abonar un plus por la proteína.

-Estamos pagando un plus por la proteína, no porque nos beneficie, sino porque los ganaderos nos lo pidieron porque las queseras sí se lo pagan. Seguimos siendo una empresa gallega que paga por encima de la media. Nosotros dependemos del campo gallego, si el rural se muere, nosotros nos morimos. El departamento de compras ha cambiado. Antes se dedicaba a negociar el precio y ahora la idea es trabajar con el ganadero para ayudarle a ser mejor empresa. La rentabilidad del ganadero tiene que venir porque se le pague un precio bueno y porque aprenda a ser una empresa más eficiente.

-Se le ve preocupada, cansada y también reivindicativa. ¿Pensaba que se iba a ver en esta?

-Cuando mi padre se puso enfermo yo pensaba: por favor, por favor, que aguante, que aguante... Sabía que no era fácil llevar una empresa como esta, ni sustituir a una persona como mi padre, que lo llevaba todo de una manera tan personal. También sabía que tenía que dejar a mi familia y mi trabajo. Esperaba que mi padre estuviera con nosotros hasta que mis hijos fueran más mayores. Sin embargo no ha sido así. No obstante, nunca sabes lo que es bueno o malo. Pienso que quizá este fue el mejor momento para incorporarme: con la pandemia y la situación de mi padre, que ya estaba muy cansado. Respecto a su pregunta, miro al futuro con perspectiva y desde el inconformismo. Ese es mi carácter, mi manera de ser. Ahora me siento en una lucha externa, ya que vivimos la peor crisis mundial de los últimos cien años, y quizá mañana estemos peor, cuando muchas de las empresas empiecen a no poder pagar. Pero también interna, porque quiero cambiar la manera de hacer en la compañía. Y eso no se cambia en dos días. Requiere tenacidad, esfuerzo e inconformismo.

Relanzar las marcas y una apuesta por productos de más valor añadido

Carmen Lence, que pone en valor las características de las empresas familiares, quiere profesionalizar la compañía, hacerla menos personalista.

-¿Qué quiere cambiar en el grupo Leche Río?

-Mi padre tomaba la responsabilidad por todo el mundo y debemos de ser una empresa en la que cada trabajador, cada directivo tome la responsabilidad de defender su propio puesto de trabajo. Lo estamos consiguiendo.

-¿Cuáles son los planes para el grupo?

-Respecto a Leyma, queremos relanzar fuertemente la marca. Que sea más reconocida y más valorada. Merece estar entre las primeras de Galicia. Se envasa un gran producto, por tanto su presentación, su marca tiene que ser igual de reconocida. No solo hay que serlo, sino parecerlo. Respecto a Río, el objetivo también pasa por impulsar su marca. Desde que salió al mercado hace 30 años no se volvió a tocar el paquete. Hay que invertir en imagen y en marca. En paralelo, queremos empezar a producir productos de mayor valor añadido. El sector de la leche es muy competitivo y sus márgenes son muy bajos. Estamos trabajando con la universidad. Apostaremos por productos nutricionales. Los que se consideran saludables, con más proteínas.

-Una última pregunta. Yo le digo la palabra cáncer [la enfermedad fue cruel con esta familia], usted me dice...

-Sufrimiento. Con 22 años vi a mi hermano de 18 casi morirse. En mi familia el cáncer ha sido una enfermedad muy dura. No entiende de buenas personas. El caso de mi padre fue durísimo, por su vitalidad. A los demás no les mostraba lo que sufría. Y yo quería creer que estaba bien. Fue tremendo. Con mi padre era muy difícil de vivir (por eso yo me fui, y me fui muy joven [se ríe con sinceridad]), pero era una persona a la que le importabas. Era exigente pero me forjó. Soy la persona que soy, y he conseguido llegar aquí, gracias a él. Yo me siento una persona de éxito (entendiendo que el éxito lo tiene aquella persona que vive la vida sintiéndose satisfecha) y eso se lo debo él. Me moldeó para ser una persona inconformista. Él siempre me decía: Carmen no te preocupes, ocúpate. No te conformes con esa situación ni te adaptes a ella, ocúpate para seguir tu camino. Así lo hago.

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