La automoción gallega robotiza a sus trabajadores con trajes de 3.000 euros

Los ingenieros del CTAG desarrollan tecnología «vestible» para evitar lesiones y bajas y lograr una mayor productividad


vigo / la voz

Un trabajador de PSA Vigo se dispone a enfundar sus extremidades en una armadura robotizada antes de incorporarse a la línea de ensamblaje de coches. En estas instalaciones llevan cuatro años realizando pruebas con exoesqueletos para reducir lesiones laborales y accidentes.

La automoción es uno de los sectores que registran mayor absentismo laboral debido a dolencias musculares. Las lesiones desencadenadas por trabajos repetitivos en la línea de montaje son la principal causa de un índice de bajas que en la planta del grupo PSA en Vigo supera el 5 % de media (entre 250 y 300 diarias).

Un «vestido» para cada puesto

Un sector que abandera la innovación tecnológica como es el del automóvil tenía que dar respuesta a este problema, y la ha encontrado en los exoesqueletos, unas estructuras robotizadas que se adhieren al cuerpo del trabajador o trabajadora para facilitar la actividad, y que tienen su punto de referencia en el Centro Tecnológico de Automoción de Galicia (CTAG), que ayer acogió un encuentro internacional de expertos en la denominada «robótica vestible».

El responsable del departamento de procesos y fábrica de futuro de CTAG, Víctor Alonso, detalló durante la demostración abierta a los medios los tipos de exoesqueletos que están desarrollando: un guante activo, que suplementa el cierre de la mano útil, por ejemplo, en el trabajo de atornillado, al aligerarlo y reducir esfuerzo. Otro modelo corrige el esfuerzo de la espalda al levantar pesos; y un tercero aligera el esfuerzo al trabajar en altura. «Cada uno está orientado a cada tarea específica», explicó el experto.

«En el medio largo plazo, las empresas terminarán incorporando e implementando estos sistemas a los diferentes puestos de trabajo para mejorar la ergonomía de sus empleados», aseguró.

Coste amortizable

Todo son ventajas. El único inconveniente es su coste, que por ahora ronda los 3.000 euros por unidad, pero es gasto fácilmente amortizable.

La apuesta de la industria por esta tecnología está justificada en términos de seguridad laboral y de productividad.

En el 2019 se produjeron más de un millón de accidentes de trabajo en España, de los cuales 650.000 derivaron en una baja del empleado, según datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social. Las estadísticas señalan que las principales causas de estos accidentes (casi el 50 %) son sobresfuerzos musculoesqueléticos, esguinces o dislocaciones.

Según los técnicos, lo primero que se le pide a cualquier dispositivo de este tipo es que suponga una ayuda para el usuario sin generar efectos contrarios para su confort o su salud. «Con un exoesqueleto puesto, el trabajador tiene menos posibilidades de lesionarse o de tener riesgos ergonómicos. La idea es que el operario realice las mismas actividades y movimientos que hacía antes y sea el exoesqueleto quien se adapte al método de trabajo que ya existe», explican desde el CTAG.

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