¿Qué hay de lo mío en el reparto de los 140.000 millones?

Primar a los mejores proyectos, sin amiguismos y conchabeos, es la clave del éxito de la inyección de los fondos europeos


LA VOZ

Con la crisis del coronavirus, la Unión Europea, después de importantes reuniones -con desencuentros incluidos- accedió a poner encima de la mesa unas ayudas para los países más golpeados por la pandemia. España está entre ellos. Nos van a llegar 140.000 millones de euros. Una auténtica barbaridad de dinero. Una parte, concretamente 59.000 son ayudas directas que no se tienen que devolver. Repito: no se tienen que devolver, son a fondo perdido, por lo tanto son una cantidad lo suficientemente importante como para que todos los españoles se puedan beneficiar de ella ya que redundará en el empleo y generación de riqueza. A esa cantidad hay que sumarle otros 12.000 millones del fondo ReactEU.

Esos 70.000 millones se pueden solicitar hasta el 2027, pero el presidente Pedro Sánchez está dispuesto a movilizarlos en un período de tres años. ¿Será este su primer error? Desde algunos sectores ya le han dicho que sí, y lo han razonado: el denominado Plan de recuperación transformación y resiliencia de la economía es demasiado etéreo y muy poco concreto. Según explicó Sánchez en el Foro de La Toja tres son las grandes partidas de gasto: transición ecológica, cohesión social e igualdad de género. Cuatro días después concretó un poco más y expuso: el 18 % se irá a educación y conocimiento, el 17 % al pacto por el sistema nacional de salud (una necesidad imperiosa, como están demostrando los más de 50.000 muertos que dejó el covid), el 17 % a la modernización del tejido productivo, el 16 % a la agenda urbana y rural y a combatir la despoblación (hay que tener en cuenta que el Gobierno también afrontará este plan con fondos estructurales y de la política agraria común), el 12 % a infraestructuras y ecosistemas, el 9 % a transición energética justa e inclusiva, el 6 % a nueva economía de cuidados y empleo, el 5 % a la administración para el siglo XXI (ya tocaba, a ver si de esta se pone al día) y el 1,1 % al desarrollo de la cultura y el deporte.

Los empresarios, los analistas y los inversores han advertido al Gobierno que el dinero es mucho y no se puede repartir atendiendo al «qué hay de lo mío». También le dijeron que no se puede jugar al «si me apoyas, te doy una buena parte del pastel», como indicaron algunos representantes de partidos haciendo referencia al juego político que los miembros de Unidas Podemos en la Moncloa pueden estar articulando con los partidos nacionalistas catalanes.

El amiguismo, el enchufismo y los conchabeos tienen que quedar al margen del reparto de estas multimillonarias ayudas. Este era en resumen el discurso de los expertos que proseguía de la siguiente manera: Primero: los fondos tienen que repartirse con el efecto de una mancha de aceite porque la riqueza no se puede concentrarse en pocas manos.

Segundo: suman más los partidarios de que se entreguen a sectores económicos tractores como fórmula para que lleguen a compañías más pequeñas.

Tercero y fundamental: hay que buscar y diseñar grandes proyectos, porque no hay dinero si no hay plan y este tiene que ser aprobado por Bruselas.

Cuarto y definitivo: es objetivamente importante que las autoridades de este país no dejen escapar esta oportunidad de oro. Son ellas las que tienen que intentar que el reparto sea justo y equitativo, que haya proyectos y que se primen a los mejores. Quizá sea el momento de reivindicar que la comisión que elija esos proyectos sea independiente y deje en fuera de juego el «y que hay de lo mío».

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