Unicaja y Liberbank lo intentan otra vez

La fusión alumbraría el quinto banco del país, con 108.000 millones en activos


redacción / la voz

No hay dos sin tres. Casi dos años después de que comenzara el cortejo y apenas uno después de la última ruptura, Unicaja y Liberbank lo vuelven a intentar. Ambas entidades admitieron ayer que están en conversaciones para fusionarse. Aunque, eso sí, se trata todavía de «contactos preliminares».

La última vez que rompieron relaciones, eso de unir destinos no era tan urgente. Pero ahora, con las autoridades financieras apretando y la crisis del coronavirus golpeando si piedad, la cosa cambia. Se imponen las fusiones. Sumar fuerzas para afrontar las vacas flacas sin morir en el intento. Es lo que mandan la baja rentabilidad provocada por unos tipos de interés en mínimos; el incremento esperado de la morosidad como consecuencia de la crisis, y la necesidad de ajustar las estructuras.

Los inversores lo saben, y andan ávidos de este tipo de operaciones. De ahí su reacción en la jornada de ayer, una sesión en la que los títulos de Unicaja se revalorizaron un 15,1 % y los de Liberbank, un 13,5 %.

De consumarse la integración, todavía en ciernes, alumbraría el quinto grupo bancario en España, con un volumen de activos superior a los 108.000 millones de euros (unos 61.000 millones de Unicaja y los otros 46.000 de Liberbank). Las ejecutivas de ambos bancos son conscientes de que su matrimonio tiene sentido industrial, como ya indicaron hace dos años. Ambas son entidades medianas con una cuota de mercado muy focalizada y complementaria. Unicaja se encuentra en Málaga, en buena parte de Andalucía, así como en Castilla y León, gracias a la adquisición que ya hizo del Banco CEISS-España (antigua Caja España y Caja Duero). Por su parte, Liberbank es el resultado de la fusión de las históricas cajas de Asturias, Cantabria, Extremadura y Castilla-La Mancha. La cuota de mercado que acapararían las dos entidades juntas varía en función de cada comunidad. Por ejemplo, en Asturias su negocio supondría alrededor de un 27 % del total; en Castilla y León, un 26 %; en Cantabria, un 30 %, y en Castilla-La Mancha rondaría el 33 %. Donde más se notaría la integración sería en Extremadura, con una cuota del 38 %, una cifra superior a la que suman los cinco bancos de mayor tamaño. Es en esta región en la que se podrían producir más solapamientos de sucursales. Sin embargo, en Andalucía apenas se llegaría al 19 % de cuota.

Diez mil empleados

Entre ambas entidades sumarían una plantilla conjunta cercana a los 10.000 empleados, y una red de sucursales con más de 1.600 oficinas. Como ocurre en este tipo de operaciones, habrá ajuste de plantilla y red, al ser una de las palancas de ahorro de costes que calculan los bancos para salir más desahogados de esta nueva crisis económica.

La operación viene coleando desde hace casi 24 meses, cuando ambas corporaciones realizaron el primer anuncio oficial de su posible fusión. Parecieron darlo definitivamente por imposible en mayo del 2019.

Como entonses, en el reparto de poder vuelve a situarse ahora la línea roja que ninguno de los dos consejos de administración -con sedes en Oviedo y Málaga- quieren rebasar. En principio, el reparto estaba planificado para que Unicaja tuviera un 60 % del grupo, frente a un 40% de Liberbank. Aunque ahora esas proporciones podrían reducirse hasta un 57,5 % y un 42,5 %, respectivamente, según fuentes financieras.

El principal accionista de la malagueña es la Fundación Unicaja (con más de un 49 % del capital), mientras que el de Liberbank es el fondo Oceanwood a través de tres sociedades, con más de un 35 % del capital socia de la entidad asturiana.

El Sabadell tantea sus opciones para no quedarse descolgado en este baile

j. m. c.

En el baile de fusiones bancarias con el que ha arrancado el curso, el Banco Sabadell corre el riesgo de permanecer al margen de los movimientos que está negociando el sector. Por eso, desde que CaixaBank y Bankia anunciaron su integración hace ahora un mes, los directivos de la entidad catalana analizan cuáles son las posibilidades para protagonizar una fusión.

Fuentes del sector apuntan que la entidad, presidida por José Oliu, ha contactado al menos con BBVA y Kutxabank para explorar una posible operación. En cualquier caso, el grupo aclara que no mantiene conversaciones formales e insiste en que tiene su propia hoja de ruta para ganar rentabilidad y crear valor en solitario. Eso sí, el banco considerará «cualquier opción estratégica» que cree y maximice el valor para los accionistas.

Desde el BBVA se limitan a recordar las palabras de su consejero delegado, Onur Genç, al respecto de las fusiones: «Si podemos encontrar un punto óptimo donde creamos valor, haremos un trato. Si no podemos encontrar ese punto ideal seguiremos muy cómodos donde estamos». Por su parte, en Kutxabank aclaran que no negocian ninguna operación ni tienen prisa en ello, aunque hablan «continuamente con las otras entidades». Abanca acaba de cerrar la compra de Bankoa, pero en el mercado nadie descarta que sea protagonista de una nueva operación. En las quinielas la casan con Ibercaja.

Los motivos por los que fracasó el anterior intento de fusión entre Liberbank y Unicaja

Luis Fernández
Manuel Menéndez, Consejero Delegado de Liberbank, y Manuel Azuaga, presidente de Unicaja
Manuel Menéndez, Consejero Delegado de Liberbank, y Manuel Azuaga, presidente de Unicaja

La entidad asturiana y la andaluza se dan una segunda oportunidad y confirman nuevas negociaciones

La historia de Liberbank y Unicaja es la de un matrimonio de conveniencia que se anuncia pero que no acaba de concretarse. La crisis económica de 2008 modificó por completo el panorama bancario español y la principal consecuencia fue la desaparición de las antiguas cajas de ahorros. A partir de ahí, los bancos resultantes de esas primeras fusiones -Liberbank es uno de ellos- siguieron cortejándose con la intención de ganar tamaño y poder así cumplir los requisitos exigidos por los reguladores y competir en un mercado cada vez más agresivo. Y la presión ha caído, hasta ahora, principalmente en entidades de tamaño medio como la asturiana y la andaluza. De hecho, el año pasado negociaron durante cinco meses un acuerdo que se dinamitó en el mes de mayo. El motivo principal, el reparto de poder en la nueva entidad resultante. El anuncio de que se retoman los contactos es un primer paso para que ese noviazgo con altibajos se consolide.

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