Los motivos por los que fracasó el anterior intento de fusión entre Liberbank y Unicaja

La entidad asturiana y la andaluza se dan una segunda oportunidad y confirman nuevas negociaciones

Manuel Menéndez, Consejero Delegado de Liberbank, y Manuel Azuaga, presidente de Unicaja
Manuel Menéndez, Consejero Delegado de Liberbank, y Manuel Azuaga, presidente de Unicaja

redacción

La historia de Liberbank y Unicaja es la de un matrimonio de conveniencia que se anuncia pero que no acaba de concretarse. La crisis económica de 2008 modificó por completo el panorama bancario español y la principal consecuencia fue la desaparición de las antiguas cajas de ahorros. A partir de ahí, los bancos resultantes de esas primeras fusiones -Liberbank es uno de ellos- siguieron cortejándose con la intención de ganar tamaño y poder así cumplir los requisitos exigidos por los reguladores y competir en un mercado cada vez más agresivo. Y la presión ha caído, hasta ahora, principalmente en entidades de tamaño medio como la asturiana y la andaluza. De hecho, el año pasado negociaron durante cinco meses un acuerdo que se dinamitó en el mes de mayo. El motivo principal, el reparto de poder en la nueva entidad resultante. El anuncio de que se retoman los contactos es un primer paso para que ese noviazgo con altibajos se consolide.

Aunque la palabra más utilizada es la de fusión, lo cierto es que en la práctica sería más bien una absorción por parte de Unicaja a Liberbank. De hecho, y pese a las dudas iniciales, en las conversaciones de 2019 ya se había acordado que el nombre de la futura entidad fuera el de Unicaja y que la sede del banco se fijase en Andalucía. Los directivos de la sociedad malagueña alegaron su mayor tamaño para imponer un punto que, en principio, estaba acordado.

Sin embargo, y a pesar de que la negociación estaba encarrilada, el reparto accionarial fue el detonante de la ruptura. Así lo reconoció Liberbank en un hecho relevante emitido a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). «No se ha alcanzado un acuerdo en cuanto al eventual reparto accionarial en la nueva entidad, por lo que el consejo de administración de Liberbank ha decidido por unanimidad dar por finalizados dichos contactos».

Unicaja exigía un 60% del accionariado del nuevo banco y para alcanzarlo argumentaba su mayor tamaño. Sin embargo, Liberbank reclamaba el 45%. Finalmente, parece que el acuerdo estaba próximo a cerrase en torno al 57-43%, pero las dudas eran importantes y no hubo acuerdo. Además, en el medio de esas conversaciones, Abanca anunció su intención de absorber Liberbank, y aunque el interés gallego se esfumó pronto, le sirvió a la entidad asturiana para mantener una posición de fuerza al demostrar que tenía más pretendientes.

Esos cinco puntos de diferencia pueden parecer una diferencia salvable fácilmente, pero en la práctica son muchos millones de euros. Pasar de un 60 a un 55% le supondría una pérdida aproximada en la valoración de sus participaciones de unos 78,5 millones a Unicaja, mientras que Liberbank se juega unos 60 millones entre ese 40 y 45%. Además, eso también influye en la capacidad de decisión y de representación en el consejo de administración y en el futuro reparto de dividendos entre los accionistas. De ahí las presiones de cada uno de los grupos implicados.

Al margen del accionariado, el otro punto por resolver es el papel de los pesados de cada banco en la compañía resultante. El protagonismo de Alberto Menéndez, consejero delegado de Liberbank, ha ido creciendo a la vez que la antigua Cajastur sumaba entidades a su grupo. Tras absorber Caja Castilla la Mancha, la fusión con Caja Extremadura y Caja Cantabria dio lugar al banco con mayoría asturiana. Pero el mayor tamaño de Unicaja y la presencia de su presidente, Manuel Azuaga, y del consejero delegado de la entidad malagueña, Ángel Rodríguez de Gracia, que fue nombrado un mes después de la ruptura de las negociaciones entre las dos entidades, hace que el futuro reparto de sillas sea otro de los obstáculos a salvar.  

Presiones

El Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de España ya se han pronunciado públicamente en varias ocasiones sobre la necesidad de impulsar una nueva oleada de fusiones en el sector en España. La consecuencia más inmediata fue la fusión de La Caixa y Bankia, pero lo cierto es que el Gobierno nacional ya ha avanzado que no será la única.

En la cabeza de todos estaba el pacto entre Liberbank y Unicaja, que han confirmado ahora que retoman las conversaciones. Pero parece que habrá más. En las últimas horas se han filtrado los primeros contactos entre el BBVA, Sabadell y KutxaBank.

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