El viento gallego sostiene 7.000 empleos

El negocio eólico engorda la riqueza nacional de la comunidad con casi 600 millones de euros, el 1 % del PIB


La Voz

La Asociación Eólica de Galicia (EGA) ha actualizado el estudio sobre el impacto económico y social del sector en la comunidad, con datos correspondientes al 2019, que ha elaborado la consultora Deloitte. Entre las principales conclusiones destaca el empleo que mueve el viento gallego: 7.022 empleos en un centenar de empresas. Casi 5.000 de ellos son directos y representan un 45 % más que en el 2018. Tal repunte laboral del sector llegó de la mano de la construcción y entrada en operación de casi una veintena de parques nuevos el año pasado, una cifra casi inédita en un único ejercicio, que no se mantendrá en este 2020. Aunque Manuel Pazo, presidente de EGA, destacó que confía en retomar el ritmo de construcción de nuevos parques para cumplir los objetivos de transición energética.

Enrique Doheijo, responsable de la actualización del informe de EGA, detalló que el principal nicho de generación de empleo fue el segmento de fabricantes de equipos, con 718 puestos de trabajo; seguido de la industria de componentes eólicos, con 576; la producción y explotación de parques, 479; y el negocio off shore (que básicamente gira en torno a Navantia en Ferrol), con 115.

Otros servicios complementarios del mercado eólico galaico contribuyeron al empleo con casi 3.000 puestos, mientras que el impacto inducido alcanzó los 2.136.

Además, el negocio del viento aportó 582 millones al PIB gallego, el 0,9 %; pagó 118 millones en impuestos, entre ellos, 23 millones del canon eólico, y movilizó otros 11 millones en rentas a los propietarios de los montes en los que se asientan los 180 parques eólicos. Están situados en 105 municipios, con una media de 5.000 habitantes.

La comunidad fue al año pasado la segunda de España que más energía eólica vertió al sistema y la tercera en capacidad de generación con molinos de viento. 

Llega la segunda revolución eólica

f. fernández

En Galicia el sector recibe con euforia las subastas de renovables y la liberalización del negocio: presenta 33 solicitudes de parques nuevos y negocia cómo financiarlos

El sector eólico gallego ha resucitado. No al tercer día, sino al quinto año. El 2012, con la supresión de las primas a las renovables, marcó el principio de una crisis que ha mantenido adormecido el negocio hasta ahora. Las dos grandes subastas organizadas por el Ministerio de Energía para impulsar la instalación de 4.600 megavatios eólicos (además de fotovoltaicos) en un ajustadísimo plazo de dos años están surtiendo efecto.

Pero, en Galicia, el factor esencial que ha proporcionado el aliento que precisaba el sector ha llegado por la parte legislativa. Aunque con casi cuatro años de retraso, la Xunta acaba de amoldar la normativa autonómica a la ley del sector eléctrico de diciembre del 2013. Y, con esa adaptación, ha llegado la liberalización al negocio del viento. Cualquier promotor puede solicitar la construcción de un parque sin necesidad de que medie concurso alguno, siempre y cuando no haya otro ya previsto en ese mismo emplazamiento. De hecho, la ley estatal elimina ese tipo de procedimientos autonómicos que tan malos resultados han dado, al menos en Galicia. Aquí hubo dos procesos: el primero, promovido por el bipartito PSOE-BNG, fue anulado por el siguiente Gobierno del PP, que a su vez impulsó otro concurso en el 2010 del que no se ha levantado ni un solo molino.

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