La fusión CaixaBank-Bankia deja en el aire un tercio de la plantilla

Despedir a un trabajador de Bankia sería hasta un 60 % más barato que hacer lo mismo con uno de CaixaBank


madrid / colpisa

Entre todos los términos de la fusión que están negociando estos días los responsables de CaixaBank y Bankia, el del ajuste de la red de sucursales, y por tanto de las plantillas, es uno de los más espinosos y que más controversia puede generar de cara al futuro.

Entre ambos grupos suman una plantilla de 51.536 empleados, prácticamente un tercio de los que tiene todo el sector financiero en España. Y como en todo proceso de integración, habrá duplicidades que el grupo afrontará con salidas de trabajadores.

Aunque los detalles del acuerdo aún no están sobre la mesa, fuentes bancarias apuntan que el recorte de plantilla del que se convertirá en el banco más grande de España supondrá la destrucción de hasta un tercio de los puestos de trabajo actuales. Esto es, entre 10.000 y 15.000 empleados corren el riesgo de tener que abandonar la entidad cuando finalice todo el proceso.

Varias fuentes apuntan ya que habrá «grandes diferencias» entre uno y otro banco. En primer lugar, porque es CaixaBank quien absorberá a Bankia, con el poder que esa circunstancia le otorgaría en una negociación laboral. Las sucursales ubicadas en Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares y Madrid son las que más solapamientos presentan entre las dos firmas. Después del ajuste en la red, los recortes llegarían también a los servicios centrales, cuyas sedes operativas se encuentran en Barcelona y Madrid. Además, existe otra circunstancia que, según apunta un informe de Barclays, haría decantar la balanza laboral: despedir a un trabajador de Bankia sería hasta un 60% más barato que hacer lo mismo con uno de CaixaBank. Los elevados costes laborales asumidos por esta entidad agilizarían el ajuste en el banco adquirido, aunque aún no hay tomada ninguna decisión al respecto. Para cerrar el círculo, si CaixaBank paga por Bankia un valor inferior al que la entidad con participación estatal tiene en libros (así ocurre en la mayor parte de la banca en estos momentos tras las caídas bursátiles de los últimos meses), podría anotarse esa operación como un ingreso desde el punto de vista contable. Así lo puede usar para abonar las indemnizaciones millonarias que se deriven de la integración empresarial.

Los sindicatos ya han advertido que vigilarán para que la fusión no implique una destrucción masiva de puestos de trabajo.

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Que la de CaixaBank y Bankia no será la última fusión que vean nuestros ojos, lo tienen claro en los mentideros financieros. «Esto no ha hecho más que empezar». Esa es la frase más repetida entre los analistas desde que salieron a la luz las negociaciones emprendidas por la tercera y cuarta entidad del país para alumbrar el mayor banco español.

El camino se lo llevan tiempo señalando a la banca los supervisores europeos, convencidos como están de que es la única manera de suavizar la mella que en los márgenes del negocio está dejando una larga era de bajos tipos de interés. Sobre todo ahora que la pandemia aprieta y la situación económica se complica. La solvencia de empresas y familias se agrieta, y las entidades habrán de hacer frente al incremento de la morosidad que, sin duda, eso acarreará. No queda otra, dicen en el BCE, que ganar tamaño para hacer frente a la tormenta que se avecina y que algunos, muchos, ya tienen encima.

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