La semana laboral de cuatro días no está hecha para los salarios españoles

La pandemia abre el debate sobre la redistribución del trabajo disponible


redacción / la voz

Menos horas de trabajo, sueldos más moderados y más conciliación personal. Es la receta por la que apuesta el ministro de Trabajo alemán, Herbertus Heil, para sortear los efectos de la pandemia en el mercado laboral del país teutón: «La reducción del tiempo de trabajo con un ajuste salarial parcial puede ser una medida adecuada», deslizó esta semana. El principal sindicato del país, IG Metall, rema en la misma dirección. Hay vida más allá del Kurzarbeit (los ERTE) y esta pasa por adaptar el volumen de horas de trabajo a la reducción de la producción que ha propiciado la caída de la demanda. Las ventajas son muchas, según sus defensores: más tiempo para el ocio, el consumo, el descanso, más productividad en el puesto de trabajo y mantenimiento del empleo.

La propuesta parece ideal, pero ¿podría funcionar en España? «Yo no lo veo. El mercado laboral español no está en condiciones de soportar estas medidas. Está muy precarizado, con alta temporalidad, bajos salarios y baja productividad en sectores clave de la economía vinculados a la hostelería y servicios de bajo valor añadido», explica el profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la USC, Roberto Bande, quien cree que solo traería más empobrecimiento para las rentas bajas: «El problema del mercado de laboral vinculado a la crisis del covid-19 no se soluciona con el reparto de la carga de trabajo. El problema es de falta de demanda agregada», apunta. Tiene claro que las peculiaridades de España hacen que sea inviable: «Llevamos reformando el mercado de trabajo desde 1984. A la primera de cambio, con una recesión, nos vamos a un paro del 20 %. No pasa en otros sitios. Es un problema vinculado al modelo productivo». Los datos le dan la razón. En el último año solo Grecia , Italia y Luxemburgo crecieron menos en términos de productividad que España y la tasa de temporalidad en el trabajo es la más alta de la UE (26,8 %).

Presentismo

La utopía nórdica de la semana de cuatro días laborables de seis horas no está hecha para el obsoleto sistema productivo español ,en el que además persisten aún viejas tradiciones como la del presentismo: «Existe costumbre y miedo al cambio. Muchas empresas arrastran lacras del pasado como creer que por el mero hecho de estar calentando la silla los trabajadores van a obtener resultados», lamenta el experto en conciliación de ARHOE, José Luis Casero. Hace solo un año sostenía que España debía fortalecer las políticas de conciliación y avanzar hacia la jornada intensiva antes de adentrarse en este modelo de trabajo. Ahora cree que compactar la jornada laboral en cuatro días puede ser una puerta de salida, siempre voluntaria, a la crisis: «Podría favorecer un reparto más equitativo del empleo y la riqueza si evitamos que sean los trabajadores los que paguen la cuenta», reflexiona. En sus cálculos, claro, la reducción salarial debería ser «la mínima posible». Casero cree que no se puede perder más tiempo. España lleva años de retraso con respecto a otros países vecinos como Francia o Portugal, donde los horarios se han racionalizado mucho más: «Aquí poco ha evolucionado la forma de organizar el trabajo en los últimos 40 años respecto a los 40 anteriores», critica.

Los sucesivos Gobiernos españoles han ido aplazando sine die los cambios mientras en los países del entorno se modernizaba el calendario. Es el caso de Suecia, que afianzó la jornada laboral de 6 horas en el 2015. En el Reino Unido, los sindicatos y laboristas también se mostraron a favor. Donde descartan dar el salto es en Finlandia. Su primera ministra, Sanna Marin, defendió el año pasado este modelo, pero finalmente lo guardó en un cajón de su despacho para no levantar polvareda entre los empresarios.

Críticas sindicales

¿Qué opinan los trabajadores españoles? ¿Se lo pueden permitir? Aunque sus vecinos británicos acogen con entusiasmo la propuesta, desde Comisiones Obreras (CC.OO.) cuestionan su eficacia. Aunque hay disparidad de opiniones, la secretaria de Emprego en Galicia, Maica Bouza, cree que «de entrada no sería una medida positiva eso de trabajar menos horas y tener un salario menor» por una razón muy simple: los salarios de los trabajadores medios en España son de mileurista. «Si a un salario de apenas 1.000 euros le recortas jornadas, como que no te da», explica. También cuestiona a quienes dicen que aumentaría el consumo de las familias: «Para estimular la demanda hay que tener un salario digno». Por el momento los sindicatos apuestan por concentrar los esfuerzos en mantener todo el empleo posible tras la pandemia y evitar que, como ocurrió con la última recesión, los ajustes se carguen indirectamente sobre los salarios de los trabajadores.

Alemania abre el debate de la semana laboral de cuatro días para preservar el empleo

J. C. Barrena

La propuesta del sindicato alemán, IG Metall, sobre la reducción de la semana laboral, crea discrepancias por el tema de los salarios. Además de la polémica para salvar los empleos de la digitalización

El ministro alemán de Trabajo, el socialdemócrata Hubertus Heil, ve con buenos ojos la propuesta del poderoso sindicato del sector siderúrgico IG Metall de reducir la semana laboral a cuatro jornadas, o 30 horas de trabajo, con un recorte salarial proporcional para sostener el empleo ante la crisis provocada por el coronavirus.

«La reducción de los horarios laborales con salarios proporcionales puede ser una medida adecuada si la patronal y los sindicatos se ponen de acuerdo», señaló ayer Heil en declaraciones a un grupo de diarios locales, en las que subraya que «se necesitan buenas y pragmáticas ideas para superar juntos la crisis». El sindicato IG Metall, el mayor de Europa con casi 2,3 millones de afiliados, ha abierto el debate sobre la reducción de la semana laboral en la industria del metal y electrotécnica. «La semana laboral de cuatro días sería la respuesta a los cambios estructurales en industrias como la del automóvil. De esa manera se lograría conservar los empleos en vez de reducirlos», afirmó el presidente del sindicato, Jörg Hoffmann, quien abrió la puerta a «un cierto ajuste salarial para los trabajadores que puedan permitírselo».

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