Holanda frustra el primer intento de Sánchez por romper el muro frugal al fondo de recuperación

Emplaza a «encontrar la solución en España» a la crisis

Fernando Calvo

Bruselas / Colpisa

Visto con el prisma español, el viaje de Pedro Sánchez ayer a La Haya -como el del italiano Giuseppe Conte la semana pasada, y el del portugués Antonio Costa las últimas horas- responde a un intento de acercamiento para diluir barreras con el norte frugal. Pero si se tiene en cuenta que el primer ministro holandés continúa inflexible, y que esa misma posición la mantienen Austria, Suecia y Dinamarca, hay otro prisma (el de ellos) que otorga una lectura paralela: intento de presión. Solo así, a la defensiva y un tanto provocador, encaja el recado que Rutte mandaba a España apenas unos minutos antes de que el vehículo de Sánchez entrase en su residencia oficial: «Ustedes tienen que encontrar la solución en España», lanzaba a los periodistas. Y añadió: «La negociación será difícil».

El líder liberal recibía al presidente del Gobierno en torno a la una de la tarde, sin saludo físico y con su sonrisa perenne. Reunión y almuerzo de trabajo en la agenda. Algo más de dos horas juntos y al finalizar, asomados a Twitter, mensajes poco elocuentes. El de Rutte: «Hemos discutidos los puntos más importantes [de la cumbre] del 17 y 18 de julio: el presupuesto de la UE y el fondo de recuperación». El de Sánchez: «Es vital lograr un acuerdo el próximo Consejo Europeo, perder más tiempo solo retrasará la recuperación». El primero, sin prisa; el segundo con más urgencia. Ambos excluyendo adjetivos para calificar el encuentro [ni siquiera el diplomático «constructivo» de clara ambigüedad]. Conclusión: bien, lo que se dice bien, no parece que fue. Estamos como estábamos.

Así que hielo en ese primer movimiento de Madrid con la Europa dura después de que la pasada semana transitase por un terreno bastante más llano: las reuniones con sus aliados (Portugal e Italia) en la batalla para conseguir que el fondo de emergencia contra la crisis pandémica mantenga el medio billón de euros en ayudas no reembolsables y los 250.000 millones en préstamos. Rutte es el tipo más difícil y exigente de esta negociación: no está por la labor de aceptar subsidios (lo que se dé, se tiene que devolver) y en todo caso exige condiciones más rigurosas para que el dinero fluya. Y lo peor, que en su estrategia defiende aquello de que «no hay prisa». Avisa, de hecho, de que la cumbre se puede quedar en un punto y seguido. ¿Pose o desinterés?

Muy solicitado

Emmanuel Macron, Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, y Angela Merkel han tenido reuniones con él en los últimos días. Al tiempo, La Haya se coordina con Viena, Estocolmo y Copenhague. Rutte está muy solicitado. Es lo que tiene la unanimidad que se requiere para canalizar las ayudas europeas: que el voto de un país de diez millones de habitantes tiene el mismo peso que los que suman cientos de millones de europeos. La frustrante derrota de Nadia Calviño en la votación para presidir el Eurogrupo es ejemplo reciente de lo que pueden hacer los pequeños.

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