Hacienda aprovecha la pandemia para retomar su guerra al efectivo

Busca limitar los pagos en metálico a 1.000 euros, mientras el PSOE propone en el Congreso eliminar los billetes y monedas


Madrid /Colpisa

El fin del dinero en efectivo podría estar cada vez más cerca. La pandemia del covid-19 ha mudado repentinamente hábitos que estaban arraigados entre los españoles, entre ellos el del pago en metálico. Durante este período de confinamiento se ha estado utilizando mayoritariamente la tarjeta de crédito, al considerarse un método más seguro (aunque análisis realizados por el BCE mostraron que la supervivencia del virus en los billetes en sensiblemente inferior respecto a otras superficies).

Aprovechando este cambio de usos, el PSOE pretende acabar con los pago en efectivo de forma gradual. Más en concreto, los socialistas, a través de una proposición no de ley en el Congreso, proponen la «eliminación gradual del pago en efectivo, con el horizonte de su desaparición definitiva».

Este proyecto se encuentra, no obstante, en una fase muy inicial y no tiene más desarrollo por el momento, pero deja clara la intención del Gobierno de acelerar el fin del cash con la excusa de la crisis sanitaria, aunque con el objetivo último de reducir el fraude.

En ese sentido, desde el Ministerio de Hacienda confirmaron la intención de aprobar próximamente una reducción del límite del pago de efectivo desde los 2.500 euros actuales hasta los 1.000 euros. Se trata de una medida en el anteproyecto de ley contra el fraude fiscal que el Consejo de Ministros aprobó a finales del 2018 pero que encalló con la doble convocatoria electoral del pasado ejercicio. Más de año y medio después, se encuentra todavía a la espera de recibir el informe del Consejo de Estado.

En caso de que finalmente vea la luz, el pago en efectivo se limitará a 1.000 euros en las operaciones entre empresarios, aunque se mantendrá el tope de 2.500 euros para los pagos realizados por particulares. Con estas medidas se persigue «endurecer el régimen para restringir estas operaciones que, al ser en efectivo, son más difícilmente rastreables y pueden facilitar comportamientos defraudatorios», según resaltó Hacienda en su momento, cuantificando en 218 millones de euros el impacto que tendría esta medida.

Que el mejor momento para llevar a cabo esta propuesta es ahora está claro. Esta es la primera crisis en la que damos la espalda al efectivo. La retirada de dinero llegó a caer hasta un 80 % durante el confinamiento.

La situación no es diferente en el resto del mundo, y ya hay países que ya están cerca de dejar atrás billetes y monedas, como Suecia o Canadá. La idea de una economía sin efectivo toma forma, aunque nadie se atreve a ponerle fecha.

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