Este empresario, escaldado, firmó tres créditos covid-ICO


La Voz

Los créditos con avales del ICO (Instituto de Crédito Oficial) no son suficientes para paliar el descalabro económico que provocó el cierre de la economía para hacer frente al covid-19. Se lanzaron hasta tres líneas de financiación y se esfumaron. Las tensiones entre pymes, banca e ICO se mantienen. Hay más solicitudes de préstamos que el volumen de liquidez que se puso a disposición de las empresas. Y parte de la banca aprovechó la coyuntura para ofrecer créditos ICO y con ellos saldar otros que pesaban en sus estructuras (desde el sector financiero se dice que «serían casos puntuales»). De esta manera se aseguraban que estos últimos no fueran a mora porque se amortizaba el crédito inicial al tiempo que nacía así un préstamo con garantía del Estado que cubre hasta el 80 % de la morosidad. Esta situación también la vivió el empresario protagonista de la historia, que cuenta que, sin tener problemas de liquidez, le dieron la posibilidad de pedir un crédito al 1,6 %, dinero que utilizó para pagar al contado a sus proveedores las letras que tenían a 60 y 90 días bajo un descuento de un 15 % en esos dos y tres meses. El negocio fue redondo.

Este empresario gallego lo pasó mal en la crisis del 2008, cuando le taponaron el grifo de la liquidez totalmente y estuvo a punto de tener que cerrar su empresa. Aprendió mucho.

Lección 1: «Al banco tienes que tratarlo como a un proveedor, pero un proveedor especial; tienes que venderte lo mejor posible y siempre con tiempo, porque, si vas a él cuando le necesitas, no te creerán. Hay que ser listo y también consciente de que, cuando uno está agobiado, no piensa con claridad. Si te ocurre, cualquier proveedor puede acabar con tu negocio».

Lección 2: «Con las entidades financieras siempre hay que negociar con meses por delante. Es como jugar al póker. Me ofrecieron una póliza al 2,5 % y acabé firmando al 1,5 %. No puedes mostrarte desesperado. Si lo detectan, estás muerto».

Con la dramática crisis del covid-19, los bancos se pusieron en contacto con este empresario: «Ellos saben que no los necesito, pero firmé tres créditos ICO, con otras tantas entidades financieras, por si la coyuntura se pone fea, que se pondrá; para mí vienen dos años durísimos, que se van a llevar por delante un montón de empresas de nuestro sector. Espero que nosotros no seamos una de ellas».

El primer préstamo suscrito se elevó a un importe de 250.000 euros. Tras enviar la documentación, a los dos días ya fueron a firmar la operación a la notaría y al siguiente el dinero estaba en cuenta.

El segundo contacto fue de una gran entidad, «que tardó en hacer la llamada. La esperaba, pero yo no la telefoneé porque en el 2008 aprendí que al banco nunca hay que mostrarle tu interés; tienes que aparentar que nadas en dinero». A los dos días firmamos y, cuatro después, tenía otros 150.000 euros en cuenta.

El último crédito, por 250.000 euros, lo firmó con el banco que le salvó de la ruina en el 2008. El tipo de interés es del 2,1 frente al 1,5 del resto: «Lo acepté porque les debo la vida. Soy una persona agradecida y quizá esta decisión no la haya tomado con la racionalidad necesaria».

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