El escudo anticrisis de Bruselas: un fondo de 750.000 millones de euros

España podrá optar a 77.324 millones en ayudas directas y 63.122 en préstamos

European Parliam

redacción / la voz

«El coste de omisión en esta crisis será mucho más caro. Los antiguos prejuicios deben arrinconarse». Ese fue el argumento al que se asió ayer la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para defender el ambicioso plan para la reconstrucción económica que Bruselas puso sobre la mesa. La alemana subió la apuesta de Berlín y París, acotada a medio billón de euros. El escudo comunitario, bautizado como «Next Generation EU», podría alcanzar los 750.000 millones. Al menos 500.000 millones se desembolsarían en forma de subvenciones.

Todo es poco para mantener las economías a flote. Las pérdidas empresariales estimadas para este año rondan la misma cuantía y a los países más golpeadas por el covid-19, como España e Italia, se les agotan los márgenes para seguir inyectando dinero a sus tejidos productivos. Sin el auxilio europeo, podrían morir. Por eso serán estos dos países los que más se beneficiarán del fondo.

¿Cuánto dinero recibirá España?

Según la clave de reparto diseñada por el Ejecutivo comunitario, España podría llegar a recibir un sobre de 140.500 millones de euros (19 %). De ese total, las ayudas directas a fondo perdido ascenderían a 77.324 millones de euros. Los préstamos -con vencimientos muy largos-, a 63.122 millones de euros. España sería así el segundo país que saldría más beneficiado del reparto, tras Italia (173.000 millones). El cálculo tiene en cuenta la severidad del golpe y su impacto en sectores con gran peso estructural, como el turismo, el transporte o la automoción.

¿Las ayudas están condicionadas?

Sí. Cualquier asistencia financiera tendrá que venir acompañada de un plan de reformas para la reconstrucción. Las medidas incluidas se inspirarán en las recomendaciones por países que hace la Comisión Europea de forma periódica. En el caso de España se orientan hacia la sostenibilidad del sistema de pensiones, la flexibilización del mercado laboral o medidas para poner coto a las alarmantes cifras de pobreza. Los países tendrán que garantizar que los fondos «no se invierten en solucionar problemas del pasado» sino del futuro, como la digitalización de la economía y la reducción de emisiones en las industrias. Las empresas que apuesten por tecnologías limpias contarán con un mayor respaldo.

¿Cómo se va a sufragar el fondo?

La Comisión propone algo inédito: emitir deuda en los mercados de forma conjunta. Lo haría utilizando como palanca los recursos propios, que quiere engordar con la introducción de nuevos impuestos a los gigantes digitales, a las empresas que más se benefician del mercado interior, a los plásticos o a las emisiones de CO2.. «Es legal y es necesario», aseguran. Evitan hablar de «mutualización», para no levantar ampollas en el norte. Y técnicamente, tienen razón, porque cada país garantizará la parte proporcional que le toque. La deuda tendrá un período de reembolso que se extenderá del año 2028 al 2058. Hay quien ve en este fondo un paso tan trascendental como la introducción del euro: «Es un cambio irrevocable. La emisión conjunta de deuda supone un cambio fundamental en el diseño económico y social de la Unión. Un paso por el que llevamos décadas trabajando», celebró el socialista Jonás Fernández. También se ha instado a los países a aumentar el presupuesto de la UE hasta el 1,1 % del PIB europeo.

¿En qué se podrá gastar?

El grueso de las ayudas (560.000 millones de euros) se inyectarán para la recuperación. Otros 55.000 millones estarán disponibles hasta el 2022 para subsidios al empleo y liquidez de pymes. Hasta 31.000 millones para las compañías de los sectores más afectados y 15.300 para investigación y desarrollo. Hay una partida de 9.400 millones para gasto sanitario y 3.100 para protección civil.

El norte no quieren subvenciones ni deuda común

 

c. p.

«Cuando una empresa quiebra en un país, desaparece un suministro esencial en el vecino», así de didáctica se mostró Von der Leyen, para tratar de convencer a los países contrarios de que obstaculizar el acuerdo solo empeorará las cosas y pondrá en riesgo el mercado único. Austria, Suecia, los Países Bajos y Dinamarca todavía se resisten y amenazan con bloquear el acuerdo.

El rechazo continúa, pero la unidad empieza a resquebrajarse después de haber sido abandonados por Alemania. El Gobierno danés se descolgó en los últimos días de la posición rocosa de los holandeses y ayer el canciller austríaco, Sebastian Kurz, rebajó el tono de las críticas, pero insistió en que «por responsabilidad hacia nuestros contribuyentes nos pronunciaremos claramente a favor de los préstamos» y no subvenciones. Lo mismo harán los suecos: «Creemos que no es razonable que la Unión se endeude para desembolsar cantidades de dinero tan grandes», señaló el ministro de Asuntos Europeos, Hans Dahlgren.

Mientras los citados países torpedean el escudo protector europeo, Bruselas advierte: La inacción podría tener un coste altísimo para la economía. Ayer situó el umbral de pérdidas empresariales en al menos 720.000 millones de euros. Entre el 25 y 35 % de las compañías podrían experimentar problemas de liquidez hacia final de año y el riesgo de quiebra es «agudo» en sectores del comercio o la hostelería.

«Buitres»

El efecto arrastre que puede desencadenar ha encendido las alarmas. Hasta ahora casi el 50 % de las ayudas de Estado aprobadas por sus servicios de competencia tenían sello alemán. Las solicitudes españolas apenas llegan al 4 %. Eso significa que el margen de rescate se está agotando. Si los países «frugales» atan de manos a Bruselas, España e Italia estarán expuestas al vaivén de los mercados. Y Sassoli advierte: «Ya hay buitres sobrevolando alrededor de las cabezas de la UE».

Todavía habrá que esperar al 19 de junio para que los líderes europeos decidan qué hacer con el plan. Los trabajos han comenzado, pero algunas cancillerías creen que la propuesta de Bruselas es un campo de minas: «Las posiciones están muy alejadas y se requiere unanimidad. Es difícil imaginar que esta propuesta vaya a ser el resultado final», aseguraron fuentes diplomáticas holandesas a EFE.

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, aplaudió la «gran señal de Bruselas». Su homólogo francés, Emmanuel Macron, trató de apuntarse el tanto al asegurar que «es un día esencial para Europa. El acuerdo franco-alemán ha hecho posible este progreso». El español, Pedro Sánchez, aplacó la euforia al indicar que «es una buena base» para negociar y recoge «muchas de nuestras propuestas», pero sigue lejos de la cifra acordada conjuntamente con Roma: un fondo de 1.5 millones de euros.

 

Negociaciones contra reloj para evitar una cascada de quiebras

c. porteiro
EU Council dpa

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«Si esperamos demasiado, tendremos quiebras y aumentará el desempleo. No nos podemos permitir el coste de no actuar de forma activa y rápida. Creo que es una buena razón para ser rápidos». Quien ayer imprimía prisa era la propia Von der Leyen, después de tres semanas de retraso. La alemana tomó conciencia cuando le pusieron las cifras sobre la mesa. «Este plan es urgente, cada día que pasa más de 2.000 empresas en mi país cierran sus puertas para siempre, empleos perdidos y vidas truncadas», le recordó el eurodiputado de Ciudadanos, Luis Garicano.

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