Repsol permanecerá en Venezuela pese a las presiones de Estados Unidos

La petrolera española se juega en el país activos valorados en 239 millones

Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol
Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol

redacción / la voz

Estados Unidos trata de ahogar al régimen de Nicolás Maduro con sanciones y bloqueos incluso a las empresas extranjeras con negocios en Venezuela para cortar cualquier fuente de ingresos al régimen. La petrolera española Repsol lleva allí dos décadas.

Pero el director para las Américas del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Mauricio Claver-Carona, amenazó a esta, y a otras dos compañías, con unas «sanciones devastadoras» si no dejan de extraer petróleo en ese país para venderlo al mercado internacional.

Fuentes oficiales de la petrolera se limitan a explicar que «Repsol cumple en su totalidad con el régimen de sanciones impuesto por la Administración estadounidense» y que «siempre lo ha hecho así y lo seguirá haciendo en lo sucesivo». Así que el grupo no tiene intención alguna de abandonar ese país.

Tampoco se amilana ante al cerco del Gobierno Trump la petrolera estadounidense Chevron, que no planea reducir sus operaciones o abandonar Venezuela, según avanzó el presidente ejecutivo de la compañía, Mike Wirth, a la CNBC, en unas declaraciones de las que se ha hecho eco la agencia Reuters. Claver-Carona aseguró que ya se había ido, pero no.

La Casa Blanca le ha prohibido a Chevron perforar o transportar petróleo venezolano, aunque le ha concedido una especie de prórroga hasta el 1 de diciembre para reducir sus operaciones en ese país sudamericano. Reuters explica que si ese plazo no se amplía, la compañía con sede en California se vería obligada a abandonar Venezuela tras haber operado allí durante cerca de 100 años.

Lo mismo podría ocurrirle a Repsol, aunque, de momento, rechaza que vaya a ser así.

«Repsol lleva 20 años en Venezuela y espero que al menos cumpla 20 años más», aseguró en febrero pasado el presidente del grupo, Antonio Brufau. El consejero delegado, Josu Jon Imaz, afrimó ese mismo mes que la compañía llevará a cabo «todos los cambios que sean necesarios» en Venezuela, aunque añadió que la intención es mantener la actividad.

Unos activos menguantes

Pero lo cierto es que la empresa española ha ido reduciendo poco a poco su exposición en ese país en los cuatro últimos años. A cierre del 2019, el valor de sus activos venezolanos alcanzó los 239 millones, cuando a finales del 2016 era de 2.273 millones, casi diez veces más. El grupo ha ido preparando el terreno por si la inestabilidad política y económica, sumada a los embargos impuestos por Estados Unidos, acaba por frustrar sus planes y se ve expulsada del país. Perder 239 millones es calderilla para una empresa que el año pasado realizó ventas en todo el mundo por importe de 49.000 millones de euros (aunque perdió 3.816 millones por ajustes en los valores de sus activos, entre otros motivos).

Repsol lleva 20 años en Venezuela y espero que al menos cumpla 20 años más

De acuerdo con las cuentas anuales consolidadas del 2019, la petrolera tenía a 31 de diciembre 24.634 empleados: 17.112 en España; 1.166 en Norteamérica; 3.905 en Sudamérica (Venezuela, Bolivia, México, Colombia y Perú); en Europa, África y Brasil, 1.830; Asia y Rusia, 620; y Oceanía, uno.

En el país de Maduro participa en Petroquiriquire, con un 40 %, a través de Repsol Exploración. Se trata de una empresa mixta, y por tanto está participada por la Corporación Venezolana de Petróleo (CPV) con el 56 % y Petróleos de Venezuela (PDVSA) con el 4 %. Su principal actividad es la producción y venta de crudo y gas en el país. También posee el 50 % en Cardón IV a través de Repsol Exploración. La otra mitad es de la energética italiana ENI. Se dedica a la producción y venta de gas.

Crudo como pago de deudas

Petróleos de Venezuela tiene contraída una deuda con Repsol que, a 31 de diciembre, ascendía a 347 millones de euros. En cumplimiento del embargo impuesto por Estados Unidos a la comercialización de hidrocarburos venezolanos fuera de ese país, la compañía española recibe crudo de PDVSA en concepto de pago de esas obligaciones, una transacción en principio autorizada por la Casa Blanca.

Del trauma YPF a las inestabilidades en Libia, Argelia o Vietnam

Repsol todavía recuerda con nitidez el trauma YPF. La española compró en 1999 la compañía argentina Yacimientos Petrolíferos Fiscales, hasta que el Gobierno presidido por Cristina Fernández de Kirchner decidió, en el 2012, expropiar la empresa, por una insuficiente inversión y una escasa producción. El grupo presidido por Antonio Brufau fue indemnizado con 3.700 millones de euros.

Además de Venezuela, la petrolera española ha identificado otros países en los que su negocio está bajo riesgos geopolíticos. Como Libia, donde opera desde los años setenta, cuando inició las actividades exploratorias en la cuenca de Sirte. Como consecuencia de la inseguridad política, en el 2019 se produjeron paradas intermitentes de la producción, que continúan este año. El valor de sus activos en ese país suma 327 millones, según revela Repsol en sus cuentas consolidadas.

Otros lugares inestables son Argelia, donde sus negocios están valorados en 673 millones; y Vietnam, en el que la exposición patrimonial de la española alcanza los 602 millones de euros. En marzo del 2018, Repsol recibió instrucciones de PetroVietnam para que no continuara con la ejecución de las actividades programadas para el proyecto de desarrollo Ca Rong Do, ubicado en el mar del sur de China. Un año antes había hecho lo propio con otro pozo en la misma zona. El alcance de la suspensión de las actividades todavía no se ha determinado y ha iniciado la vía arbitral «en defensa de sus derechos». Considera que tiene «sólidos fundamentos legales para reclamar ser compensado por los perjuicios que se pudieran derivar de esta situación, así como buenas perspectivas de éxito, tanto en la reclamación como en la recuperación de los daños».

El último tango de Repsol

MERCEDES MORA

La campaña de acoso y derribo orquestada por el Gobierno argentino tenía como objetivo socavar la cotización de YPF. Y lo logró: le ocasionó un roto de 3.900 millones

Los tambores de la nacionalización de YPF, consumada esta misma semana, llevaban tiempo retumbando en los oídos de los inversores. Y, sabedor de que más de uno huiría despavorido al oír el estruendo, el Gobierno argentino decidió subir el volumen del hostigamiento. Y, qué casualidad, lo hizo justo después del anuncio, a bombo y platillo, del hallazgo de Vaca Muerta. El mayor descubrimiento de la historia de Repsol y ese en el que Argentina ha depositado todas las esperanzas de abandonar la dependencia energética.

Y, con la codicia de ese tesoro en mente, el Ejecutivo de Cristina Fernández comenzó a componer, allá por noviembre, la música del último tango de Repsol en Argentina. Además de arrebatarle la joya de la corona, quiso asegurarse un buen precio. Y qué mejor manera de conseguirlo que perforando los cimientos de la filial de la petrolera. Prácticamente un día sí y otro también, las provincias argentinas que albergan yacimientos en sus entrañas fueron anunciando la revocación de las licencias de YPF en sus territorios.

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