Una oleada de impagos pondrá a prueba la solvencia de los bancos

Las entidades españolas tienen capital para cubrir hasta el 13 % de créditos morosos


Nadie había imaginado un escenario de estrés de esta envergadura para la banca cuando se introdujeron los test. Ni en Fráncfort ni en Bruselas ni en Madrid. La pandemia ha superado cualquier expectativa: una crisis de oferta, otra de demanda y miles de hogares y empresas sedientos de liquidez para sobrevivir al confinamiento.

La reactivación exigirá que la banca canalice cuantiosos fondos hacia la economía real en un ejercicio de alto riesgo para su solvencia. El alza del desempleo, la caída de la demanda y el potencial cierre de muchos pequeños y medianos negocios disparará la morosidad, anticipó hoy el Banco de España en su Informe de Estabilidad Financiera. El organismo que dirige Pablo Hernández de Cos señala en el documento que «la solvencia se puede deteriorar de manera significativa» si el escenario económico adverso se prolonga en el tiempo. La oleada de impagos podría tener efectos demoledores sobre la estabilidad financiera.

Los bancos españoles parten con una salud aún debilitada por los excesos de la crisis del 2008 y los revolcones bursátiles de las últimas siete semanas. No han conseguido digerir todos los activos problemáticos ni volver a las cifras de morosidad previas a la crisis financiera. Eso sí, cuentan con un colchón mucho más abultado para amortiguar los golpes. Disponen de capital de reserva suficiente para cubrir las pérdidas del 4,8 % de los préstamos dudosos actuales y otro 8,2 % adicional. El 13 % de los créditos no reembolsados están asegurados: «Si a esto se añaden las moratorias sobre préstamos y el programa de avales del Gobierno, la capacidad de absorción de mora del sistema bancario aumenta significativamente», señala el Banco de España, que fía la suerte de los bancos a un escenario más bien optimista. Solo en el 2013, en la cima de la crisis, la morosidad alcanzó el 13,6 % con el grifo del crédito cerrado. En esta ocasión se les pide que inyecten dinero sin pensar en la factura y con el Estado avalando hasta el 80 % del volumen de las operaciones de financiación a través del ICO.

Hogares y empresas

A la baja rentabilidad que se anotan los bancos en un escenario de bajos tipos de interés hay que sumar el esfuerzo multimillonario que han hecho en provisiones para tapar el agujero negro que podrían dejar en sus cuentas los préstamos dudosos a empresas y familias. Aunque los hogares, que concentran el 57,9 % de los créditos concedidos, parten de una situación más sólida que hace una década (han reducido en un 23 % su endeudamiento), lo cierto es que el Banco de España teme un repunte de la morosidad por la caída de la renta familiar y el aumento del paro. Las primeras señales se notarán en los impagos de créditos al consumo (12,2 %), que aumentaron desde el 2016 a un ritmo del 10 %. «Son las primeras obligaciones financieras que dejan de pagar cuando se produce un deterioro», después vendrán los hipotecarios (45,7 %): «El deterioro de las rentas y el empleo afectará adversamente a todo el conjunto del crédito hipotecario», advierte el informe.

Las perspectivas tampoco son halagüeñas en torno al dinero apalancado en empresas (42,1 % de los préstamos). La exposición de los bancos españoles a los sectores más dañados por la crisis es del 20 %. El turismo, hostelería y el transporte concentran el 15 %, mientras que el manufacturero copa un 5 %. Aunque la entidad señala que el sector privado en España había aumentado sus reservas de liquidez, «será difícil cubrir sus necesidades con la bajada de ingresos», admite. No afectará por igual en el sector bancario. El organismo sostiene que habrá un «impacto heterogéneo» en función del vínculo que mantenga la entidad con las áreas geográficas y las actividades productivas más afectadas.

Exposición exterior

Otra de las minas que le puede estallar a la banca es la de su exposición al exterior. Más del 50 % de los activos de los bancos españoles son de origen foráneo. El Reino Unido (14 % ) y Estados Unidos (7 %) son dos de los mercados más importantes, pero no habría que perder de vista a Brasil (4 %) y México (4 %). Ambos son países especialmente afectados por la pandemia y la caída del precio de materias primas.

Estímulos ahora, recortes después

La cascada de impagos se puede controlar. Pero dependerá de las políticas de estímulo del Gobierno español: «Una respuesta contundente, rápida y coordinada es crucial para mitigar los efectos y evitar que sean duraderos en el tiempo», sostiene el Banco de España, que ayer volvió a pedir al Ejecutivo que mantenga la línea de avales públicos el tiempo que haga falta «para acompañar a la economía durante el proceso de recuperación de la normalidad».

En esa carrera a contrarreloj por contener los riesgos sobre el crédito, el endeudamiento público tendrá un papel protagonista para garantizar el dinero que se extienda a hogares y empresas. El coste será caro: España tendrá que elevar su ya de por sí alta ratio de deuda, que podría dispararse del 95,5 % del PIB al 115 %, según sus estimaciones. Nadie en el Banco de España cuestiona su urgencia, pero sí lanzan un mensaje de advertencia: una vez que se ponga orden, habrá que hacer cuentas.

Aunque el país apenas se ha asomado a la crisis y aún no divisa el fondo de la recesión, el equipo de Hernández de Cos defiende la elaboración de un plan de recortes y reformas estructurales a medio plazo con el que despejar las dudas sobre la solvencia y el compromiso del Estado con sus acreedores.

No es la única recomendación que dejan caer en el informe. En vista de la volatilidad en los mercados y el repunte de las primas de riesgo, el Banco de España también insta a vigilar de cerca «la evolución de retirada de fondos de las instituciones de inversión colectiva». Las convulsiones en la economía despiertan el temor a una descapitalización de bancos, un fenómeno que precipitaría a algunas entidades a graves problemas de solvencia.

El Gobierno asume la hecatombe económica

Ana Balseiro
Nadia Calviño y María Jesús Montero informan del Plan de Estabilidad El Gobierno ha remitido esta noche a la Comisión Europea la actualización del Programa de Estabilidad 2020 y su Plan Nacional de Reformas, cuyo contenido exponen la vicepresidenta económica del Ejecutivo, Nadia Calviño, y la ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, María Jesús Montero.

Remite a Bruselas una estimación de caída del PIB del 9,2 % y una deuda disparada al 115 %

El impacto del coronavirus será de una brutalidad sin precedentes para la economía española, y así lo admite el Gobierno en la actualización del Programa de Estabilidad remitido a Bruselas. En él pone negro sobre blanco los peores temores avanzados por organismos nacionales e internacionales: un desplome dramático del PIB del 9,2 % este año, que destruirá casi dos millones de empleos y hará dispararse la tasa de paro hasta el 19 %.

La vicepresidenta económica, Nadia Calviño, aseguró ayer en la rueda de prensa en la que presentó los datos, acompañada por la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, que el Ejecutivo ha optado por hacer unas previsiones «prudentes», situándose en el peor escenario posible, que es «lo más responsable» dada la «enorme incertidumbre».

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