El turismo de autor hiberna confiado en consolidar su modelo tras la crisis

La pandemia les obligó a cerrar, pero creen que el rechazo a la oferta de masas pondrá en valor sus negocios


Redacción / La Voz

«O que máis lles gusta aos peregrinos é cear na palloza, e quixen poñela do mellor pensando que viñan tempos moi bos». Miguel Ángel Rodríguez, propietario del albergue rural A Reboleira, en Fonfría (Pedrafita do Cebreiro), solo pudo abrir dos días en una temporada que prometía. «Abrimos do 8 ao 10 de marzo; chegou o coronavirus, e houbo que pechar».

El turismo de autor, que huye de la oferta masificada y ofrece propuestas individuales al gusto de una clientela exigente que sabe lo que quiere, llegó de forma natural a su negocio. Sus padres, que tenían una explotación ganadera, descubrieron en los 90 el bum del turismo rural y habilitaron varias habitaciones para una clientela atraída por el turismo de naturaleza que se respira en O Caurel y Os Ancares. Con el tiempo, levantaron una palloza al modo tradicional y abrieron en ella un restaurante, mientras que la casa se iba llenado de peregrinos. «Pero facíase difícil compaxinar o turismo cos peregrinos, porque as dúas cousas funcionaban moi ben». De hecho, las 28 plazas iniciales de la casa se fueron ampliando de año en año hasta llegar a las 84, y el restaurante de la palloza se convirtió en el principal reclamo de quienes hacían el Camino de Santiago.

Maite Vence piensa que el ocio se aliará con la ciencia para ofrecer experiencias de éxito La cabaña se construyó al modo tradicional, con su techo de paja, que dura entre 14 y 16 años. Así que hace unos meses, animado por las buenas perspectivas y con un año santo cargado de promesas a las puertas, Miguel Ángel decidió renovar el techo. «A palla é difícil de conseguir, e é cara». Tuvo que invertir 35.000 euros en su compra y en la mano de obra del teitador, que tampoco hay muchos. «Levaba oito ou nove días traballando e decretouse o estado de alarma, así que houbo que deixalo». La palloza quedó a medio retejar, y la paja almacenada en su interior, inevitablemente se estropeará.

Miguel Ángel da la temporada por perdida, y ni siquiera confía en retomar su negocio en el año santo. Cree que mientras no haya vacuna, hacer el Camino con mascarilla, no procede. «Son realista», admite. Y, sin embargo, no se desanima. Está seguro de que, a largo plazo, la gente apostará por el turismo que él ofrece y que se adapta al modelo gallego: «O Camiño vai ser un revulsivo; non é caro e permite o contacto coa natureza. Pero será cando se poida facer con tranquilidade; mentres haxa que tomar medidas, non o vexo».

Las cenas clandestinas de Graciela Castro son, por ahora, cenas prohibidas Como él, Maite Vence deja hibernar su empresa de turismo científico, Observer, sin que ese parón signifique que esté de brazos cruzados. Apuesta por destinos que ofrecen excelencia, avalados por un sello de calidad que no solo garantiza estancias en parajes naturales como O Caurel o Illas Atlánticas, sino también servicios complementarios al gusto de un cliente que paga por un turismo sostenible. La gerente de Observer es colaboradora de GCiencia y dedica estas semanas a trabajos de consultoría, si bien admite que el 80 % de la actividad está parada. Con 70 destinos certificados y proyectos con buenas expectativas, es consciente de que este año no cerrará el ejercicio con beneficios. «Pero nós seguimos facendo moitas cousas dende a casa, e investigando para incluír novos protocolos relativos á seguridade para axudar aos nosos destinos certificados». Confía en el futuro a medio plazo: «O turismo de masas non vai ser posible, será máis ben de grupos reducidos e de contacto coa natureza, e penso que o turismo científico aí vai ter cabida. Imos ter que reeducarnos un pouco e repensar como se viaxa», augura.

Descubrir lo cercano

Las cenas clandestinas que organiza con éxito Graciela Castro son ahora cenas prohibidas. A la emprendedora gallega -cabeza visible de la firma Onyvá, que exportó de Londres el modelo de cenas secretas en las que los comensales no se conocen hasta que empieza la velada-, le cogió la crisis cargada de proyectos: talleres de nutrición y gastronomía, talleres de bienestar... Lógicamente, todo lo que tiene que ver con los eventos está parado, pero ella, no. «Las primeras semanas traté de mantener las rutinas, preparando dosieres de prensa y para empresas. Ahora bajé un poco el ritmo pero sigo publicando fotos de eventos para que la gente no nos olvide».

Tras tres años como autónoma, no descarta dar de baja la empresa, «porque el Gobierno lo único que nos ofrece son créditos para que nos endeudemos más, y en tres meses te quedas con la deuda y sin trabajo». Ella prefiere esperar a que mejoren los tiempos, y cree que los vientos soplarán a su favor. «Los eventos multitudinarios no van a poder sostenerse y creo que la gente apostará por lo próximo, por el comercio local y por descubrir lo que tiene más cerca».

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